Las grietas de las dictaduras

Por su parte, el filósofo político chileno Fernando Mires asegura que todas las dictaduras tienen grietas y la oposición debe descubrirlas y aprovecharlas

consejo, Humberto, Daniel

El politólogo boliviano Carlos Sánchez Berzaín, director ejecutivo del Instituto Democrático Interamericano que tiene su sede en Miami, califica como “dictaduras electoralistas” a los regímenes de Venezuela, Nicaragua y Bolivia.

Según explica Sánchez Berzaín, la dictadura electoralista es “el régimen político que por la fuerza o violencia concentra todo el poder político en una persona o en un grupo, reprime los derechos humanos y las libertades fundamentales y utiliza las elecciones como medio de simulación y propaganda para mantenerse indefinidamente en el poder”.

Evidentemente, este es el caso de los regímenes dictatoriales de Daniel Ortega en Nicaragua, de Nicolás Maduro en Venezuela y de Evo Morales en Bolivia.

Sánchez Berzaín explica que estas dictaduras electoralistas usan “el modelo de simular democracia bajo la falsedad de que si hay elecciones hay democracia, cuando no se respetan los derechos humanos ni las libertades fundamentales, no existe Estado de derecho, no hay división ni independencia de los poderes públicos, no hay libre asociación política, existen presos y exiliados políticos, se utiliza el control total del Estado para ejercer la delincuencia organizada transnacional”.

Por su parte, el filósofo político chileno Fernando Mires asegura que todas las dictaduras tienen grietas y la oposición debe descubrirlas y aprovecharlas para impulsar los procesos democráticos.

Dice Mires que “para combatir a un régimen antidemocrático, la tarea política (política, no académica) es descubrir el lugar y la dimensión de sus grietas. Pues, si no estamos hablando de un sistema totalitario, todos los sistemas de dominación tienen grietas. Podríamos afirmar en ese sentido que cuando un sistema totalitario —o dictadura perfecta— comienza a agrietarse, deja de ser totalitario. La idea, como tantas otras, la debemos a Hannah Arendt. La gran filósofa llegó a afirmar que la dictadura soviética, a partir de Jrushov y Brezhnev, dejó de ser totalitaria para pasar a ser otro tipo de dictadura que ella, antitipóloga por excelencia, no intentó definir. Lo que sí intuyó Arendt es que la dominación de Jrushov y Brezhnev a diferencia de la de Lenin y Stalin, mostraba grietas y por eso ya no era total ni absoluta”.

Menciona Mires la experiencia de Chile, cuando “los dirigentes de la resistencia política chilena, bajo las condiciones más desfavorables que es posible imaginar decidieron recoger el guante del plebiscito…” Sostiene que si aquellos dirigentes se hubieran puesto a discutir si de la dictadura se puede salir o no con votos, se habrían abstenido cuando Pinochet convocó al Plebiscito “y la dictadura habría permanecido en el poder nadie sabe cuántos años más”.

Los dirigentes democráticos chilenos, dice Mires, “descubrieron que con el plebiscito se abría una grieta, todo lo angosta que se quiera, pero grieta al fin. Y decidieron abrirse camino a través de ella… hicieron lo que tenían que hacer, desentendiéndose de los extremismos que sin cesar los ofendían. E hicieron bien”.

Los dirigentes políticos de Nicaragua que luchan por la restauración de la democracia, deberían aprender de la experiencia chilena.

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