Juicio en la ruta

Llama la atención que el Partido Demócrata haya sido tan tolerante con la actuación ambivalente de Trump a pesar de pertenecer a una esfera opuesta como la del Partido Republicano donde no tuvo figuración tan notable

pluma, escritores, Mario Vargas LLosa

Muchos de los ciudadanos de Estados Unidos no pueden vanagloriarse de tener a un presidente como Donald Trump.

La representación demócrata encabezada por Nancy Pelosi ha hecho pública la decisión de montar, con repique en las voces del Partido, un juicio con la imagen severa de la investigación, paso previo para concretar un proceso de destitución. La iniciativa ha tomado el rumbo frontal en el seno de las autoridades parlamentarias de una nación que se ha distinguido por tener al Congreso como una de las entidades más respetables del mundo

En periodos anteriores en los cuales el Partido Demócrata evidenció su influencia, una mirada matizada con la picardía sexual bastaba para sancionar al presidente. Una gesticulación de esa naturaleza puso a Bill Clinton en los bordes del declive. Todavía trasciende aquel fisgoneo visual y manual del exmandatario que no pudo guardar las prendas del disimulo. Creo que esa travesura que aún nada en las aguas suspicaces de la anécdota tuvo a la par de las imprudencias políticas de Trump, la categoría de un pecado venial. La retina de los ojos lo escudriñó. Llama la atención que el Partido Demócrata haya sido tan tolerante con la actuación ambivalente de Trump a pesar de pertenecer a una esfera opuesta como la del Partido Republicano donde no tuvo figuración tan notable. Tenía la imagen de ser medularmente un acaudalado hombre de negocios, beneficiario de una inteligencia y habilidad propicias para esa lucrativa especialidad. Él se ha caracterizado por superar los límites de la extroversión además de ser autoritario y unilateral en su conducta que no rima con el estilo de los presidentes respetuosos de la Constitución y de la autonomía de los poderes del Estado, un ejecutivo incesante en el bullicio verbal. Un “tapudo” le diría el crudo y libertino gritón de la calle, inclinado a vulnerar la estabilidad en los cargos administrativos y políticos. La misma Pelosi fue en el ayer reciente tolerante en el manejo de los temas relacionados con la inmigración. López Obrador en la cita de otro ejemplo se ha comportado condescendiente ante ciertas posturas concomitantes con la intransigencia que ha lastimado el derecho sagrado de la inocencia.

En la actualidad está salpicando a Trump una comunicación que sostuvo con el presidente de Ucrania. La causa de la investigación es considerar la trascendencia negativa o positiva de la vinculación que tuvo con uno más de los jefes de Estado. Lo que se ventila en la entraña medular es si pidió al homólogo ucraniano investigar a su rival político Joe Biden en la plenitud de la campaña electoral. Lo cierto es que colores opacos ponen precario sol en el ambiente del Ejecutivo.

El autor es periodista.

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