Otra vez, ¿cambiar la historia?

Recuérdese que la Unión Nacional Opositora (UNO), que había llevado a la Presidencia a Violeta Barrios de Chamorro, antes de su posesión el 25 de abril de 1990 se declaró oficialmente de oposición

monarquía, Ortega

La cantidad de falsificaciones de la realidad del discurso de Ortega con motivo del 40 aniversario de la Policía, el recién pasado 23 de septiembre, es de tal magnitud, que reproduzco y comento algunas, y solamente algunas, de sus principales partes.

Una vez que escuchó el discurso del primer comisionado general —su consuegro, y no por casualidad— Ortega dijo en relación con los gobiernos de 1990 a 2006: “Y eso explica que cuando gobiernos con una actitud totalmente extremista, poniendo en riesgo la seguridad del pueblo nicaragüense se empeñaron en buscar cómo ahogar a la Policía Nacional y también al Ejército, reduciéndoles año con año el Presupuesto… apostando a la extinción de la Policía y el Ejército…”.

Lo anterior es totalmente falso. Recuérdese que la Unión Nacional Opositora (UNO), que había llevado a la Presidencia a Violeta Barrios de Chamorro, antes de su posesión el 25 de abril de 1990 se declaró oficialmente de oposición, con la casi totalidad de sus diputados que eran mayoría en la Asamblea Nacional, precisamente por el mantenimiento del general (r) Humberto Ortega en la Jefatura del Ejército. Desde entonces, las principales leyes de la transición democrática, políticas y económicas, que inició el gobierno de Violeta, fueron respaldadas por la inmensa mayoría de diputados que dieron origen en 1995 al Movimiento Renovador Sandinista (MRS), haciendo mayoría parlamentaria con unos pocos diputados que permanecieron leales al gobierno que habían elegido. Eso incluye la Ley de Organización, Jurisdicción y Previsión Social Militar” de 1994, y la Ley Orgánica de la Policía Nacional de 1992.

Esas instituciones, dijo Ortega, “lograron mantener la cohesión, la unidad, lograron cumplir hasta donde lo permitían en esos momentos las condiciones materiales de estas instituciones, lograron cumplir con la defensa de la soberanía nacional, el combate al delito, el combate a la delincuencia”, citando las condiciones de seguridad de Nicaragua. Pero Ortega olvidó que esas bajas tasas existían de 1990 a 2006 y ¡en democracia! Y en cambio, desde abril de 2018, pero también antes, los asesinatos por disidencia política constituyen una de las tasas más altas, si acaso no la más alta, del continente.

Sobre ese período de transición democrática, Ortega dijo: “Podríamos decir, más bien, que tuvimos gobiernos somocistas, del 25 de abril de 1990 hasta el 10 de enero del año 2007…”, y la emprendió contra la comunidad internacional, los empresarios y la jerarquía católica, y desde luego contra jóvenes y protestantes pacíficos. Obviamente, se olvidó que entre sus negociadores directos e indirectos tiene a connotados dirigentes de la juventud somocista de entonces, lo que es criticado hasta en el propio FSLN.

Con discursos, aunque aglutinen a su disminuida base política, no se cambia la realidad.

El autor fue candidato a la Presidencia de Nicaragua.

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