Sicarios en Nicaragua: el negocio de asesinar

El sicariato es una realidad en el país. Se trata de asesinos contratados por personas que buscan venganza o para silenciar la voz de quienes piensan distinto. A este último se le llama "sicariato político".

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Para el hombre que la mandó a matar, la vida de Belkis Muñoz valía 6 mil córdobas. En la madrugada del sábado 20 de octubre de 2012, la joven de 25 años salió del cuarto que alquilaba en un barrio de Managua y tomó un oscuro callejón para llegar a la calle donde la esperaba el recorrido de la empresa en la que laboraba. En ese trayecto tres hombres la emboscaron. Uno era Kennet Muñoz Palma, su expareja; los otros, sicarios que él contrató por el precio de 3 mil córdobas para cada uno. Mientras Kennet observaba, los matones la obligaron a hincarse, le quitaron el bolsito donde guardaba sus dos celulares y uno de ellos le disparó en la cabeza.

Tres años más tarde, en marzo de 2015, Nahum Bravo, entonces de 25 años, puso precio a las vidas de su padre, su madrastra y su media hermana. Le prometió cien mil córdobas a Jairo Ugarte a cambio de que le ayudara a asesinarlos; le mostró la casa y le dio detalles sobre las rutinas de las víctimas para que los crímenes se cometieran sin contratiempos ni errores. La joven Lucía Bravo murió tras ser apuñalada 46 veces, a Santos Bravo lo mataron con un bate y a su esposa, Rosibel Murillo, con un tubo.

Belkis Muñoz (a la derecha de la foto) fue asesinada por sicarios contratados por su expareja, Kennet Muñoz Palma, en octubre de 2012. Tenía 25 años.

En mayo de 2016 se conoció de otro asesinato pagado que destacó por su saña: Reynerio Zamora Pérez fue llevado con engaños a una finca de Matagalpa donde tres hombres le asestaron tres balazos y le cortaron la cabeza para entregarla como prueba al “contratante”, que pagaría la suma de 200 mil córdobas por el “trabajo”.

Los casos de asesinatos por encargo no son algo nuevo en Nicaragua, aunque la Policía y la Fiscalía se nieguen a utilizar el término “sicariato” para calificarlos.

“El sicariato existe en Nicaragua desde hace tiempo. En los últimos años había más casos que en otros anteriores y con la crisis de abril es probable que hayan aumentado, pero de momento no lo sabemos con claridad, no sabemos cuántos son los casos y si efectivamente se trata de sicariato”, afirma Elvira Cuadra, socióloga y experta en temas de seguridad. “Esa falta de precisión se debe principalmente a la crisis y a la actitud de la Policía de negarse a atender e informar sobre estos casos”.

Un sicario asesinó el 10 de enero de 1978 al periodista Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, director del diario LA PRENSA. Un sicario le disparó el 10 de febrero de 2004 a Carlos Guadamuz, periodista y alguna vez íntimo amigo de Daniel Ortega. Y un sicario sembró el terror en Mozonte, Nueva Segovia, en el invierno de 1927, cortando a machetazos las cabezas de campesinos liberales por encargo de los principales caudillos conservadores de la ciudad de Ocotal. Nada más que para entonces el término sicario todavía no era popular en Nicaragua.

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Orígenes del sicariato

La palabra sicario proviene de una primitiva organización terrorista que operó hace poco menos de dos mil años. Se les llamaba “sicarii”, “un nombre que provenía de la espada corta (sica) que escondían bajo las túnicas”, explica la revista Muy Historia; y se trataba de un grupo radical que en el año 66 de nuestra era “luchó contra los romanos y los palestinos que los apoyaban”. Atacaban a sus enemigos en días festivos, colándose entre la muchedumbre que se congregaba en Jerusalén para actuar con “mayor impunidad”.

Hoy día la palabra sicario se utiliza para hacer referencia a aquella persona que “asesina por encargo a cambio de una remuneración económica”, de acuerdo con el estudio El sicariato: una perspectiva psicosocial del asesinato por encargo, publicado en 2016. En otras palabras, un sicario es un asesino a sueldo que hace “el trabajo sucio” del contratante y usualmente no tiene un vínculo emocional con la víctima.

El fenómeno del sicariato, dice el texto, no es de “reciente instauración”. “Si bien en los últimos años se ha venido asociando como el brazo armado de las organizaciones criminales, ha estado presente en diversas culturas de la evolución humana” y en los últimos años ha tenido “un aumento sostenido y alarmante”, sobre todo en Colombia y México, que viven bajo la violencia del narcotráfico.

Esta práctica criminal no es exclusiva de América Latina, ya que se han reportado asesinatos con características de sicariato en España, Inglaterra, Australia e Italia. Sin embargo, “Latinoamérica tiene los mayores índices de criminalidad” en lo que respecta a este tipo de crímenes, afirma el estudio. Hasta 2011 en Colombia el 47 por ciento de los homicidios reportados eran ejecutados por sicarios; mientras que en México, para marzo de 2014, se contabilizaban 1,688 ejecuciones por mes.

En el caso de Colombia, los expertos establecen como año de nacimiento del sicariato 1946. Las primeras muertes “fueron contratadas por políticos”. “Tras la asunción de Mariano Ospina Pérez, los conservadores iban en turba a los pueblos a arrasar con los liberales. A quienes cobraban por ese ‘trabajo’ los llamaban ‘Pájaros’, y tenían entre 30 y 40 años. Mataban en Valle del Cauca, Tolima o Antioquia. Con revólveres y puñales cortos. Diez años después de la llegada al poder de Ospina Pérez, había 200,000 muertos”, detalla el diario El Clarín en el reportaje El sicariato, un oficio atroz que en Colombia cumple setenta años, publicado en 2014.

“Los jovencitos de Medellín, cuando vivía Pablo Escobar, eran ‘desvirgados’ de su sensibilidad matando indigentes”, dice El Clarín. “Ellos se entretenían, y nadie iba preso por asesinar a una persona que dormía en la calle”.

Hoy día el oficio del sicariato organizado continúa siendo una terrible realidad en esos países. Sin embargo, dice la socióloga Elvira Cuadra, “el sicariato no necesariamente es una actividad de estructuras o grupos; es una forma de cometer asesinatos y lo puede hacer una sola persona o un grupo organizado, y generalmente hay remuneración de por medio”, aunque “el tema es mucho más complejo que eso”.

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El caso de Karla

No siempre queda claro si un crimen fue cometido o no por un sicario. Pero un evidente caso de sicariato, según Cuadra, es el asesinato de Karla Núñez, de 40 años, supervisora de televentas de Cargill-Nicaragua, planificado y pagado por su esposo Sergio Matamoros, de 46.

Karla Núñez era supervisora de Cargill.

Luego de 18 años sufriendo maltrato, Karla tomó la decisión de divorciarse de su agresor. Cuando Montenegro se enteró de que su esposa lo iba a dejar, puso en marcha el plan para matarla simulando un robo. Lo primero que hizo fue pedirle a su hermano de crianza que buscara a dos matones y les ofreciera la suma de 3 mil dólares, que les pagaría una vez consumado el asesinato. Como adelanto les entregó 500 córdobas a cada uno, de acuerdo con la acusación de la Fiscalía.

El 19 de junio de 2019, alrededor de la 1:40 de la tarde, Karla viajaba en el asiento del copiloto en la camioneta de la pareja y su esposo conducía el vehículo. Cuando pasaron por un reductor de velocidad los hombres contratados los interceptaron y les quitaron sus pertenencias; pero a Karla le dispararon por supuestamente ofrecer resistencia. Recibió tres balazos que le perforaron los pulmones y una arteria.

“No descarto la figura del sicariato en Nicaragua”, asegura una fuente policial consultada, que por razones de seguridad solicitó se omitiera su nombre. Según el experto, en el país han coincidido “aspectos que problematizan la situación de inseguridad” y propician el surgimiento de nuevas modalidades delictivas, entre ellas “la persona que pueda pagar para que otra cometa hechos criminales contra la vida”.

Entre los “aspectos” mencionados por la fuente está la falta de credibilidad de las estadísticas oficiales, el incremento “en la militarización de la seguridad ciudadana” en Nicaragua y de la violencia en la región, la inequidad socioeconómica, la libre comercialización y portación de armas de fuego y la falta de acceso al sistema judicial.

Sergio Matamoros (derecha de la foto), esposo de Karla, junto con los otros acusados por el homicidio. De acuerdo con la acusación de la Fiscalía, Matamoros ofreció 3 mil dólares para que mataran a su esposa.

Para demostrar que hubo sicariato en un crimen es necesario que durante la “investigación policial y fiscal, se busquen las evidencias no solamente de con qué se efectuó el hecho delictivo”, también es necesario encontrar el móvil y probar que hubo una remuneración, dice el experto. Pero es posible, afirma, que en el sector rural y montañoso se estén dando casos de sicariato sin cuota de pago, ante la nula confianza en la Policía, el Ejército y el sistema judicial.

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Sicariato político

Tradicionalmente se asocia el “sicariato común” al narcotráfico, el crimen organizado o bien, a casos puntuales de vendettas. Sin embargo, para el consultor Roberto Cajina, experto en seguridad nacional, en nuestro caso “el sicariato común es mínimo comparado con el sicariato político, que es la característica especial en Nicaragua”. Y con esto se refiere en particular a la Policía y los grupos parapoliciales.

Elvira Cuadra considera que los violentos grupos armados orteguistas que han reprimido la protesta ciudadana desde abril de 2018 deben ser diferenciados de los sicarios, que literalmente son “asesinos a sueldo”. Los parapoliciales, dice, “tienen otra motivación y otra forma de actuar distinta”. En cambio, Roberto Cajina no duda en calificarlos como sicarios.

“Lo que este gobierno ha hecho es convertir el concepto de sicario en una versión un poco moderna… Contratar parapoliciales para asesinar gente. Ese es el concepto de sicario: pagarle a alguien para que mate a alguien, como sucedió en la manifestación del 30 de mayo”, sostiene.

“Son sicarios en el sentido de que reciben una paga por asesinar”, asegura, categóricamente, Cajina.
¿Y en qué sentido no son sicarios?

“En ninguno”, responde.

A su juicio, dentro de estos grupos hay “dos tipos de gente”: “Unos que matan porque les pagan y otros porque creen en Daniel Ortega, Rosario Murillo y en esta gente, pero al final de cuentas son sicarios siempre. Al final, les pagan de alguna manera o económicamente o en ‘reconocimiento’ por lo que hacen”.

“El que mató a Carlos José Guadamuz fue un sicario. Quienes mataron a los hermanos Tejada y los tiraron al volcán Masaya fueron sicarios también. Lo que pasa es que las motivaciones son diferentes. Los tipos que dispararon desde el estadio, esos son sicarios pagados. ¿Por qué? Porque tienen un salario en la Policía”, considera Cajina. “Se supone que ese sicariato es por una causa política, la defensa del régimen, pero hay gente que está dispuesta a matar no por la causa política, sino porque le pagan. Es la forma más brutal de sicariato, cuando perdés tu naturaleza humana y decidís asesinar a una persona porque alguien te paga”.

“El sicariato por narcotráfico o crimen organizado no es político. Es simple lucha por territorios, rutas”, subraya el experto. “Acá es sicariato político y lo ejercen policías y parapolicías. El sicariato político es matar al adversario, independientemente de quien sea, por lo que piensa, por lo que dice, por la bandera que porta”.

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Para Roberto Cajina, experto en temas de seguridad nacional, los policías y los grupos parapoliciales al servicio del orteguismo son sicarios. LA PRENSA/ ARCHIVO

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Otros casos de sicariato en Nicaragua

  • El 8 de diciembre del 2007, tres personas fueron encontradas muertas en la comunidad Tasbapounie (Laguna de Perlas, RACCS). Dos de ellas tenían las manos cortadas y metidas en la boca. La población aseguró haber visto a seis sicarios rondando la zona días antes del crimen.
  • Otro hecho de terror sucedió el 10 de octubre del 2010, cuando tres hombres fueron encontrados muertos en una comunidad de Cárdenas, Rivas. Habían sido ejecutados con saña, especialmente Wilfredo Barraza Larios, quien recién acababa de salir de la cárcel, adonde se encontraba acusado por tráfico de drogas. La Policía informó que eran sicarios hondureños quienes habían perpetrado el crimen.
  • Las noticias sobre este tipo de crímenes continuaron. El 20 de septiembre de 2011, un hermano del comisionado de la Policía Yuri Valle, entonces jefe de Bluefields, fue asesinado de un tiro por sujetos que circulaban en una moto en el barrio El Edén. No le robaron nada.
  • Dos días después, el 22 de septiembre, el líder comunitario de una localidad de la Cruz de Río Grande (RACCS), Ronald Davis, fue asesinado de dos balazos. Las investigaciones de la Policía indicaron que quienes lo mataron recibieron dinero por hacerlo.
  • El 28 de septiembre de ese mismo año, cerca de la gasolinera del barrio Waspán, el comerciante Danilo Orozco Hernández murió baleado mientras conducía su camioneta, a manos de sujetos que le dispararon desde otro vehículo. Una persona detenida por el hecho confesó que le habían pagado por cometer el crimen.
  • En 2015 dos sicarios asesinaron de seis balazos al comerciante ferretero Iván de Jesús Duarte Medina, en Villa Dignidad, Managua.
  • En marzo de 2016 dos sicarios que se movilizaban en un vehículo mataron de tres escopetazos a José Molina Calderón, en El Timal.
  • De enero a junio de 2018 tres campesinos miembros de la familia Montenegro de Wiwilí, Jinotega, fueron ejecutados a sangre fría. Oliver Montenegro fue acribillado en su finca, mientras que Edgard y Yalmar Montenegro fueron emboscados cuando se encontraban exiliados en Honduras. La familia, conocida por ser abiertamente opositora al sandinismo, acusa a la Policía y los parapoliciales.

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