Padre Edwin Román: «Ortega y Murillo son una pareja asquerosa»

El padre Edwin Román habla sobre la vez que encaró al presidente Daniel Ortega y aclara que pese a que la primera dama y él son descendientes del general Augusto C. Sandino, no son familiares.

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La iglesia San Miguel Arcángel, donde vive Edwin Román, está ubicada en la esquina de una de las calles más transitadas del centro de Masaya, una de las ciudades más castigadas durante la represión de 2018. Es una iglesia pequeña pero alargada, con un parque enfrente, y un atrio sin vallas por el que empieza de inmediato las casas de un barrio populoso.

De manera que desde adentro de la iglesia San Miguel la bulla puede aturdir a cualquiera: el pitido de los automóviles, la música por altoparlante, los filarmónicos en procesión o las voces de los ciudadanos que caminan por las aceras se pueden escuchar con facilidad al otro lado de la pared del templo religioso, donde vive el padre Edwin Román.

En abril de 2018, Román escuchó desde estas paredes los gritos, disparos y sufrió el dolor de las bombas lacrimógenas. Por eso fue que no la pensó mucho para abrir sus puertas con el fin de asistir “rostros llenos de sangre”. Por esa razón es que desde aquel día, que él llama “levantamiento”, no ha dejado de estar con el pueblo. “Jamás me hubiera quedado sentado en mi casa cural ni hubiera cerrado mi boca”, dice Edwin Román.

Román es uno de los más sinceros de las Iglesia cuando se refieren a la pareja presidencial, de quienes dice “son una vergüenza para el país”. También cuenta con orgullo que en 2008, en la celebración de los 50 años de la vida sacerdotal del cardenal Miguel Obando y Bravo, Román le dijo al presidente Ortega que era un “hipócrita” cuando este intentó saludarlo.

Sobre esta relación con la pareja en el poder y sus consideraciones sobre la crisis que vive Nicaragua, el padre Edwin Román habla en esta entrevista.

El padre Edwin Román , párroco de la Iglesia San Miguel en Masaya. LAPRENSA/O.Navarrete

¿Usted cree que se metió a asistir a los jóvenes porque estaba en esta iglesia, en el centro de Masaya, uno de los lugares que más sufrió la represión?
En cualquier lugar lo hubiera hecho. Estoy completamente seguro. Quizás lo he hecho muy de lleno aquí, porque el levantamiento fue en la puerta de mi casa. Hay distintas maneras de estar inmerso en este contexto. El hecho de levantar la voz también en un púlpito, no necesariamente para hablar de política, sino adecuar el evangelio para hablar de la situación, es un medio para estar con tu pueblo y luchar por él contra una dictadura. Antes de estar aquí, estuve en San Rafael del Sur, y antes en Carazo, en un barrio donde también hubo muchos tranques y protestas. Yo estoy seguro que en cualquiera de esos lugares no me hubiera quedado jamás sentado en mi cara cural ni cerrado mi boca.

Usted ha dicho que ya se esperaba este levantamiento del año pasado…
Era una olla de presión. La misma Conferencia Episcopal lo había advertido en su carta pastoral en las últimas elecciones que ganó Daniel Ortega. Todos los puntos eran una fotografía de lo que ocurrió en 2018. Y eso continúa, porque mientras se siga reprimiendo, eso está latente.

Pero la Iglesia tampoco enfrentaba directamente al régimen de Ortega: mantenía buenas relaciones con él…
No mantenía buenas relaciones. Siempre había conveniencia de parte del gobierno. Se ganaron algunos sacerdotes: menos de cinco, menos de los dedos de la palma de una mano. Siempre ha habido esa actitud de ataques contra algunos sacerdotes u obispos y el manoseo a los signos religiosos.

¿Nunca creyó en el discurso del “gobierno de reconciliación y unidad nacional”?
Eso era mentira. En los ochenta hubo persecución a la Iglesia. Después, a partir de 2007, miramos el manoseo de los signos religiosos y querer vender un gobierno “socialista, cristiano y solidario”, que es pura mentira. Porque para ser cristiano uno tienen que demostrar su cristianismo. Y el primer mandamiento dice “no matarás” y es lo que este gobierno receta todos los días. Muerte no solamente en las ciudades, sino que en la montaña (parte rural de Nicaragua).

¿Siempre ha sido crítico de este gobierno?
Siempre lo he sido. Yo estuve en Nindirí en el año que asesinaron al padre Marlon Pupiro. Yo saqué un viacrucis de la iglesia porque unos familiares del padre vivían en Nindirí. Eso incomodó algunos miembros de los CPC (Consejos del Poder Ciudadano) porque los teníamos de vecinos. Ahí empezaron los ataques a mi persona, cada vez que me trasladaba de la casa cural a la iglesia me gritaban vulgaridades y me comenzaron a vigilar en las homilías. Más adelante se quisieron apropiar del parqueo de la iglesia. Entonces se dio una situación muy tensa. Yo llamé a la alcaldesa y le dije que si ella tenía todo el dinero, yo tenía todo el pueblo. Y ocurrió lo que iba a ocurrir: levanté al pueblo y la misma población defendió el lugar y se resolvió satisfactoriamente a favor de la iglesia. Desde entonces empezaron las amenazas y me dijeron que me podría pasar “lo mismo que al padrecito Pupiro”.

¿Tiene una animadversión hacia la pareja presidencial?
Yo no soy un buscapleitos, pero no me gustan las injusticias. Si hay algo que tengo que decir, yo lo digo. Y son tantas las palabras que les dice el pueblo nicaragüenses que son verdades: está en el poder por corrupción y robo de elecciones. A mí no me representa. Es una pareja, que quizás voy a ser muy duro y franco, pero es asquerosa. Para mí es asquerosa sinceramente. No creo que sea vulgar porque estoy siendo franco. Repugna que sean quienes gobiernan a Nicaragua. Ellos están sostenidos por sus armas, nada más. Esos no representan al nicaragüense. Da vergüenza tener esa pareja como presidentes de Nicaragua. Y de hecho son inconstitucionales, ellos y todo su aparato de gobierno. Ellos son nada. Por eso se necesita una Nicaragua nueva.

¿No tiene miedo de dar estas declaraciones?
No… siempre las voy a decir. Y se lo dije un día en su cara al propio Daniel Ortega. Estábamos así a una distancia como estamos nosotros (menos de un metro), durante la misa del 50 aniversario de sacerdocio del cardenal Miguel Obando, en Catedral. Los sacerdotes entramos y miramos que en la primera banca estaban Daniel y su familia. Según la fila, me correspondió quedar a la espalda de él. Entonces Ortega empezó a saludar a todos y cuando me tendió la mano, le dije: “Sos un hipócrita, ¿qué estás haciendo aquí?”. Y solo me quedó viendo él y ella (Rosario Murillo). Creo que hay momentos en que como nicaragüenses hay que decir las cosas si se tiene la oportunidad. No es que sea un maleducado, no. Por educado, ¿vamos a quedarnos como estamos siempre? Creo que hay que enfrentarse y decir las cosas.

Padre Edwin Roman, párroco de la iglesia San Miguel Arcángel de Masaya habla sobre la situación socio política. LAPRENSA/O.Navarrete

Usted es sobrino nieto de Augusto C. Sandino. ¿Comparte sus ideales?
Mirá, antes que todo soy un cristiano, soy un sacerdote, independientemente de la ideología de Sandino. Me siento orgulloso porque era un nicaragüense, un nacionalista. Pero antes que todo soy cristiano y no opino por la muerte y la guerra. Pero sí da orgullo que haya luchado por su patria. Creo que si Sandino estuviera vivo, Daniel Ortega no estuviera en el poder.

Si usted es descendiente de Sandino, eso lo hace familiar lejano de la primera dama Rosario Murillo, quien también es descendiente…
Mi abuela era hermana de Sandino. La mamá de Sandino era mi bisabuela. Era alguien muy cercano. Dice la señora Rosario Murillo que es familiar de Sandino, eso hay que investigarlo porque ella dice un atajo de mentiras que no se sabe. En todo caso, mi sangre no se mezcla con la de ella, porque dice que es familia por parte del padre y yo soy por la madre.

Hay muchos sacerdotes que se han ido al exilio. ¿Lo ha considerado?
No, nunca he optado. He sentido peligro, me han amenazado. Lo que he tenido son invitaciones: he salido tres veces del país (una vez a Costa Rica y dos a Estados Unidos), pero por un corto tiempo. Me costó salir porque sentía que irme era arrancarme de la raíz. Sentía que irme a descansar, mientras mi pueblo y mis fieles están sufriendo, era falta de solidaridad, pero también pienso que es necesario. Porque también se necesita respirar diferente, distraer la mente. A mí me ha gustado siempre ir al mar, pero desde la crisis no lo he hecho.

¿Cuáles han sido las amenazas más fuertes que ha recibido?
Los mensajes de textos por redes sociales desde siempre y casi todos los días. También me han detenido varias veces en la carretera y me han dicho: “Plomo te vamos a dar”. Otras veces me dijeron: “Por fin te agarramos”. Me bajaron del vehículo y me pusieron una botella de licor. Dijeron que venía tomado haciendo zigzag.

¿No estaba tomado?
En absoluto. De inmediato vinieron sacerdotes de aquí, de Masaya, y el cardenal Leopoldo Brenes me llamó para saber cómo estaba. Ellos pudieron ver que vine en el vehículo; no venía ebrio. Entonces ha habido este tipo de ataques y asedios a la parroquia, con armas de guerra en las misas que hacemos aquí.

¿Qué lo haría abandonar el país?
Nada. No debemos dejar Nicaragua a una dictadura. La lucha tiene que continuar cívicamente.

¿Ha tomado medidas de seguridad?
Sí, de noche, por ejemplo, no salgo. Solo voy al supermercado o a pagar mis cuentas. Y vivo solo. A mí me preguntan que si estoy acompañado, pero no, yo vivo solo aquí.

¿Cree que existe una guerra contra la Iglesia?
El demonio siempre ha atacado a la Iglesia. Eso es bíblico. Pero los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella.

Al frente de la Policía de Masaya ha estado el comisionado Ramón Avellán, uno de los personajes más denunciados por reprimir a opositores durante la crisis. ¿Qué opina sobre él?
Es el tristemente célebre comisionado Avellán. Siempre lo he catalogado como un sicario. Tiene una larga lista de crímenes en Masaya y en otras partes del país. En los últimos meses la dictadura lo ha agarrado como un trofeo, como la cara del terror. He escuchado muchos testimonios de personas torturadas por él y varones violados con tubos de armas. Muchas personas me dijeron que mientras estaban apresadas Avellán las obligaba a decir que yo hacía reuniones, que ocupaban mi casa para hacer bombas y salir atacar a la estación de policía. Yo nunca anduve en nada bélico. Yo atendí a los heridos y a muchos policías que rescaté.

Existe una narrativa oficial de que el país está “regresando a la normalidad”, pero usted que está en el terreno, en Masaya, en una de las ciudades más reprimidas, ¿qué ha pasado en estos meses después que el gobierno eliminó los tranques en la ciudad?
Ha seguido la represión con crueldad. Siempre están las patrullas de antimotines por las calles. Un ejemplo es el tiangue de Monimbó, al que casi no llegan personas a comprar. Pero también si una persona se ha demorado bastante comprando, un paramilitar llega a decir que mucho se tardó y que se vaya. Los templos siguen siendo rodeados y se han infiltrado entre los feligreses. En las calles también se mira que el comercio ha disminuido, en los bancos no hay cajeros. Existe acoso a los excarcelados políticos. Ahorita mismo el comentarista político Marlon Powel anda huyendo porque el comisionado Ramón Avellán lo anda siguiendo. Eso se conoce públicamente.

Ante este asedio constante y la negativa de negociar del gobierno, ¿usted mira posibilidades de otro levantamiento?
No solo Masaya, toda Nicaragua está sufriendo la represión. Es insoportable cómo está viviendo la familia. Es increíble la desesperación de los nicaragüenses. La gente está saliendo para otros países. La gente no tiene alimentos ni medicinas. Una descomposición social. Esto es una olla de presión que puede estallar.

¿Cuál cree que sería la solución a esta crisis?
No solo yo. El sentir de la gente y lo que dice es: “que se vaya”. Yo también lo deseo, aunque sabemos que hay formas para que se vaya. No es que un día nos vamos a levantar y nos van a decir: “se fueron”. Ojalá ocurriera porque han habido tantos dictadores que lo han hecho. Pero creo que ahora hay otros mecanismos: la presión internacional que puede provocar elecciones adelantadas. O puede ser un gobierno de transición para ir a unas elecciones libres y vigiladas.

¿Usted está a favor de una negociación?
Es que con este hombre (Ortega) no se puede negociar. En primer lugar, no es un gobierno constitucional. El hecho de negociar con él es legitimar. Es que no es nuestro presidente. Él entró por la puerta de atrás a quitarle el puesto al que había votado el pueblo nicaragüense.

¿No cree en el diálogo?
Los diálogos han sido circos las dos veces. Pero la Iglesia cree en el diálogo y yo también. Si en una familia hay discordia, se deben de sentar a dialogar. Igual en una nación. Pero aquí hemos visto la negatividad de la pareja en el poder, que se empecina en continuar en sus puestos, basados únicamente en las armas.

Pero una salida sin diálogo lleva directamente a la violencia y las armas…
Dios quiera que no. Creo que la presión internacional es otro actor. No es tiempo de levantar barricadas porque ahora son otros actores. El pueblo ya demostró su descontento y lo sigue demostrando. Pero no se pueden levantar barricadas todos los días.

En ese momento se pensó que esa podría ser la salida…
Claro y eso dio sus frutos. No fue en vano. No hay que arrepentirse tampoco. Desde entonces es una dictadura que está en una cuerda floja y el pueblo sigue resistiendo. Es cierto que eso ha llevado a la tragedia del exilio, del desempleo, pero eso es culpa de quien gobierna este país. Si fuera un gobierno más decente, ya se hubiera marchado. El que ama a su patria eso es lo que hace.

¿Cuál es su opinión sobre los grandes empresarios de Nicaragua en este contexto?
No todos los empresarios han estado con el pueblo. Algunos han jugado un papel importante. Pero yo les diría que, antes de todo, hay que poner a un lado los egoísmos o los intereses personales, porque hay que ver por la patria. No ver por la bolsa de empresario o gremio, sino que hay que pensar en Nicaragua. También sé que hay buenos nicaragüenses en todos los sectores.

Desde a iglesia San Miguel de Masaya. LAPRENSA/O.Navarrete.

Plano personal

El padre Edwin Román es de Niquinohomo y tiene 59 años de edad.
Margarita Calderón Ruiz, madre de Sandino, es bisabuela del cura. Manuela Calderón, abuela materna del padre, era hermana de Sandino.

Es el primer sacerdote ordenado de Niquinohomo. Ha estado en seis parroquias distintas: en dos de Managua, una de Jinotepe, Nindirí, San Rafael del Sur y Masaya.

Es diabético y se inyecta insulina todos los días. Dice que durante los meses de la crisis no necesitó medicamentos. “Me dijo el médico que me mantuvo estable la adrenalina de esos días”.

Fue curado de un cáncer en la mandíbula. Los feligreses de Jinotepe le ayudaron a pagar su tratamiento.

Ha confesado que antes de ser religioso tuvo dos novias en Masaya, e incluso en el seminario se enamoró de otra, pero no pasó a más porque la muchacha huyó de la guerra de los ochenta en el país.

Fue el obispo que casó al general del Ejército Julio César Avilés, mientras era sacerdote en Jinotepe.
Le gusta comer nacatamales y vaho.

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