«El periódico cerró y me fui al Oriental a vender agua”. La historia de Jorge Ortega, el fotógrafo despedido por el cierre de El Nuevo Diario

Jorge Ortega Rayo perdió su empleo como fotógrafo de LA PRENSA en 1986 por el cierre del periódico. La historia se volvió a repetir el pasado 27 de septiembre con el cierre de El Nuevo Diario

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Al fotógrafo Jorge Ortega Rayo la censura impuesta a los medios de comunicación independientes por el dictador Daniel Ortega lo ha dejado dos veces sin trabajo. La primera fue en 1986 con el cierre del Diario LA PRENSA. La segunda se repitió 33 años después con el cierre de El Nuevo Diario (END), el pasado 27 de septiembre.

El primero, dice, lo veía venir. Eran tiempos de censuras, de espionaje, de atentados. Pero siente que tenía una ventaja: la juventud. Con el segundo guardaba esperanzas. “Esta vez me dolió más porque estoy más viejo. Los viejos que estaban en el periódico son solo como tres y me daba gusto trabajar con todos esos jóvenes. Además, me da arrechura porque son las mismas personas que hacen lo mismo”, dice Ortega.

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Su historia en END inició en enero de este año como freelance, pero aún así la noticia lo impactó. Lloró y recordó el despido que vivió en los años 80, mismo en el que “hacíamos dos periódicos diarios para poder sacar medio. Era difícil trabajar. Nos quitaban los rollos en las calles y nos mandaban sin material”, cuenta. Ahora cuestiona el cierre de END. ”Solo nos dijeron que ya no saldrá más”.

Jorge Ortega inició a trabajar como fotógrafo en El Nuevo Diario en enero de 2019. LA PRENSA/Jader Flores

Ortega no se ve haciendo otra cosa que no esté relacionada con la fotografía. Dice que aprendió el oficio accidentalmente cuando tenía 13 años. Su papá, Guillermo Ortega López, trabajaba en seguridad por el colegio Bautista en Managua. Él de vez en cuando lo acompañaba. Mientras su papá trabajaba, el niño se dormía en una acera. Cuando despertaba, a lo largo veía a unos hombres de gabacha naranja. Eran trabajadores de un laboratorio de revelado de imágenes. “Papá, papá yo quiero aprender eso”, le insistió un día. Entró al laboratorio como aprendiz y desde que llegó, sus compañeros, por ser el más pequeño y el nuevo, lo llamaron “pupilo”, sobrenombre que lo acompaña a sus 64 años.

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No tenía experiencia como fotógrafo. Pero tampoco miedo, dice. Fue entonces que en 1981 se quedó sin trabajo en el laboratorio de fotografía. La gente pregonaba que LA PRENSA necesitaba personal. Pero trabajar para el único medio opositor en el país era “un atentado”. Sin embargo, fue. Tocó la puerta, se presentó como fotógrafo y ese mismo día lo mandaron a una cobertura.

De izquierda a derecha de número cuatro, aparece Jorge Ortega con otros fotógrafos en los años 80. LA PRENSA/Mauricio Orozco

Un día de 1986 regresó al desempleo. Desde hacía meses se rumoraba el cierre del Diario. “En esos días no había a dónde ir a buscar trabajo, todo era oficialista. Tenías que tener un aval político del Comité de Defensa Civil (CDC). A la gente de LA PRENSA jamás le darían uno de esos”. El periódico cerró y “me fui al Oriental a vender agua”, dice. Dos años después se exilió en Estados Unidos. La hizo de jardinero y de constructor. Pero volvió a Nicaragua en 1991 y desde entonces, tuvo muchos trabajos pero no pisó un medio de comunicación hasta enero de este año.

“El héroe de La Prensa”

Cuando era fotógrafo en LA PRENSA, en 1983, Ortega se convirtió en el preso número 24,000 en una celda de Managua. Lo condenaron por terrorismo a siete años de cárcel, de los cuales sólo cumplió cuatro meses. Un día de tantos recibió una llamada de un colega periodista para que llevara una encomienda a Costa Rica. Llegó a la dirección y ahí le asignaron un trabajo pero se negó. Días después, el mismo periodista apareció en la televisión a través del Sistema Sandinista de Noticias y declaró que Ortega iría al vecino país a prepararse en el uso de explosivos plásticos, actividad calificada como terrorismo. Ortega niega que haya sido así.

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“Me asusté, yo nunca anduve en nada de eso. Pasaron unas semanas, la gente me advertía que me escondiera, pero yo no había hecho nada y me quedé. Fue un sábado que dos patrullas llegaron a un tramo donde trabajaba en el Oriental. A mi esposa le dijeron que se fuera que yo ya no iba a salir”, cuenta.

En la fotografía aparece Jorge Ortega con su cámara en mano junto a otros periodistas en una cobertura. LA PRENSA/Archivo

Lo llevaron a lo que hoy es conocido como el viejo Chipote para interrogarlo. Lo desnudaron y lo pusieron a hacer sentadillas. Este centro de tortura también ha sido escenario de represión para los manifestantes que salieron a las calles en la rebelión de abril en contra de Daniel Ortega en 2018.

Ortega aún desconoce si salió libre por solidaridad o porque lo indultaron. “Un miembro del Partido Conservador de Nicaragua me busca y me dice que me van a pedir como miembro del partido”, dice. Asegura que por eso posiblemente lo liberaron. El día que salió de la cárcel, -no recuerda la fecha exacta-, los trabajadores de LA PRENSA, apostados sobre toda la calle de las instalaciones del Diario, lo recibieron como a un “héroe”. “Fue hermoso”, recuerda. Todos entonaron el Himno Nacional como símbolo de bienvenida.

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“Uno de los dueños (del periódico) me ofreció irme de vacaciones con gastos pagados. Yo le contesté: “con que me mande a la calle a trabajar, me desintoxico”. Al día siguiente, él y su cámara continuaron documentando la historia de Nicaragua.

De los medios al Mercado Oriental

Cuando Ortega no tiene trabajo como fotógrafo se refugia en el Mercado Oriental. Es su casa, dice. “Yo trabajo en un molino de carne, vendiendo electrodomésticos y a veces en una grúa halando carros”, cuenta. Eso es lo que hará ahora que perdió su empleo en El Nuevo Diario.

Ortega lleva 34 años como fotógrafo. LA PRENSA/Mauricio Orozco

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Pero lo suyo es la fotografía. Y aunque su cámara está vieja, dice, tiene energías para trabajar y desempolvar sus lentes. Solo espera que Daniel Ortega algún día, “se vaya a la porra”.

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