El perfil del fanático orteguista. «Una persona que no mira, que no siente, que no analiza y es capaz de matar»

La socióloga Violeta Granera afirma que históricamente el fanatismo ha sido la base de las dictaduras.

Una trifulca por los resultados de un partido de fútbol; un creyente que apunta con el dedo a quien no piensa como él y unos jóvenes que quieren alcanzar la mano del cantante en un concierto, son ejemplos comunes de fanatismo en cualquier país del mundo. Pero en Nicaragua el fanatismo más común es el rojinegro e implica un peligro mortal.

En diciembre del año pasado (2018), en medio de la convulsión social por la represión del régimen de Daniel Ortega contra las protestas civiles, circuló el video de un hombre diciendo que le «hubiera arrancado la cabeza a balazos» a quienes critican a su partido Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). En ese contexto de sandinistas que defendían a la dictadura con armas en mano, versus protestas de ciudadanos con mantas y banderas, murieron más de 328 personas, según un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

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El sociólogo Cirilo Otero caracteriza al fanático como una persona débil de carácter, que generalmente carece de información y que no somete a la lógica sus creencias. Pero el máximo peligro de un fanático, según Ortero, es que es una persona capaz de matar a quien lo contradiga, a quien ponga en duda sus creencias o solo por saber que piensa diferente.

«Yo creo que el fanático no tiene límite. El que es fanático es capaz de matar, porque cree en eso que él tiene como realidad. El fanático es una persona que no mira, que no siente, que no analiza y es capaz de matar», manifestó Otero.

Los partidarios del FSLN actúan con total impunidad en Nicaragua.

El fanático tampoco es crítico, no usa la lógica, no hace ejercicios de dudar sobre su creencia. «El fanatismo tiene un efecto de dependencia. El fanático es quien cree en algo ciegamente. No lo somete al análisis de la lógica o de la inteligencia. Tiene obsesión por ese ídolo, por esa creencia, por esa persona, por ese partido, por esa religión», agregó Otero.

Fanático funcional

Aunque según el sociólogo el fanático generalmente carece de información o se cierra totalmente a la información que se opone a lo que piensa, también tipifica a un «fanático funcional», es decir, una persona que tiene formación profesional para comprender, analizar y contrastar la información, pero le conviene ser fanático por un interés específico.

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«Cuando Wilfredo Navarro dijo una vez que daría la vida por Arnoldo Alemán, lo dijo por tapudo, pero esa es una actitud propia de un fanático. Ahora da la vida por Ortega. Entonces, notamos que es un oportunista, pero esa actitud es la de un fanático», explicó Otero.

Fanatismo «caldo de cultivo de las dictaduras»

La también socióloga Violeta Granera caracteriza a la persona fanática como irascible, excluyente, agresiva y violenta.

«Estas personas excluyen a toda persona que piensa diferente a él. Es una actitud que por eso está tan vinculada a la violencia, a la agresión, a la descalificación, porque sencillamente el objeto de su fanatismo se vuelve más importante que el resto de las personas que lo rodean», valoró la socióloga.

Granera también señaló que históricamente el fanatismo ha sido la base de las dictaduras donde hay gente que «prefiere aferrarse a lo que piensan otros que desarrollar su propia capacidad de pensar».

«Al final el fanatismo es como la otra cara del autoritarismo. No hay autoritarismo sin un porcentaje de la ciudadanía que cae en las garras del fanatismo y que está dispuesto a lo que en otros tiempos en Nicaragua se identificaba como: Dirección Nacional ordene», recordó Granera.

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