¿Regresa el sueño de la Liga A y la Copa Oro o solo es un espejismo de la realidad?

Actualmente, Nicaragua solo necesita ganar sus tres partidos restantes y revertir ese -4 en promedio de goles hasta superar a Surinam para adueñarse de la primera plaza, un objetivo que no es planificado dentro de un cuarto de manicomio

Byron Bonilla se ha convertido en el mejor jugador de Nicaragua. LAPRENSA/ROBERTO FONSECA.

Hay que partir de una premisa: contra Dominica, número 180 en el ranking mundial de la FIFA, se debía ganar sí o sí. No importaba el cómo. Cuando el proceso de Selección Nacional de Henry Duarte estaba en su máximo esplendor y el país parecía despejar hacia otro planeta, el cómo se gestaban las victorias se convertía en lo esencial para medir la evolución, pero ahora que la Azul y Blanco y su estratega tenían un pie en el borde del precipicio, que podían ver la piel a punto de convertirse en cenizas, el resultado era lo más importante.

Ya habrá tiempo para pensar en análisis de planteamientos y de equivocaciones. El ahora solo exige la famosa frase del fallecido entrenador español Luis Aragonés, quien llevó a España a su primer gran título: la Eurocopa y plasmó las bases para el Mundial de Sudáfrica 2010: «El futbol es ganar, ganar, ganar, ganar y volver a ganar». Y el triunfo con una nación inexistente en el mundo del futbol como Dominica fue suficiente para regresar la ilusión de las metas iniciales: la clasificación a la Liga A de Naciones y el boleto a la Copa Oro, esos dos objetivos cobraron fuerza con la victoria 3-1 de la Selección y el empate (2-2) de Surinam –equipo que nos humilló 6-0 en su casa–, contra San Vicente y Las Granadinas.

Actualmente, Nicaragua solo necesita ganar sus tres partidos restantes y revertir ese -4 en promedio de goles hasta superar a Surinam para adueñarse de la primera plaza, un objetivo que no es planificado dentro de un cuarto de manicomio.  La Azul y Blanco es favorita para ganar y golear, el problema es que llegaron al examen en sus dos primeros juegos con el síndrome de la hoja en blanco y el lapicero sin tinta, se convirtieron en una selección carente de todo, hasta de espíritu, perdían las oportunidades, la creatividad estaba engavetada, la seguridad defensiva en el bolsillo y la ofensiva derretida, en fin, eran un conjunto perdido en el desierto de los 90 minutos y, culpa de ello, era de Duarte por los conflictos internos que había generado. Al menos Dominica parece haberlos regresado al camino. O tal vez solo vimos un espejismo de la realidad.

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