Injusticia con el Ejército

El general Avilés se plegó a la versión gubernamental de que el estallido social del 2018 fue una intentona de golpe de Estado.

obediencia

No hay duda de que casi todo el pueblo opositor está convencido que, como expresó un titular de LA PRENSA, el Ejército se ha plegado al orteguismo. Más aún después del bochornoso despliegue de tanques y blindados. Políticos y comentaristas han denunciado con indignación esta supuesta entrega. El problema está en que si se analizan los orígenes de dicha percepción, se descubre que procede de cuatro factores que la cuestionan.

El primero es una lectura equivocada de fragmentos de un discurso del jefe del Ejército. De acuerdo con ella, el general Avilés se plegó a la versión gubernamental de que el estallido social del 2018 fue una intentona de golpe de Estado. Pero lo que textualmente dijo, como acertadamente señaló un editorial de LA PRENSA, fue que “funcionarios de organismos no gubernamentales y otros… hacían llamados a leales compañeros para abrir la posibilidad de darle un golpe de Estado al Gobierno…” Para quien todavía no entienda, Avilés no dijo que la oposición había tratado de dar un golpe de Estado, sino que algunos habían pedido a miembros del Ejército que lo dieran.

El segundo factor que afecta el recto juicio sobre el Ejército es la ignorancia sobre el rol que ha jugado desde que estalló el conflicto. En lo más álgido del mismo se abstuvo de hacer declaraciones contra la oposición o los autoconvocados, y trató de mantener un perfil neutral. Muy distinta a la actitud del general Padrino, jefe del ejército venezolano, quien despotrica contra la oposición mientras defiende a capa y espada las acciones de Maduro.

Se replica contra lo anterior, argumentando que la negativa del Ejército a desarmar a los parapoliciales prueba su complicidad con el régimen. Esto nos lleva al tercer factor: el desconocimiento de la falta de autonomía de una institución que está, por ley, sometida al Presidente de la República, junto con el menosprecio ingenuo de las implicaciones que hubiese tenido tratar de desarmar por su cuenta a los matones armados por Ortega. ¿No hubiese causado esto graves choques armados?

El cuarto factor es idiosincrático. La tendencia de nuestra incultura política, a juzgar precipitadamente las cosas, a opinar categóricamente sin suficientes fundamentos, y a generalizar. Diga lo que diga Avilés, quien es subordinado directo de Ortega, no cabe atribuir todas sus posturas y expresiones a todo un ejército. En él hay también patriotas y hombres y mujeres suficientemente inteligentes para ver el laberinto impredecible en que los puede hundir la dictadura; para ver cómo esta quiere manipular los mandos castrenses y hacerlos cómplices de sus desmanes, y para ver como el futuro de su institución está, precisamente, en no rendir la bandera azul y blanco a una bandera partidaria.

El autor es sociólogo. Fue ministro de Educación.