Elecciones pueden sacar dictaduras

La alternativa a las elecciones es la lucha armada y prácticamente todos los opositores, hasta los más radicales, rechazan expresamente la violencia y se pronuncian a favor de la vía pacífica

En Nicaragua hay un intenso debate político público a pesar de que la dictadura ha impuesto un Estado policiaco, tiene suspendidas de hecho las garantías constitucionales, mantiene una censura de prensa de facto y controla la mayor parte de los medios de comunicación, que los ha convertido en instrumentos de propaganda y mentira.

A pesar de todo eso, gracias al poder de las redes sociales —con sus virtudes y defectos— y a la sobrevivencia heroica de algunos medios de comunicación independientes, la dictadura no puede impedir la libre discusión pública.

Entre los principales temas del debate destaca el de las reformas electorales que se necesitan para celebrar elecciones libres y transparentes, que permitan resolver la crisis sociopolítica y abrir el camino a la restauración de la democracia y el Estado de derecho.

Pero la posible solución electoral no solo genera expectativas sino también dudas y desconfianzas. Ante todo se alega que no puede haber elecciones ni se debe participar en ellas mientras Ortega esté en el poder; que primero hay que poner fin a la dictadura. Sin embargo, la alternativa a las elecciones es la lucha armada y prácticamente todos los opositores, hasta los más radicales, rechazan expresamente la violencia y se pronuncian a favor de la vía pacífica.

No es malo dudar, pero también hay que reconocer que la experiencia histórica nacional e internacional ha demostrado que sí es posible salir de una dictadura por la vía electoral.

En general, de la dictadura se sale por medio de la violencia o de la lucha pacífica. En el primer caso el medio es la guerra civil, la insurrección armada o el golpe militar. En el segundo caso puede ser mediante una sublevación popular pacífica que obligue al dictador a renunciar o huir del país. Y también hay casos en que la dictadura pacta con la oposición una transición ordenada hacia la democracia, o la impulsa de arriba hacia abajo de manera unilateral. Esta salida “suave” de la dictadura se consuma por medio de plebiscitos o elecciones libres y limpias.

Por supuesto que para que se puedan realizar tales elecciones tiene que haber condiciones básicas de libertad de expresión, organización y manifestación política. Tienen que existir las garantías indispensables para que los ciudadanos, partidos y alianzas electorales ejerzan libremente el derecho al sufragio. Y debe funcionar un mecanismo internacional no solo para observar las votaciones, sino también para garantizar las condiciones previas de las elecciones y el respeto al voto de los ciudadanos.

Si nadie en la oposición quiere la violencia armada para salir de la dictadura, ¿por qué negarse a ir por la vía electoral aunque las condiciones no sean las perfectas? ¿Y por qué rechazarlas porque participarían en ellas el partido y los candidatos de la dictadura?

En la sociedad no hay solo votantes democráticos. También los hay autoritarios, partidarios de la dictadura. En todo caso lo importante es que los votantes de la democracia sean mayoría y que se respeten los votos que ellos depositen en las urnas electorales.