En Letra Pequeña | No se puede ser policía y delincuente al mismo tiempo

Estamos viendo una conversión desde un cuerpo que, mal que bien, era la Policía Nacional a una organización delictiva que usa su nombre y autoridad

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Policía

Dice Aníbal Toruño, el director de Radio Darío, que poco antes del ataque de los paramilitares, uno de estos adelantó su caravana, y cuando encontró un grupo de policías en la vía les indicó que detuvieran los vehículos en los que iba él junto al presidente del Cosep, José Adán Aguerri, y otras personalidades. El propósito era, tal como sucedió, que la Policía, investida de la autoridad que le da el uniforme, detuviera los vehículos para permitirles a los paramilitares atacar con toda ventaja a estos ciudadanos. O sea, la Policía ayudando a los delincuentes a delinquir o, lo que es lo mismo, la Policía delinquiendo. Otra vez.

Descalabro

En el descalabro de las instituciones de Nicaragua, la Policía parece estar llevando la peor parte. Ha caído hasta el fondo. Ya es difícil distinguir dónde está la autoridad y dónde los delincuentes. ¿Qué policía es esta que agarra al ciudadano para que los delincuentes hagan de las suyas con él? ¿Qué policía permite que en sus propias narices, una turba paramilitar ataque con bates, piedras y balas a unos ciudadanos cuyo único delito era circular libremente por una vía de una ciudad tal como la Constitución Política contempla?

Policía política

A estas alturas ya ningún policía de Nicaragua puede creer que está para hacer cumplir las leyes. Que use las leyes cuando le conviene contra opositores es otra cosa. Es una policía política. Su misión es preservar el poder de la familia Ortega Murillo al costo que sea, y desde hace un tiempo para acá la única forma que han encontrado para sostenerlos en el poder es con represión pura y dura porque el juego de la democracia no da para que ellos sigan ahí. Es una Policía sin respeto a ley alguna. Y no pocas veces hemos visto a delincuentes poniéndose el uniforme de policía o policías vistiendo de civil para actuar con mayor tranquilidad como delincuentes.

Derechos y delitos

Lo que sucedió el sábado pasado con la comitiva donde iba José Adán Aguerri es una muestra de muchos casos donde la Policía se pone la camiseta de delincuentes. De hecho, se está volviendo la normalidad. Un policía es delincuente, hay que recordarlo para que no se nos olvide, cuando detiene a un ciudadano que porta una bandera, tira globos o protesta pacíficament, por la sencilla razón de que portar una bandera o protestar es un derecho y no un delito, y, al contrario, detener a alguien que porta una bandera o protesta es un delito y no un derecho.

Golpizas

De un tiempo para acá, los policías creen que es su derecho golpear y maltratar cualquier ciudadano. Sea lo que sea por lo que detienen a alguien, ofrezca o no resistencia, lo primero que hacen los policías es golpear, patear, arrastrar y tirar con violencia a los ciudadanos en las tinas de las camionetas. Hay mil videos y fotos que lo demuestran. Son rarísimas las personas detenidas que no aparecen con golpes y lesiones realizadas cuando ya estaban reducidas, probablemente en una celda. ¿Cómo se preparan los nuevos policías? ¿Hay ahora una clase de tortura en la Academia de Policía? La tortura es hoy la regla y no la excepción. Y eso es delito. Y quien comete delito, recordémoslo otra vez, es delincuente aunque vista uniforme de policía.

Conversión

Que un policía golpee a un ciudadano es delito, pero suele suceder aquí y en otros países. Que policías, abusando de su autoridad torturen a un detenido, es delito, pero ocurre en tantas partes del mundo. Incluso, sucede que policías matan a ciudadanos o se asocian con criminales para delinquir. Probablemente ninguna policía del mundo escapa a estos hechos en sus filas. Lo anormal, lo perverso, es que desde el gobierno se aliente este comportamiento criminal. Que no haya castigo para quien cometa estos delitos. Esto es lo que sucede en Nicaragua. Y la gran prueba, es que tal como lo dijo la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelett, aquí hay más de 300 muertos por la represión y ningún policía investigado, procesado o preso. Eso es lo anormal y explica toda esa conversión desde un cuerpo que, mal que bien, era la Policía Nacional a una organización delictiva que usa su nombre y autoridad.