¿Cómo llegar a la unidad?

Si no nos ponemos de acuerdo ni cómo debemos de ondear nuestra bandera, con el escudo al revés o al derecho, es complicado ponernos de acuerdo en muchos otros temas o condiciones mínimas para la unidad

Enrique Bolaños, presidente

Si queremos aprender de la Unión Nacional Opositora (UNO) de 1989 que tanto se ha mencionado como la meta para una nueva coalición opositora, debemos primero estudiar y entender cómo se logró entonces el paradigma de la unidad opositora para poder aplicar al presente las lecciones del pasado. Ciertamente, no fue proponiendo suscribir posiciones maximalistas de 20 puntos “mínimos” para unir a la oposición como lo ha propuesto recientemente la dirigente de la Unab, Violeta Granera, 20 puntos y más los que se podrían agregar, porque estos son apenas “mínimos”.

Los 14 partidos que conformaron la UNO abrieron las puertas a todos los partidos a conformar la alianza (6 no participaron) para escoger democráticamente a la fórmula presidencial, luego la candidata que resultó electa por este reducido grupo, escogió su jefe de campaña y este su equipo de campaña. Más adelante, el equipo conformó un plan de gobierno y la candidata hizo promesas básicas, elementales: vigencia irrestricta de todas las libertades ciudadanas, reconciliación nacional, fin del servicio militar obligatorio, economía de mercado, Estado de derecho con independencia de los poderes del Estado, política fiscal responsable y compensación por las confiscaciones.

Para formar una coalición opositora falta, en primer lugar, la confianza entre todos los actores políticos principales y que se sienten en una mesa para acordar entre todos, realmente cuáles son las condiciones mínimas para hacer un frente común a la dictadura y no para formular un plan de gobierno, eso corresponde más adelante.

Falta decir con franqueza y sobre todo con humildad patriótica: unámonos y no únanseme, sumemos y no súmense. Cada partido, cada organización, aportando conforme su peso específico, el cual es demostrable con su capacidad organizativa en el territorio y con su trayectoria de lucha. Falta también, y por qué no decirlo, un liderazgo nacional capaz de aglutinar, de sumar y multiplicar, que genere confianza en todos los sectores opositores. Ese liderazgo se irá decantando en los meses venideros, pero aún no se ha consolidado. Quizás ese liderazgo sea el factor catalizador de la unidad y no los comunicados condicionantes de la unidad proclamados desde un hotel capitalino.

Si no nos ponemos de acuerdo ni cómo debemos de ondear nuestra bandera, con el escudo al revés o al derecho, es complicado ponernos de acuerdo en muchos otros temas o condiciones mínimas para la unidad. Todos, sin excepción, estamos de acuerdo con algunas premisas elementales: vigencia plena de derechos ciudadanos, libertad de presos políticos, retorno seguro del exilio y elecciones libres, transparentes y observadas. Una vez que esté claro el logro de este objetivo medular, la oposición logrará conformar una verdadera unidad nacional, que no solo se llame así, sino que lo sea en realidad y esa unidad con un nuevo liderazgo, formulará su plan de gobierno.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: