La República

El nacionalismo nos inclina a justificar nuestra celebración y por lo tanto promovemos la tesis que Walker hubiera implantado la esclavitud

pueblos indígenas, sínodo panamazónico

Con el redoble de tambores desfilan por las calles con sus trajes azul y blanco los niños de mi patria, celebrando la Batalla de San Jacinto, la derrota del filibustero invasor.

¿Qué hubiera pasado si Walker hubiera triunfado? Según su plan, hubiéramos pasado a ser parte de la Unión Norteamericana. Seríamos, lo más probable, un Estado de esa Unión y por lo tanto no es inconcebible pensar que tendríamos un desarrollo económico similar a Puerto Rico o Hawái. La corriente migratoria, sajona y de otras razas, hubieran fortalecido nuestro desarrollo. El Canal de Panamá se hubiera construido en Nicaragua, seríamos “la Puerta de los Mares”. Estas conclusiones, sin duda, amargan la victoria.

El nacionalismo nos inclina a justificar nuestra celebración y por lo tanto promovemos la tesis que Walker hubiera implantado la esclavitud. Después de todo su propósito era “regenerar” al país bajo el control anglosajón, donde la restauración de la esclavitud —que emplearía tanto a mulatos como a africanos— serían los cimientos del nuevo Estado nicaragüense. El problema con dicha tesis está en la palabra “implantado”, debido a que por alguna razón nos hace olvidar la dura verdad: cuando Walker vino a Nicaragua ya éramos esclavos.

Aún más dramático es confrontar lo que vino después de Walker.

¿Cuál fue el resultado de la derrota de Walker?: La república de los 30 años. Un período de supremacía oligárquica en el que granadinos y leoneses oligarcas se repartieron el país, bajo un supuesto modelo de “alternativa” en el Ejecutivo. ¿Económicamente qué produjo ese período?: La extensión del latifundio, la implementación del monocultivo, y el asalto y robo a las comunidades indígenas de sus tierras ancestrales. ¿Cuál fue el verdadero producto de todo eso?: La peonada, una masa campesina sin derechos, sujeta a la voluntad y arbitrio de los patronos, llegándose en muchas haciendas a pagar el salario con fichas, a existir en ellas cárceles privadas, todo eso respaldados por las “Leyes de Vagancia”. En otras palabras, Walker nos dejó tal como nos encontró: esclavos en todo menos en el nombre.

Pero tal vez el golpe mortal para nuestro nacionalismo es darnos cuenta que el repugnante modelo de esclavitud anglosajón, que estaba sostenido bajo el racismo y no en el clasismo, como el nuestro, comenzó a superarse poco después de la derrota de Walker, debido a que dicha institución fue abolida en los Estados del Sur, después de la Guerra Civil de Estados Unidos (1861-1865).

Si Walker hubiera triunfado, a la larga, la cultura civilista norteamericana nos hubiera influenciado, Jefferson y Monroe hubieran sido leídos y discutidos en nuestras universidades, y el modelo de la separación de poderes del Estado hubiera prevalecido. La república se hubiera consolidado y como pasó en Estados Unidos, con el pasar del tiempo hubiera curado sus heridas.

El problema principal es que nunca hemos vivido en una república. Seguimos siendo esclavos y vivimos ilusionándonos, diciéndonos que si logramos cambiar al caudillo de turno llegará la democracia.

El caudillo solo es el síntoma más notable del modelo. La verdad es que no vendrá la democracia hasta que las élites nicaragüenses compartan el poder. Compartir el poder fue la decisión más lúcida de los federalistas, porque compartir el poder es el corazón de la república. Por lo tanto, para que llegue la democracia se van a requerir dos cosas esenciales: 1º.- Que paulatinamente cambiemos el actual modelo económico del país, que francamente está basado en la esclavitud. 2º.- Que se apunten a convivir las élites en un sistema judicial en el cual ellos también puedan perder.

¡Si Walker hubiera ganado, viviríamos en una república!

El autor es abogado.

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