Responsabilidad y riesgo de AC y UNAB

Puede decirse, con total certeza, que elecciones sin la ACJD, y su proceso de unidad con UNAB, carecerían de toda legitimidad nacional e internacional, y no serían solución

monarquía, Ortega

Alianza Cívica (ACJD) y Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB) tienen sus propios dirigentes y voceros, en una impresionante renovación del liderazgo político en Nicaragua que lamentablemente, no ha ocurrido en el FSLN, apropiado por Ortega y su familia. Pero tomé el cuidado de escuchar preguntas y comentarios del público en diversos programas de TV y radio, y pude identificar temas recurrentes sobre la crisis política, que algunos, y solamente algunos, analizo en este artículo.

Se pregunta por la unidad de la oposición, que ciertamente está pendiente. Pero, ¿quién, acaso, podía anticipar el momento del estallido de la crisis? Aún quienes teníamos certeza de su inevitabilidad, no podíamos prever ese momento. Ortega, en su soberbia dictatorial, se había encargado de aniquilar todo esbozo de oposición. En la última elección presidencial, además de llevar a su propia esposa de candidata, su arrogancia excluyó todo atisbo de oposición. La ACJD nació, improvisada, por la Conferencia Episcopal cuando Ortega solicitó el primer diálogo, y la UNAB recién celebró su primer aniversario. Hoy la Alianza es reconocida nacional e internacionalmente como único interlocutor de Ortega, y la convergencia con UNAB es organizativa y crecientemente programática. Puede decirse, con total certeza, que elecciones sin la ACJD, y su proceso de unidad con UNAB, carecerían de toda legitimidad nacional e internacional, y no serían solución. ¿Hemos o no avanzado, partiendo de cero, en estructurar la unidad opositora? La respuesta es, categóricamente, sí.

Reconocido lo anterior, también se pregunta por los partidos políticos, estén o no en la Asamblea Nacional. Al respecto, está pendiente la propuesta organizativa y programática de ACJD y UNAB, que deberá conducir a una alianza más amplia y sólida. Esa propuesta debe avizorar las reformas electorales mínimas para tener elecciones que abran camino a una solución de la crisis, y dentro de esas reformas resulta obvio rechazar la exclusión orteguista, según la cual solamente tienen personería jurídica aquellos partidos políticos que se antoja al dictador. En la exclusión, en economía y política, universidades y alcaldías, campesinos y movimientos sociales, están las causas del estallido de la crisis, y ACJD y UNAB deben desafiarla.

En la misma medida que aumenta la unidad opositora, se incrementa la represión de la dictadura, que sigue dos caminos. Primero, asesinando, encarcelando y hostigando; segundo, sembrando cizaña divisionista en la cual se ve la mano, inmediata o remota, del orteguismo, aprovechando la diversidad generacional, sectorial, política y socioeconómica de la oposición. Pero el pueblo no se deja confundir, y se mantiene firme en que la única contradicción es entre dictadura y democracia, y así actúa, como lo vimos esta semana en Estelí y Masaya, que protestaron con una sola voz pese a la diversidad.

El autor fue candidato a la Presidencia de Nicaragua.

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