El culto a los Ortega Murillo, la familia «elegida por Dios»

Cultos religiosos en nombre de la pareja gobernante. Afiches en los colegios. Megarrótulos en las calles. No es Corea del Norte. Es el proyecto de los Ortega Murillo en la Nicaragua de hoy

19 de julio de 2019. Rosario Murillo y Daniel Ortega frente a la uniformada Juventud Sandinista. La Prensa/ AFP

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El cuarto es más bien pequeño, pero hay suficiente espacio para unas cincuenta o sesenta sillas plásticas. Todas rosado chicha. Las paredes también son rosadas, excepto la del fondo, cubierta por completo por una enorme bandera rojinegra, y la pared principal, cuyo color es imposible adivinar porque se encuentra tapizada con cartelitos también rosados que muestran el rostro de una mujer.

Aunque hay sillas, la gente está de pie. Hombres y mujeres elevan puños y manos abiertas al cielo como haría cualquier congregación religiosa en un momento de adoración. Sin embargo, la mujer que sonríe cien veces desde la pared tapizada dista mucho de ser una divinidad. Se trata de Rosario Murillo, vicepresidenta y primera dama de Nicaragua, acusada por crímenes de lesa humanidad en diciembre de 2018. Y el hombre al que esta congregación canta no es Jesucristo ni Buda, sino Daniel Ortega.

La canción es El Gallo Ennavajado.

«Ese es Danieeeel, Daniel Orteeeega. Es el gallo ennavajado que ya tiene preparado este pueblo trabajador. Ese es Danieeeel, Daniel Orteeeega. El que confía la gente pa’ que sea presidente de este pueblo luchador», cantan, aplauden y bailan los presentes.

El vídeo circuló en las redes sociales en agosto de 2018, cuando todavía estaba fresco en la memoria de los nicaragüenses el recuerdo de las «operaciones limpieza» ejecutadas por el orteguismo para quitar a sangre y fuego los tranques instalados en las principales ciudades de Nicaragua. Se trata de una de las más alarmantes muestras de culto a la personalidad de la pareja gobernante, pero no la única.

Desde el retorno de Ortega al poder, en 2007, los megarrótulos con los rostros de la pareja presidencial se multiplicaron en las carreteras del país y Managua se fue convirtiendo en el escenario donde Rosario Murillo jugaba a ser decoradora, como en una infinita campaña electoral.

Enero de 2019. Un megarrótulo de la pareja dictatorial en la Carretera Norte, Managua.

Ya en 2012 analistas como la teóloga Michelle Najlis y el periodista Guillermo Rothschuh Villanueva veían en Ortega señales de un complejo mesiánico y en Murillo deseos de ser percibida como sacerdotisa. Pero el culto a la personalidad de los Ortega Murillo siguió creciendo, exigido por los caudillos, ofrecido por las bases del Frente Sandinista y garantizado por las violentas turbas del régimen.

Se cultivó en el discurso, en lo visual y en la eliminación de cualquier posible liderazgo alternativo, señala la exguerrillera e historiadora Dora María Téllez. Y ha alcanzado niveles que casi pueden compararse con el culto a Kim Il Sung, el presidente eterno de Corea del Norte, sobre todo después de las protestas ciudadanas que estallaron en abril de 2018 y fueron reprimidas brutalmente por la Policía y grupos paramilitares.

Para el político Eliseo Núñez, actualmente Daniel Ortega está en pleno proceso de endiosamiento. «El camino que está siguiendo es tratar de elevarse a nivel de deidad» porque de esta manera la gente, la base sandinista, lo empieza «a mitificar y a creerlo capaz de lograr cosas cuando realmente no lo es». De la religión va a sacar su poder porque ahora es la única vía que le queda, asegura Núñez.

Casa
Casa Materna Rosario Murillo, uno de los muchos sitios bautizados en culto a la esposa de Daniel Ortega. La Prensa/ Cortesía

El poder político deriva de tres factores, dice el exdiputado: las armas, el dinero y la religión; y Ortega lleva años comportándose como si fuera el dueño del dinero y de las armas, pero ahora que el efectivo escasea y que los cuerpos armados se han desprestigiado por su propia actuación, el régimen «tiene que exacerbar el tema de la religiosidad». De manera que el Frente Sandinista «está migrando de ser un partido político-militar a ser un partido sectario pseudo religioso, donde Daniel Ortega es dios y los Ortega Murillo la sagrada familia».

Daniel Ortega no da declaraciones públicas, la gente no lo toca, lo miran de largo, y de su círculo cercano surge muy poca información hacia el exterior, analiza Núñez. La poca información que se conoce es obtenida a través de terceros y «hay una suerte de interpretación de qué quiso decir Ortega con esto y qué quiso decir con lo otro». Es decir, el régimen ha generado hasta «exégetas» de los discursos de Ortega. Una manera «burda, pero consciente de crear un dios en la Tierra».

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También los Somoza, pero menos

El culto a la personalidad es una característica de todas las dictaduras, porque responde a la personalidad vanidosa de los dictadores y a la vez es una herramienta para dominar a las masas mostrándose como una entidad irremplazable y todopoderosa. «Es característico de la gente que apoya a los dictadores ensalzarlos, glorificarlos, atribuirles méritos y grandezas que realmente no tienen y a los dictadores, por su propia naturaleza, les encanta que los elogien, que los alaben y fomentan eso», señala Luis Sánchez Sancho, editorialista del diario LA PRENSA.

Don Luis vivió la época de la dinastía de los Somoza y vio culto a la personalidad tanto en el gobierno de Anastasio Somoza García como en el Anastasio Somoza Debayle. A Tacho viejo lo llamaban «El pacificador de las Segovias» y a su hijo «El huracán de la paz», entre otros «epítetos ridículos» repetidos, sobre todo, en manifestaciones del partido.

La diferencia es que en la era somocista el culto a la personalidad practicado era «artesanal, localista, provinciano»; mientras que el de los Ortega Murillo «es más elaborado e industrial», afirma Sánchez Sancho. «Es parte de toda una ideología destinada a crear en el imaginario social y colectivo la idea de que son realmente personas superdotadas y que incluso tienen vínculos con la divinidad y por lo tanto están destinadas a gobernar eternamente».

La estatua de Somoza que se erigió enfrente de la entrada principal del Estadio Nacional. El 18 de febrero de 1954 fue bautizada como tradicionalmente se hace con los barcos, quebrando en esta una botella de champán. Fue diseñada por el italiano Giorgio Pascualini. En total medía 15 metros de altura, ocho del pedestal y 7 de la estatua.

Se trata, dice don Luis, de una «restauración burda» y en pleno siglo XXI de creencias medievales que eran ley en aquella época en que los reyes absolutistas decían que «gobernaban por la voluntad de Dios, que eran elegidos por Dios para gobernar». Esas creencias, afirma el editorialista, desaparecieron con el triunfo de las revoluciones liberales. Sin embargo, el culto a la personalidad sobrevivió en los dictadores clásicos, como Leónidas Trujillo en República Dominicana; Iósif Stalin en la Unión Soviética; Mao Zedong en China y Kim Il Sung en Norcorea, donde a la fecha sigue reinando embalsamado.

Pero las dictaduras parecen ser cosa del siglo pasado. El mundo ha avanzado, dando tropezones y bandazos, hacia la democracia; por eso ahora resulta surrealista e incluso grotesco un régimen que intenta dar a sus líderes categoría de dioses.

Desfile
Una niña carga el retrato de Rosario Murillo durante un reciente desfile escolar. Tampoco faltó Carlos Fonseca ni la bandera del Frente Sandinista. La Prensa/ Tomada de redes sociales

A los videos de policías bailando y cantando «el comandante se queda», los cultos religiosos, la escuela «Corazón de Rosario Murillo», el rostro de Daniel Ortega en los libros de las escuelas públicas y las banderas rojinegras en los colegios, recientemente se sumó la foto viral donde una niña carga el retrato de Rosario Murillo en un desfile escolar.
«Para mí es grotesco ver eso», dice don Luis. «Es como si fuera la Virgen o una heroína de la patria, una Rafaela Herrera».

Construyendo dioses

Suele decirse que Rosario Murillo, además de primera dama y vicepresidenta, es meteoróloga, astrónoma, comunicadora, vulcanóloga, astróloga, sismóloga, médico, poeta y sacerdotisa. Aunque la gente lo comenta a manera de broma, esa imagen «multifacética» de Murillo, que la hace parecer omnipresente y omnipotente, también forma parte del culto a la personalidad.

«Ningún ministro puede dar declaraciones de nada», dice Dora María Téllez. «Si una vacuna puso el Minsa, esa la tiene que anunciar Rosario murillo. Nadie explica nada, si Rosario Murillo no lo ha explicado en primer lugar. Eso permite mantener fuera de la competencia y de circulación a cualquier otro posible líder que esté por ahí».

Por otro lado, asegura la exguerrillera, se ha obligado a los funcionarios del Estado y a los militantes del Frente Sandinista a poner a los Ortega Murillo siempre adelante, en cada letanía. Todo, absolutamente todo debe agradecerse al comandante y a la compañera, porque las cosas suceden cuando ellos intervienen. «Ordenan un eclipse o permiten la lluvia o logran un milagro o enfrentan cualquier cosa o construyen una escuela o ponen una bujía. Desde el hecho más común y silvestre hasta el más notable viene precedido por la letanía de clavar», sostiene.

A esto habría que sumar la utilización de los símbolos visuales, que tiene que ver con su presencia universal en rótulos y carteles, pero «también con los escenarios de los actos» gubernamentales y del partido, señala Téllez. «En estos actos todos están uniformados, encamisetados, solo dos personas no están uniformadas, Daniel Ortega y la Rosario Murillo. Es una imagen bastante típica, fascista. Una masa informe, sin identidad, sin independencia, sin individuos y dos individuos que destacan».

Lea: El origen de la pareja Daniel Ortega y Rosario Murillo 

Familia
Managua. 10 de enero de 2017. Daniel Ortega toma posesión como presidente de Nicaragua y su esposa Rosario Murillo como vicepresidenta. Los acompaña su hija Camila Ortega Murillo. La Prensa/ Archivo/ Oscar Navarrete

Finalmente está el componente religioso, que no es algo nuevo en el discurso del régimen y, sobre todo, en el de Rosario Murillo. Aunque las referencias a Dios, la Virgen y el amor no combinen con la violencia empleada por el orteguismo contra las personas que piensan diferente.

«Tanto Ortega como la Rosario hacen una profusa utilización de simbología religiosa, lenguaje religioso, invocatorio de Dios y aparecen de alguna manera como intermediarios, porque en el fondo creen que son una pareja predestinada. Ella cree que ellos son predestinados por la divina providencia para gobernar este país, por eso siente como una ofensa profunda a su ego la rebelión de abril de 2018», afirma la historiadora.

Para Dora María la creación de los gabinetes de la familia responde al nuevo modelo instalado por el régimen. Cuando los Ortega Murillo finalmente se impusieron como una dinastía se empezó a hablar de la figura de la familia en los barrios y bases del sandinismo, porque «a como es arriba es abajo».

De modo que ahora el culto a la personalidad ya no va dirigido solo a la pareja gobernante, sino a toda la familia. Después de todo, para Rosario Murillo su hijo Juan Carlos Ortega es «la reencarnación de Sandino».

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En las escuelas

En la época somocista hubo culto a la personalidad. Estatuas, billetes y estadios en honor a miembros de la dinastía, pero no se manipulaba la educación, asegura don Luis Sánchez Sancho. Quizás por «debajera, disimuladamente» se transmitía algún mensaje subliminal; pero ahora el adoctrinamiento es «abierto, descarado y grotesco».

Sucede, dice don Luis, que cuando en abril de 2018 los jóvenes se lanzaron a protestar contra el Gobierno, los propagandistas del Frente Sandinista lo atribuyeron a un «descuido» en los mecanismos de educación política e ideológica y ahora «están empeñados en reforzarlo».

Como si se tratara de una criolla Corea del Norte, en las escuelas enseñan a los niños sobre lo maravillosos que son los proyectos del comandante; les muestran videos sobre el «golpismo» que intentó derrocar al Gobierno; les hablan sobre Augusto C. Sandino y les explican otro significado de las siglas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). «F, de fuerte. S de sol que nos ilumina. L de luz de libertad…», dice una profesora mientras los niños repiten, en un video que recientemente circuló en las redes sociales.

Corazón de Rosario
La escuela Corazón de Rosario Murillo, inaugurada en Bilwi en octubre de 2018. La foto fue publicada en el sitio oficial del Ministerio de Educación, junto con una entusiasta nota informativa. La Prensa/ Tomada del sitio del Mined

La educadora Josefina Vijil, sin embargo, cree que esos métodos de adoctrinamiento político partidario no son efectivos. Por el contrario, dice, es «súper ineficaz». Empapelar los colegios con los rostros de Daniel Ortega y Rosario Murillo y la bandera sandinista «solo crea saturación», sobre todo para los adolescentes, «que sienten que los están asfixiando».

«El aula de clase es el lugar donde se enajena más a la gente, pero también es el lugar más subversivo», apunta Vijil, miembro del Centro de Investigación y Acción Educativa y Social (CIASES), organismo que se dedica a la investigación y el análisis de políticas educativas.

A su juicio, con el desborde de propaganda política en las escuelas los Ortega Murillo están intentando «que su relato sea el relato dominante» y usan el sistema educativo como «una correa de transmisión de su verdad», borrando así otros relatos y otras memorias. El problema que enfrentan, considera Vijil, «es que es difícil que nos cuenten una verdad distinta a la que vimos». Además, los chavalos son inteligentes, piensan y tienen Internet.

Por lo tanto, «es una maniobra burda e inefectiva, pero es ilegal, es un delito y hay que denunciarlo y tiene que terminar», subraya la educadora.

Lo que sí le preocupa es el mensaje sistemático de «desempoderar a la gente» y hacerle creer a los ciudadanos que no son capaces de lograr algo por sus propios méritos. «La gente tiene que emanciparse», sentencia.

Daniel Ortega el 19 de julio de 2006, aún antes de lograr regresar al poder.

Eliseo Núñez tampoco cree que el adoctrinamiento en las escuelas funcione. «Yo ya lo viví en los ochenta y no tiene efecto, te lo digo que no lo tiene», afirma categóricamente. «Puede enganchar a algunos durante algún tiempo corto, pero cuando lo contrastás con la realidad, te das cuenta de que es otra cosa».

Para Núñez, el fomento al culto de la personalidad y la idea de que los Ortega Murillo poseen facultades extraordinarias va dirigida a las bases sandinistas que van a creerlo «en mayor o menor medida». «Y yo diría que en mayor», dice. «Porque están apostando a algo muy triste: están apostando a que la mayoría de su base tiene baja escolaridad y poca preparación cultural, entonces es fácil manipularlos».

Por otro lado, considera, la meta del régimen es la base sandinista porque «apuestan a tener una minoría violenta que someta a la mayoría».

Hasta el momento los Ortega Murillo han conseguido que se realicen cultos religiosos en su nombre, aparecer en libros escolares y desfiles patrios, manipular el sistema educativo para vender su doctrina, ningunear la figura de los ministros, administrar su propia justicia, usar a los cuerpos armados como guardia personal y controlar a sus violentas turbas de la paz. Incluso han inspirado acrósticos que están cerca de ser jaculatorias, como este que hace poco apareció en un mural ubicado en alguna parte del país:

«Rosario de virtudes. Orgullo de la nación. Sencilla mujer amable. Audaz y amigable. Radiante luz de sol. Incansable luchadora. Orquídea linda y vencedora…»

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Acrósticos en honor a Daniel Ortega y Rosario Murillo. La Prensa/ Tomada de redes sociales