Deja Vú. Somoza-Ortega

Tristemente ha tenido que ocurrir una nueva tragedia en Nicaragua, para desempolvar la historia narrada desde la óptica del poder hace más de 40 años

“Tenemos que cultivar la memoria histórica con espíritu crítico. No hay que olvidar, precisamente para que las formas caudillistas, autoritarias y criminales de ejercer el poder que se han dado en nuestra patria, sean eliminadas para siempre”.
Monseñor Silvio J. Báez, obispo auxiliar de Managua

Tristemente ha tenido que ocurrir una nueva tragedia en Nicaragua, para desempolvar la historia narrada desde la óptica del poder hace más de 40 años en el diario Novedades de la familia Somoza a través del libro Déjà vu. Somoza-Ortega que presenté recientemente y que fuera comentado por el periodista Eduardo Enríquez y comentado por los valientes líderes universitarios Zayda Hernández y Byron Estrada, así como el expresidente Enrique Bolaños, quien me honró con el prólogo de la recopilación.

Y lo hice para que los jóvenes palpen lo ocurrido y los menos jóvenes recuerden el pasado reciente, porque resulta sorprendente —un verdadero Déjà vu entre Somoza y Ortega– el comparar algunas de las situaciones vividas y ver con tristeza la repetición de casi los mismos titulares, las mismas artimañas, los mismos engaños, las mismas triquiñuelas, y obviamente teniendo los mismos resultados negativos que son como un ancla para la reducción de la pobreza de los menos favorecidos en Nicaragua.

También es importante destacar que policías y simpatizantes de la dictadura han sido víctimas de la violencia por la ambición desmedida de poder del régimen de Daniel Ortega que los han obligado a reprimir y dispararle a su mismo pueblo. Ellos también son nicaragüenses como eran los guardias de Somoza que quedaron a su suerte a la huida del anterior dictador en julio de 1979.

La historia dará la razón a quienes izando la bandera Azul y Blanco de la Patria, cívicamente han sembrado la esperanza de que con la ayuda de Dios, la perseverancia en la lucha pacífica y la solidaridad internacional, el cambio será posible para sentar las bases de la institucionalidad democrática en la que la heroica juventud y los liderazgos emergentes tienen mucho que aportar, sin descuidar que debemos aprender de los errores del pasado y evitar su repetición. No hay que olvidar, como dijo el obispo Silvio J. Báez.

Como bien señala en el prólogo del libro el expresidente Enrique Bolaños: “La indiferencia, el acomodamiento y apatía de la población hacia las políticas públicas, consentían los desaciertos o injusticias del gobernante de turno”, situación que dio un giro en abril 2018 después del resentimiento acumulado por largos años en que el gobierno silenciaba cualquier voz que sonara diferente a la suya.

Todos los sectores políticos, empresariales, sociales y civiles debemos actuar con gran unidad monolítica, mayor que la que hemos mantenido hasta ahora.

Esta es una lucha ideológica y no solo de partidos políticos.

Esta es una lucha de sistemas opuestos y de sistemas morales contrapuestos.

Esta es la lucha decisiva del pueblo nicaragüense.

Nadie puede estar al margen porque estarlo significa haber claudicado antes de luchar, es como estar enterrado antes de haber muerto.

Es, en suma, dejar de ser nicaragüense, y lo que es peor, dejar de ser hombre”.

El autor fue ministro de Defensa en el Gobierno del presidente Enrique Bolaños Geyer.