La historia de Barrabás, el muchacho al que la Policía dejó que se ahogara

Esta es la historia de Evans Taylor, el joven que murió ahogado en el muelle de Bluefields frente a varios policías que no hicieron nada por socorrerlo. Hoy su familia exige una investigación

A Evans Taylor en el barrio de Fátima en Bluefields lo conocían como Barrabás, ya que a su papá así le decía. Lea la historia. LA PRENSA

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Por los callejones frente al muelle de Bluefields corre un hombre mal golpeado. Tras él van al menos tres oficiales de Policía. Pese a la brutal golpiza sigue corriendo hasta llegar a otro callejón cuya única salida es la bahía de Bluefields.

La mañana del 11 de septiembre, Evans Taylor, conocido como Barrabás, decidió abandonar la ciudad porque la Policía lo buscaba. Taylor, o Barrabás, era un ladronzuelo de poca monta, muy conocido en Bluefields. Días antes, Barrabás había vuelto a robar chatarra y tras las denuncias fue otra vez capturado. Pero, como siempre, se las ingenió para escaparse. Esto provocó la furia de los oficiales que quedaron en ridículo por enésima vez. Los policías querían encontrarlo a toda costa y Barrabás lo sabía.

Se despertó temprano y alistó una mochila con un par de camisetas, unos zapatos deportivos y un pantalón. Iban a ser las 8:00 de la mañana cuando a la única persona que encontró despierta fue a su abuela, doña Ernestina.
—¿Para dónde vas hijo? —preguntó la anciana a su nieto.
—Voy a Laguna de Perlas a pasar una temporada donde mis tías. Ya luego creo que voy a ir a darme mi vuelta para trabajar en Kukra Hill.

Fue de la única persona que se despidió Barrabás. Raquel Quinn, tía del joven, sigue lamentando que no pudo despedirlo, mientras que su tía Mirna se lamenta por no detenerlo.

“Le dije que viajara conmigo un día después, pero se fue a montar a esa panga y luego pasó la tragedia”, repite con nostalgia Mirna Quinn.

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Se fue al muelle, pagó su pasaje, se puso un chaleco salvavidas y esperó. Pero alguien lo delató con la Policía. No pasaron ni cinco minutos cuando una patrulla llegó hasta el muelle. Igual de rápido Barrabás se quitó el chaleco agarró su mochila y echó a correr por los callejones. Tres oficiales lo siguieron a pie, dos vestidos con el uniforme de azul celeste y otro de negro. La camioneta salió por otro callejón.

No se sabe cómo lograron capturarlo y, según los testigos y el relato de dos amigos de la familia, sin mediar palabras los oficiales le comenzaron a dar una brutal paliza. Tampoco se sabe cómo logró tomar fuerza y volver a escapar. Pero esta vez tanto los oficiales como Barrabás iban cansados, por lo que el joven no pudo avanzar mucho pero llegó a la bahía.

Estando frente al agua, golpeado y cansado, Barrabás tomó la decisión de lanzarse al mar.

Pese a sus adicciones la familia de Evans lo recuerda como un muchacho que no le hacía daño a nadie. LA PRENSA/CORTESÍA

“Pudo nadar cierto tramo”, afirma Jésica Martínez, abogada que lleva el caso de Barrabás. “Pero según las personas que lo vieron en algún momento sintió que ya no podía más y se comenzó a ahogar”, añade.

Barrabás trató de subir a una de las lanchas, pero llegaron los policías y se lo impidieron. Esto según el relato de varios miembros de la familia. Los testigos contaron que le golpearon los dedos cuando este quería agarrarse de la lancha.

La gente al ver lo que pasaba comenzó a grabar con sus teléfonos celulares. En las imágenes que rápidamente se viralizaron en las redes sociales se nota como los oficiales no hacen nada para socorrer a Evans Taylor.

Barrabás lucha por mantener la cabeza fuera del agua, pero los golpes recibidos en sus extremidades no le permiten mantenerse mucho tiempo a flote. Se hunde y saca la cabeza para tomar aire, se vuelve a hundir y estira la mano para que lo rescaten, pero los policías solo lo miran. Se hunde de nuevo y traga agua y vuelve a salir a la superficie. Uno de los policías hace un ademán cruel como de intentarlo tomar de la mano, pero Evans ya no puede más. Barrabás se ahogó cerca de las 9:00 de la mañana del 11 de septiembre ante la vista y paciencia de por lo menos tres oficiales de Policía.

Barrabás

Evans Taylor Williams nació el 12 de febrero de 1993 en el hospital regional Ernesto Sequeira en Bluefields, en la Costa Caribe Sur. Su madre Ivette Joseph Williams, hoy de 47 años, recuerda que el primero de “sus negritos” nació sano. A los pocos días del nacimiento del niño el padre los abandonó. A Evans su papá solo le dejó el apodo de Barrabás que era como lo conocían en las calles del barrio de Fátima donde hasta el 11 de septiembre vivió junto a 20 miembros de su familia.

Elías Joseph Quinn, tío de Evans, cuenta que al pequeño Barrabás su madre lo abandonó en la casa de la abuela paterna, pero que a los pocos días su abuela materna, Ernestina Joseph Piniell, fue a recogerlo para hacerse cargo de él como si fuera su hijo.

“Mi mamá fue la que prácticamente lo crió”, afirma Elías Joseph, sobre el niño que en cuestión de días había sido abandonado por padre y madre.

Barrabás creció rebelde, pero nunca fue grosero con sus tías y primos. De niño lo recuerdan siempre atento a ayudar con los quehaceres de la casa y dispuesto a hacer los mandados. Llegó hasta cuarto grado de primaria y apenas aprendió a medio leer y escribir. “Él garabateaba sus iniciales”, contó a DOMINGO doña Ivette.

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“Hasta que un día ya grandecito se enamoró de una muchacha que se llamaba Flor”, recuerda Elías. Para entonces Barrabás ya rozaba los 15 años y comenzó a fumar cigarrillos.

Las cosas con Flor nunca pasaron a más. Pero Barrabás insistió y hasta la iba a buscar a su casa. En esas andaba cuando lo apuñalaron y casi lo matan. Su familia nunca supo si este episodio tuvo algo que ver con amigos o familiares de la jovencita Flor, pero a pesar del ataque Barrabás logró recuperarse de las heridas.

Luego de eso fue que se dejó ir “profundamente en las drogas”, cuenta su tío Elías.

Chatarrero

Evans Taylor se volvió chatarrero y a la larga un ladronzuelo de todo metal que pudiera comerciar. Sus familiares reconocen que el joven robaba viejas láminas de zinc de algunos patios vecinos para irlas a vender. Cayó preso varias veces y varias veces se les escapó a los policías de Bluefields. Barrabás era escurridizo y rápido, lo que hizo que muchas veces los oficiales saltaran en furia contra él y lo golpearan con las tonfas.

De todas las carceleadas de un par de días y de hasta una semana no hay ni un solo registro, ya que luego de su muerte doña Ivette fue a sacar el récord policial de Barrabás y estos estaban limpios. Como si nunca conoció por dentro la estación policial de Bluefields.

Al ver que el negocio de la chatarra le traía muchos problemas, Evans decidió usar su vieja carreta, con la que cargaba latas y fierros viejos, para acarrear agua.

“En los barcos de pesca nunca van a agarrar a un chavalo que no sabe nadar”, dice rotundo Elías Joseph, por lo que está seguro que a su sobrino la Policía de Bluefields lo mató. LA PRENSA/O.Navarrete

“Se levantaba a las cinco de la mañana y le jalaba agua a los vecinos. Cobraba 10 pesos por cada balde grande”, afirma Mirna Quinn, tía de Barrabás.

En el día se hacía hasta 20 viajes desde el barrio de Fátima hasta el pozo comunal de la Cruz Roja de Bluefields. “Conseguía para comer y para su vicio”, reconoce Mirna sobre su sobrino.

Barrabás fumaba marihuana y luego de su muerte muchos le achacaron otros delitos. Pero su familia lo defiende afirmando que sus pecados eran llevarse de los patios toda lata o hierro oxidado que encontraba y su afición por fumar “hierba medicinal”, a como muchas veces se refirió a la marihuana.

Pero lo del acarreo de chatarra y de agua no fueron los únicos oficios de Barrabas. Fue aprendiz de zapatero, trabajó en la construcción, descargó camiones y fue pescador.

“En los barcos de pesca nunca van a agarrar a un chavalo que no sabe nadar”, dice rotundo Elías Joseph, por lo que está seguro que a su sobrino la Policía de Bluefields lo mató.

Homicidio y omisión

Para el defensor de derechos humanos, Norlan Gómez, lo que pasó con Evans fue un “homicidio en comisión por omisión”. Gómez lleva el caso de Barrabás por parte del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) y no duda de que los policías implicados pudieron salvarle la vida al joven.

Dos días después de su entierro la familia intentó interponer una denuncia primero en el Ministerio Público de Bluefields y luego en la Estación de Policía, pero en ambos casos la remitieron al Ministerio Público de Managua. Por consejos del Cenidh, doña Ivette viajó desde Bluefields hasta Managua para realizar la denuncia, pero la enviaron a la Procuraduría de Derechos Humanos. Estando en la Procuraduría no la acompañaron y ni siquiera le tomaron declaraciones.

“Solo le dieron una esquela y la mandaron de nuevo al Ministerio Público de Bluefields”, denuncia el abogado del Cenidh.

Evans Taylor Williams estaba montado en una panga y se dirigía a Laguna de Perlas, cuando una camioneta de la Policía llegó para capturarlo. Luego de perseguir y golpearlo los oficiales lo dejaron morir. LA PRENSA/CORTESÍA

De vuelta en Bluefields en la estación policial no le quisieron tomar la denuncia y el comisionado mayor Manuel Valle le dijo a doña Ivette que su hijo “se había ahogado”. La señora le respondió que a Evans lo mataron los policías y dio media vuelta.

Finalmente, el martes 24 de septiembre la Fiscalía recibió la denuncia por la muerte de Barrabás. Ahora solo falta esperar a que se inicie una investigación o que el Ministerio no haga nada y se venza el plazo de 20 días que establece la ley. El plazo vence el 14 de octubre.

“Nunca había visto un caso similar”, dice Gómez. El defensor de derechos humanos asegura que si la Fiscalía no responde y se vence el plazo se habrán agotado las vías legales nacionales y es posible que eleven el caso a instancias internacionales.

Los golpes y el hielo

Los policías no se quisieron mojar. El cuerpo de Barrabás fue sacado por un pescador que se acercó con su lancha para tratar de auxiliarlo, pero no llegó a tiempo. La familia afirma que varios de los testigos intentaron saltar al agua para ayudarlo pero la Policía los amenazó con los fusiles de guerra.

Sacaron el cadáver y lo dejaron sobre el muelle y cara al sol durante más de una hora. Eran las 10 de la mañana cuando una vecina llegó a la casa de los Joseph para darles la noticia de que habían matado a Barrabás.
Doña Ivette salió en dirección al muelle, pero ya se habían llevado a su hijo. Hasta las tres de la tarde se lo entregaron. De malos modos, sin practicarle autopsia y visiblemente golpeado.

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Lo encontró bajo una vieja sábana blanca que llevaba escrito a lapicero su nombre. Un brazo fracturado y varias costillas rotas. Se lo llevó a su casa para meterlo en una caja de madera llena de hielo picado.
No había dinero para la formalina que costaba 400 córdobas los dos litros. Los vecinos juntaron para comprar varias bolsas de hielo y así como si de un pescado se tratara lo cubrieron de un manto helado para conservar un tiempo su cuerpo.

Por falta de dinero su familia tuvo que poner el cuerpo de Barrabás en una caja de madera con hielo. Lo velaron dos días. LA PRENSA/CORTESÍA

A las pocas horas el cuerpo de Barrabás comenzó a sangrar de la boca y la nariz. Así estuvo varios minutos mientras le limpiaban la nariz con un pañal de tierno. “Que se haga justicia. Mi hijo no es cualquier perro que mataron”, sigue diciendo doña Ivette.

A pesar de la rústica preparación para que el cuerpo no se descompusiera, a Barrabás lo velaron dos días y dos noches.

La matrona de la casa, doña Ernestina Joseph Piniell, no se recupera de la pérdida. A pesar de sus errores sigue llorando hasta la fecha al nieto que fue a reclamar en 1993 para criarlo como si fuera su hijo. Las ocho tías de Evans Taylor lo recuerdan siempre bromista y que “con todo y sus vicios nunca le hizo daño a nadie”.

Doña Ivette manifiesta que no se va a detener hasta que se investigue la muerte de su hijo. Mientras ella y su hermano Elías afirman que saben los nombres de los tres oficiales que dejaron morir a Barrabás, pero se niegan a dar la información.

En las mañanas del barrio de Fátima uno de los amigos de Barrabás tomó su lugar. Este con la misma carreta y los mismos baldes ahora es quien acarrea agua para todo el barrio y sigue cobrando los mismos 10 córdobas por el servicio.

Sangre en el cuerpo

La familia atribuye la sangre que expulsó de la boca y la nariz el cadáver a la golpiza que recibió Evans Taylor Williams poco antes de ahogarse.  DOMINGO consultó a un médico especialista en autopsias sobre las razones por las que el cuerpo de expulsó sangre durante las siguientes horas a muerte. El médico que pidió guardar el anonimato explicó que el cuerpo de una persona ahogada acumula este tipo de fluidos y que estos son expulsados sobre todo si al cadáver no se le ha realizado una autopsia.

“La sangre sale por la boca, la nariz, las orejas y casi cualquier orificio del cuerpo”, aseguró el especialista que además agregó que cubrir el cuerpo con hielo no evitaría que esto ocurriera ya que el frío lo único que hace es cerrar los poros y ralentizar un poco la descomposición del cadáver.

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