Jaime Arellano: «No vengo a Nicaragua para estar sentado en mi casa»

En esta entrevista el comentarista político Jaime Arellano habla sobre las enfermedades y amenazas que lo forzaron al exilio y sus planes en el retorno a Nicaragua

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En un cuarto de su casa, Jaime Arellano espera bajo un abanico de techo y un aire acondicionado a 17 grados centígrados. “Hablemos aquí porque afuera hay mucho calor”, dice. A las tres de la tarde, Managua hierve a 38 grados y por eso el popular comentarista político prefiere permanecer en este cuarto donde hace varias de sus actividades: atiende visitas, escribe apuntes y hace una transmisión por Skype para el programa Café con Voz, del periodista Luis Galeano, con quien hasta hace unos días compartía la condición de exiliado.

“Prácticamente vengo con las mismas enfermedades con las que me fui”, dice Arellano, vestido con una camisa negra y un short que deja al descubierto las pantorrillas y pies inflamados. “La presión se me sube, tengo problemas de circulación y respiratorios”, agrega. Por las noches necesita una cámara de oxígeno para poder dormir.

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Con todo y enfermedades, Arellano dice que si vino a Nicaragua es para poder hacer un programa de televisión con el fin de seguir denunciando al régimen de Daniel Ortega. “Para estar sentado en mi casa no vine”, dice este hombre de 59 años de edad que salió de Nicaragua desde el 28 de noviembre de 2018 y regresó al país el 29 de agosto pasado.

En estos pocos días en Nicaragua se ha reunido con dos canales de televisión para saber si puede tener un espacio y con otros sectores para buscar ayudas para el periodismo independiente. “Ojalá que la voluntad que tengo para luchar contra la dictadura la tuviera para dejar de comer”, dice en esta entrevista, en la que habla sobre las posibles salidas a la crisis, el exilio, la Alianza Cívica, y sus famosas frases: “Vamos ganando” y “Los tenemos locos”.

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¿Cómo le fue en el exilio?
No se lo recomiendo a nadie: la gente cree que los exiliados están pijudos, pero el exilio es duro: sobre todo cuando tienes que separarte de tu familia y cuando es un exilio obligado e injusto. Yo me fui cuando supe que había una orden de captura en mi contra y que me iban a acusar de terrorismo y actos de violencia. Miedo a Ortega nunca le he tenido porque me han amenazado de muerte un montón de veces, pero soy realista y dije: “¿Dónde soy más útil, afuera o preso?”. Otra cosa que influyó para irme fue que ya estoy viejo, tengo problemas de salud serios. Entonces si me hubieran echado preso, a los dos días hubiera estado muerto. Y los orteguistas celebrando, así que no les iba a dar el gusto.

Jaime Arellano, comentarista político. LAPRENSA/U.Molina

¿Se encontró con periodistas?
Sí, miré que muchos de ellos la están pasando difícil: no les han dado el estatus para trabajar o desempeñarse. Entonces ves a periodistas lavando alfombras, pintando casas, trabajando en construcción. Defendiéndose porque a la hora de las “piedras pomes” (dificultades) necesitás defenderte.

¿Con quién más se reunió?
Gracias a la popularidad de mi programa pude reunirme con senadores de Estados Unidos, con gente del Departamento de Estado y asesores del presidente Donald Trump, Luis Almagro, quienes oyeron las denuncias de lo que está pasando en Nicaragua y la necesidad de implementar con más fuerza medidas para forzar a Ortega a hacer lo que tarde o temprano hará: sentarse a negociar para que haya elecciones libres y transparentes en este país.

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¿Qué percibió de ellos y su voluntad para solucionar la crisis, porque vemos personalidades como Luis Almagro que cambian de posiciones de forma repentina?
Bueno, es que la clase política es difícil: ellos actúan de acuerdo con los momentos o lo que es más popular. Lo importante es que el pueblo de Nicaragua y el mundo sabe el valor, el coraje, la imaginación y el compromiso que tiene el pueblo para hacer el cambio. La reputación del nicaragüense azul y blanco es increíblemente alta. En unos años te darás cuenta la historia que estamos haciendo. Estamos derrotando de una manera cívica a una dictadura militar que controla todas las instituciones. Sin volar balas. Recibiéndolas pero sin regresarlas. Mi trabajo es decirle al mundo lo histórico de esto, de cómo los chavalos han arriesgado sus vidas. Es impresionante que Ortega tuvo más de mil presos políticos y no hay ninguno que se haya volteado: que haya salido de la cárcel diciendo: “Me arrepiento”, o “Es verdad estábamos conspirando contra el gobierno”. ¡Ninguno! Eso es impresionante.

¿Es por eso que usted tiene el lema “¡Vamos ganando!”?
Sí, porque los tenemos locos. Porque aquí no hubo ninguna cabeza visible ni depende de un ciudadano. Por eso es que no han podido acabar con esta rebelión, ni van a poder.

Pero lo real es que la pareja en el poder se sigue manteniendo y el 19 de julio Ortega dijo que en unas elecciones “arrasaría”…
¿Y si es verdad por qué no lo hace? Él está en el poder por la represión: por los militares, por las armas. Por eso nosotros decimos: si es cierto eso, vamos a elecciones, a ver si es verdad que el pueblo lo respalda. ¿Cuál es el problema de ir a unas elecciones? Lo que nosotros hemos hecho en un poquito más de un año, hay países que llevan décadas sin poder hacerlo.

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¿Será suficiente?
Mirá, en una hoja de papel vos ponés una columna con lo que tenía la dictadura antes de abril de 2018: una comunidad internacional que hablaba bien de Ortega, préstamos, sector privado, popularidad, reconocimientos por todos lados, una oposición caída, jóvenes callados y sin meterse en política. Hoy en día de todo lo que tiene la dictadura es el Ejército, la Policía y los paramilitares, y parás de contar. Por el otro lado, en la oposición está la juventud, el campesinado, el sector privado, estudiantes. Todos juntos.

¿Pero no cree que hay suficientes ejemplos de cómo regímenes con armas les basta para permanecer mucho tiempo en el poder?
Podrá ser por un tiempo. Pero eso se le está acabando. Porque a eso agregale las sanciones. Ahorita la cúpula del partido está feliz porque tienen reales, pero la mayoría del pueblo de Nicaragua, independientemente de si sos sandinista o no, está padeciendo una crisis económica fuerte. La canasta básica altísima, los combustibles elevados, la energía, el agua, está afectando a todo mundo: si sos sandinista o no. Si sos sapo o no. Pero entonces Ortega sabe que no tiempo. Así que hay que tener paciencia, perseverancia, pasión e imaginación. Y vamos a llegar a donde queremos llegar.

Muchos lo criticaron a usted porque decía “vamos ganando” y “los tenemos locos”, pero usted se fue al exilio. ¿Cómo explica eso?
Pero si les gané. Ellos querían echarme preso, ellos me quieren ver muerto. Ellos quieren ver una revolución opositora desanimada. ¿Dónde se ha dado el pueblo por vencido? Vos creés que la Policía no se anda desgastando con todas las formas de protestas que hace el pueblo. ¿Cuándo has visto vos policías reventando chimbombas azul y blanco en las calles? Y los tenemos tan locos que primero trataron de destruir la bandera azul y blanco, y como no la pudieron, ahora se disfrazan ellos de azul y blanco. Los tenemos tan locos que quieren arrebatar nuestro uniforme, nuestro propio símbolo.

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Usted se fue porque había una orden de captura, ¿por qué regresa ahora?
Porque sentía que en este impasse del diálogo la gente necesitaba una inyección. Yo creo que genero un tipo de inspiración en muchos sectores. Entonces creo que las personas que generamos opinión favorable y podemos motivar e incentivar al pueblo en esta lucha, debemos regresar, es momento de regresar.

¿Pero no cree que ahora sí lo puedan echar preso?
Ahorita estoy haciendo una valoración. Toda mi familia está en contra de mi decisión de regresar. Primera vez que tomo una decisión de este tipo sin tomar en cuenta la opinión de mi familia.

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¿Hay posibilidades de que se vaya al exilio de nuevo?
Si puedo ejercer mi trabajo aquí, me voy a quedar. Entonces estoy viendo si puedo hacer mi programa de televisión, si puedo hacer mis transmisiones. Para estar sentado en mi casa no vengo. Si puedo trabajar, aquí me quedo.

¿Qué planes tiene?
He hablado con dos canales de televisión: uno me dijo que de plano no. El otro me dijo que la iba a pensar. Estamos en pláticas y será interesante si se logra concretar con ese canal. Mientras tanto, estoy dando las vueltas para poner un estudio y empezar las transmisiones en las redes.

Al llegar a Nicaragua usted dijo que valoraría cómo estaban las condiciones. ¿En estos días que ha estado aquí cómo valora las condiciones?
El regreso a Nicaragua no es solo la seguridad. Porque hay un montón de periodistas que si regresan, ¿quién les dará trabajo? Es decir, supongamos que no seguirán matando a periodistas, ¿Quién les garantiza lo otro? Por eso es importante las reuniones que hemos tenido con los diferentes sectores para abogar sobre este tema: para ayudar al sector periodístico.

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Circulan varias fotos de personas que desde los primeros días de su regreso lo están asediando. ¿Tiene temor?
Decir que no tengo temor es mentira. Ahora, que me deje dominar es otra cosa. Yo estoy claro que en cualquier momento me pueden intentar matar, me pueden hacer una emboscada. Y yo acepto que ese puede ser el precio que tengo que pagar para lograr la libertad. Ahora, esta revolución no es de una sola persona: si me matan habrán miles de voces, miles de Jaime Arellano que harán la lucha. Yo tengo la suerte de que soy más visible: porque soy gritón y porque soy gordo (ríe). Dice mi esposa que es una de las desventajas que tengo porque “soy tiro fijo”: donde me apunten me van a dar.

¿Cómo está de salud?
No tan bien como quisiera. No logro bajar de peso. Ojalá que la misma fuerza de voluntad que tengo para luchar contra la dictadura, la tuviera para dejar de comer. La comida me domina. Además la ansiedad me da por comer y me encanta la comida. Pero trataré de ponerme con una nutricionista y un cuidado médico más riguroso, para bajar de peso y llegar al día en que triunfemos.

Jaime Arellano, comentarista político. LAPRENSA/U.Molina

¿Qué más presiones cree usted que pueda hacer la oposición?
La comunidad internacional está haciendo su papel y nosotros estamos haciendo el nuestro. Lo primero es no caer en la trampa de la violencia, de las armas, de convertir esto en un conflicto armado porque eso es lo que Ortega quiere. Por eso hay que tener paciencia, valentía y perseverancia. Creo que hay que seguir haciendo piquetes exprés y protestas simbólicas porque Nicaragua no necesita más mártires, presos políticos y gente en el exilio. Así que fomentemos la unidad de todos los sectores, para que la carreta la jalemos juntos.

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¿Cómo cree que será la solución de la crisis?
Creo que habrá una negociación. Y es importante que el pueblo lo entienda porque no es una guerra en la que habrá ganadores y vencedores. Aquí hay una negociación en donde Ortega tendrá que ceder cosas y la oposición tendrá que ceder cosas.

¿Usted habla de un pacto?
No. Porque aquí no se va a negociar cargos, sino condiciones para que haya elecciones. Y que sea el voto el que decida los cargos. El nuevo gobierno electo tendrá el mandato para reformar el estado.

Muchos opositores abogan por un derrocamiento de la dictadura y no un simple cambio de gobierno.
Yo entiendo el entusiasmo. Pero eso es falta de madurez y de realismo. Porque esto no es un conflicto armado: esto es cívico. La única manera democrática de resolverlo es a través de elecciones. Los extremistas no dan buenos resultados. Lo que queremos es cambiar las balas por los votos.

A inicios de las protestas de 2018, ¿usted pensaba que el cambio estaba más cerca?
Yo creo que ahí se desperdició la oportunidad. Porque en un momento dado Ortega estaba dispuesto a adelantar las elecciones. En mi programa, Medardo Mairena dijo que un delegado de Estados Unidos llegó a decirle a la Alianza Cívica que Ortega estaba dispuesto a adelantar las elecciones. Pero en ese momento había demasiada efervescencia, demasiada herida, y la respuesta de la Alianza fue que no aceptaban eso y lo que querían era su renuncia. Creo que por ese error de cálculo ha habido más muertos, más desastre económico. Porque para lo que estamos luchando ahorita, lo hubiéramos resuelto siete meses atrás.

¿Qué opina de la Alianza y estos errores en la negociación?
Creo que la Alianza ha hecho una buena labor en condiciones extremadamente difíciles. Ha cometido errores. Creo que tiene que reforzarse con personas con más experiencia política y en negociaciones. Porque esto no es una empresa privada lo que se está manejando. Creo que hay personas con experiencia política que pueden ayudar. Porque lo que recién hizo la Alianza no es ampliarla, sino designarse cargos. Porque no hay una figura nueva. Debe abrirse, al igual que la Unidad Nacional Azul y Blanco. Estos dos movimientos se tienen que unir en un solo bloque, un solo movimiento, una sola voz.

De la unidad opositora se habla desde muchos años antes del 18 de abril de 2018. ¿Por qué cree que se logrará ahora?
Es hora que el pueblo emplace a estos líderes. Y que la gente los reciba solo cuando anden juntos, formando una gran coalición. Entonces, la cúpula que no quiere aceptar la realidad será obligada a aceptarla.

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¿No cree que la falta de unidad es precisamente lo que está atrasando que la comunidad internacional tome decisiones más contundentes con respecto a Nicaragua?
Es que eso es. A mí muchos embajadores me decían: “¿Quién asume el liderazgo de Nicaragua?”. La Alianza Cívica podrá tener el respaldo de la comunidad internacional, pero no tiene la popularidad en Nicaragua. Por eso hay que trabajar en eso. Creo que ya va llegando la hora de encontrar en Nicaragua a nuestro Juan Guaidó, la figura, el símbolo que nos lidere.

Jaime Arellano, comentarista político. LAPRENSA/U.Molina

Plano personal

Nació en México, en 1960, mientras su papá, Jaime Arellano Arana, trabajaba en aquel país. Sin embargo, a los dos años vino a Nicaragua y renunció a los 17 años a la nacionalidad mexicana.

Estudió la secundaria en el Colegio Centro América. Es graduado en Administración de Empresa en Estados Unidos, pero desde hace más de 20 años se dedica a los programas de televisión políticos.

Está casado desde hace más de 30 años. “Siempre fui su enamorado y seguiré siendo su enamorado”.

Fue propietario en los años noventa de la pista de patines Bolerama, en Camino de Oriente.

En tiempos de Somoza cayó preso a los 17 años de edad y fue liberado con la condición de abandonar el país.

Desde 1997 ha tenido programas de televisión en canal 6, 8, 10, 2 y 100% Noticias, en los que ha entrevistado a figuras como los presidentes Hugo Chávez, Evo Morales, Vicente Fox, y el político militar estadounidense Oliver North.

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