Elecciones en el Cosep

El Cosep, que cumple una función pública de primordial importancia, también debería demostrar esa consecuencia democrática poniendo fin a la reelección de su presidente, tan pronto como esto sea posible

Esta semana será la elección de directivos del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep).

Esta elección se realiza cada año, en vísperas del Día del Empresario que se celebra el 8 de septiembre en memoria de Jorge Salazar Argüello, líder empresarial asesinado por la dictadura sandinista de los años ochenta.

Pero no todos los directivos son electos anualmente. El principal, que es el presidente, es elegido por tres años con derecho a reelección indefinida, a partir de dos reformas que con ese fin le hicieron en 2009 y 2017 al Pacto Constitutivo y los Estatutos del Cosep.

Es por eso que el actual presidente del organismo empresarial, José Adán Aguerri Chamorro, seguirá siendo presidente por lo menos hasta el próximo año. Aguerri fue electo por primera vez en 2007, se reeligió nueve veces seguidas hasta en 2016, y finalmente, en 2017 fue reelegido para tres años más.

Muchos opinan que después de los acontecimientos ocurridos en el país desde abril del año pasado, cuando se rompió la alianza corporativa de la empresa privada con la dictadura de Daniel Ortega, el Cosep debió haber puesto fin a la práctica de la reelección de su presidente. Sin embargo, para eso hay que reformar el Pacto Constitutivo y el Reglamento del Cosep, lo cual no parece ser una prioridad actual del gremio empresarial.

La reelección es parte sustancial del modelo caudillista de dominación impuesto en el país por el dictador Ortega, quien se ha reelegido tres veces en la Presidencia de Nicaragua y es obvio que pretende volver a reelegirse en las elecciones de noviembre de 2021, a pesar de la mortandad y la catástrofe política, social y económica que ha causado para mantenerse a cualquier precio en el poder.

En estas circunstancias, es lógico que todas las organizaciones civiles y políticas que se oponen a la dictadura y luchan por la democracia —y el Cosep es una de ellas— deben dar ejemplo de transparencia democrática, no solo en sus declaraciones sino también en sus formas de organización y funcionamiento.

El Cosep es un organismo empresarial pero no es una empresa privada. El Cosep es, como se define a sí mismo en la cláusula tercera de su Pacto Constitutivo, “una entidad sin fines de lucro de carácter civil, sin orientación política y/o religiosa”. Además, de acuerdo con la cláusula sexta del mismo documento constitutivo, actúa “bajo el principio de que la empresa privada produce libertad y democracia” y proclama como uno de sus objetivos “promover y defender la libertad, la democracia, la justicia y los Derechos Humanos”.

Con base en esos principios —o más bien por su recuperación— el Cosep rompió en abril de 2018 la alianza que tenía con la dictadura orteguista y desde entonces ha sido consecuente, igual que la otra organización empresarial, Amcham, en la lucha por la recuperación de la libertad y la democracia.

Sin embargo, el Cosep, que cumple una función pública de primordial importancia, también debería demostrar esa consecuencia democrática poniendo fin a la reelección de su presidente, tan pronto como esto sea posible.