Manuel Guillén: “Los tiranos no tienen humor, pero los sapos sí»

El caricaturista de La Prensa, Manuel Guillén, habla sobre el cierre de su suplemento, El Azote, y de cómo está preparando nuevos proyectos en la versión web.

Manuel Guillén, caricaturista de LA PRENSA. LAPRENSA/U.Molina

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En 25 años, esta es la primera vez que el suplemento humorístico El Azote, cuyo director es Manuel Guillén, se dejó de imprimir en estas páginas de La Prensa. La razón fue una de las medidas que tomó la dirección del periódico ante la asfixia que el régimen de Daniel Ortega ha aplicado a La Prensa a raíz de la crisis política que estalló en abril de 2018.

El Azote quizá ha sido el suplemento que más ha durado en los medios impresos en la historia de Nicaragua. Para Manuel Guillén, caricaturista del Diario LA PRENSA y director de El Azote, siente su desaparición como que si fuera un hijo. “Es doloroso, pero sueño con poder volver”, dice vía telefónica desde Miami, donde vive desde hace meses, después de salir de Nicaragua en un autoexilio que él llama “repliegue táctico”.

Para Guillén, el cierre de su suplemento significa “el fin de un espacio de libertad en el país”. Porque El Azote “fue bastante independiente, incluso de la línea editorial del periódico”. De modo que desde estas páginas se criticó a funcionarios del gobierno de Violeta Barrios de Chamorro, siendo dueña del medio, o autoridades de la Conferencia Episcopal o miembros del gran capital nicaragüense.

En esta entrevista, el caricaturista habla sobre cómo ve el humor de Nicaragua, el de sus adversarios, y cómo ha cambiado la perspectiva del país, en la que sus caricaturas para muchos lectores se han quedado cortas, cuando antes se criticaban por su dureza.

¿Qué va a pasar con El Azote?
La versión impresa era casi una muerte anunciada, porque el periódico también está en una etapa muy difícil en la que podría pasar a una edición solo digital. Obviamente esto replantea un gran reto: nos obliga a replantearnos el tipo de plataformas que se va a utilizar. Esto da la ventaja de utilizar otros recursos audiovisuales, como la animación o montajes de mejor calidad, pero esto nos agarra no tan preparados. Sin embargo, nos estamos planteando en el periódico un contenido que se podría ver al inicio modesto pero que podría irse fortaleciendo en un par de semanas.

Algunos miran que más que un proyecto de LA PRENSA, El Azote pareciera “un hijo” de Manuel Guillén. ¿Qué tan doloroso es ver que se acabó?
Así es, es un hijo. Sí es un poco doloroso. No estoy tratando de minimizarlo, porque al final creo que es un reto. Sueño en poder volver, y con un proyecto mucho mejor, con nuevos brillos, nuevos colaboradores. Esto es un punto suspensivo, no lo veo tan trágico. Vamos a tratar de que ese Azote digital llegue a tener la madurez necesaria para que la gente se vuelva a emocionar con él, hasta que retornemos a las páginas impresas.

¿Ha cambiado su método de trabajo desde que estalló la crisis?
Hasta hace unos años, si bien nuestro trabajo tenía seguidores en las redes y en el mismo periódico, la mayoría de la gente estaba un tanto no muy afable con El Azote y con otras caricaturas, porque se estaba viviendo ese romance absurdo con la dictadura: un régimen dictatorial que así lo empezamos a llamar desde su inicio. Entonces a raíz de la crisis de abril la gente empezó a abrir forzosamente los ojos y empezó a darle otra valoración al trabajo de los humoristas y de la caricatura en Nicaragua. Y eso fue muy bueno porque aunque fue un momento traumático nos hizo ver que no solo es necesario, sino que es obligado, en tiempo de crisis, empezar a ver desde otra perspectiva la historia política del país.

Quiere decir que antes de la crisis mucha gente no comprendía o criticaba mucho más las caricaturas que usted hacía porque las sentían ofensivas…
El tiempo nos ha dado la razón, tristemente. Pero sí fue un gran despertar. En aquel entonces, y aunque mi trabajo ha sido cuidadoso en preservar valores familiares, no usar un lenguaje soez, no usar muchos recursos explícitos, la gente criticaba muchas veces lo duras que eran mis caricaturas. Muchos llegaron a decir que eran hechas con el hígado. Mientras que hoy en día para mucha gente me quedo corto. Ese contraste ahora no se entiende porque la gente es más ácida en los medios, y yo a veces me quedo en esa línea de tratar de mantener ese equilibrio.

Manuel Guillén, director de El Azote. LAPRENSA/U.Molina

En una de sus últimas entrevistas con Domingo en 2017 usted describía al régimen de Daniel Ortega con una precisión que en aquel momento pocos creían. ¿Usted sabía que ocurriría lo de abril de 2018?
No lo imaginé, ya ocurría. Lo que hacía nada más era denunciarlo. La persecución al movimiento campesino, los asesinatos políticos selectivos es una realidad de los últimos años. Eso empezó desde los primeros años del gobierno o desgobierno del dictador Ortega. Los que hemos seguido la historia de este país sabemos que el actuar de Ortega y su partido con claros signos de terroristas, han usado la violencia, la extorsión, el chantaje. Solo que ahora lo vemos de una manera descarada y a mayor escala. Esto fue el plan desde el inicio y lo que pasa es que nunca creímos que sucedería una reacción tan espontánea y violenta de los jóvenes, que si algo le criticábamos era que los creíamos casi adormilados y cómodos hasta cierto punto. Y bueno, nos dimos cuenta que había mucha preocupación y amor por la gente. Los jóvenes nos han dado una lección maravillosa. Porque mientras miremos esos ideales en la juventud, vamos a tener esperanza. Ojalá nunca repitamos la historia de estar adormilados y dejando que las cosas se vayan acumulando para que no tengamos una repetición de esto tan espantoso que vivimos.

Ahora mismo usted está en Estados Unidos, sin embargo hace unos meses estaba en Nicaragua. ¿Existe alguna razón por la cual usted se fue del país?
La mayor parte del tiempo que he publicado mi trabajo he estado en Nicaragua. Lo que pasa es que mucha gente pensaba que vivía en Estados Unidos. Hoy en día, por circunstancias obvias, y para tener mayor tranquilidad y posibilidad de crear, hemos hecho un repliegue táctico: un exilio… Yo no tengo deseos de vivir acá (Estados Unidos). Yo particularmente tengo una ciudadanía estadounidense, pero nunca opté por vivir aquí. Yo siempre he vivido en Nicaragua y espero que muy pronto esté de nuevo por allá.

¿Lo estaban persiguiendo?
No puedo decir eso. Pero siempre detractaron mi trabajo y vivía bajo asedio por mi trabajo en el periódico. Pero la razón es obvia: necesitamos libertad total para poder crear y tener un poquito de distancia y saber cómo podemos incidir de una mejor manera, esperando el momento oportuno para regresar y seguir en esa lucha. Yo creo que la caída de Ortega no cambiará totalmente nuestra sociedad; lo que nos va a dejar es un caos, y ahí hay que echarla toda con todos los recursos que tengamos.

Usted dice que estar fuera del país le da distancia, ¿pero cómo se baña de realidad para poder crear y transmitir a los lectores?
Afortunadamente todavía hay medios y han surgido otros medios online que están dando permanente información de lo que está sucediendo día a día. Además de eso, están los grupos por redes sociales de amigos, vecinos, compañeros de trabajo, artista, etc… Uno puede tener suficientes insumos para saber qué está aconteciendo. Tristemente los medios independientes, como tal, son los que están sufriendo el asedio permanente. Y bueno el discurso Chamuco (oficial) es fácil verlo en línea, y así seguirlo de cerca. La falta de información nunca será una limitante para hacer humor. Yo diría que más bien tenemos que ser un poquito selectivos porque hay tanta información. Ahora, mi gran apoyo que es mi esposa, es periodista y conoce esta dinámica, es quien me provee muchas veces de estos insumos, porque ella está monitoreando lo que está ocurriendo en Nicaragua con toda su red de informantes y los diferentes medios.

Hasta hace unos años no tenía redes sociales públicas como su cuenta en Twitter. Sin embargo esta semana hizo una caricatura basada en un tuit de Juan Carlos Ortega, hijo de la pareja presidencial. ¿La incursión a las redes le ha dado insumos para nuevas caricaturas?
Sí, tengo que reconocer que he sido bastante negligente con las redes sociales porque he querido mantener una vida muy privada, muy tranquila. Yo no me siento ni creo que tenga que ser un activista. Probablemente otros artistas o periodistas se tiran más a la labor militante. Yo no creo que debemos ser eso. Pero creo que estar fuera de las redes fue un gran error que voy a enmendar. Por ejemplo, yo tengo una cuenta Instagram que casi nadie conoce y en donde estoy tratando de no poner solo lo político, sino el arte de la caricatura.

¿Siempre hizo humor político?
Es algo que tengo que decirlo: mi intención no fue hacer humor político, sino que fui forzado por las circunstancias que me tocó vivir y lógicamente le agarré el saborcito al asunto. Pero quiero hacer el señalamiento de que el humorista no debe ser un activista político. Y hay que mantener esa línea clara porque yo no ando buscando candidatura ni apuntalando plataformas ni siquiera ideológicas. Si yo entré a este periódico con el cual me casé, es porque mis valores, mi formación, tiene un poco de una sinergia. Mucha gente me ha llamado el caricaturista de la derecha en Nicaragua, porque en LA PRENSA nos catalogan como el medio de la derecha. Si vos has estado ahí un tiempo te has dado cuenta que eso está muy lejos de la realidad. Este es un periódico como cualquier otro que trata de mantener una línea independiente con sus limitaciones y con sus grandes aciertos. Pero que al final los 93 años de historia significan que ha hecho un gran papel. Y me enorgullece saber que 25 años he estado ahí, abriendo surcos, porque no era fácil cuando yo iniciaba, criticar al cardenal, a los obispos y al gran capital. Y eso se ha estado haciendo en el periódico, claro, con algunas limitaciones pero ese espacio es importante.

Cuando usted hace caricatura, ¿pretende hacer una crítica o hacer reír?
Los que siguen mi trabajo lo hacen no tanto porque les voy a sacar una carcajada sino porque es una reflexión de lo que está sucediendo. Obviamente muchas veces, no solo por el tipo de dibujo sino por las circunstancias, es que esa reflexión puede ir acompañada de una sonrisa. Pero básicamente la idea es hacer humor pero manteniendo una posición crítica. Hay artistas que tienden a ser más humorísticos o más artísticos. Yo en sí no trato de buscar el humor como tal, sino hacer una crítica que nos pueda servir para ir señalando errores y aciertos. Mi idea no es solamente sacarte una sonrisa sino que todos podamos reflexionar y pensar sobre una idea.

En las redes sociales oficialistas también se burlan de los opositores. ¿Cree que exista humor en el gobierno?
Creo que los tiranos no tienen humor. Pero el mundo batracio que lo sigue, al final son nicas, y el nica tiene sentido del humor. Fijate que ahora que El Azote cerró me mandaron un tuiter donde un pendejo hizo un video que decía “Va a la verga”, y yo me cagué de la risa. Porque está haciendo humor con la desgracia, con el dolor que para nosotros, que nos tomamos muy en serio nuestro trabajo, estamos enfrentando. Sin embargo, ese humor batracio al final es nica. Probablemente la Chamuca no tiene mucho sentido del humor ni Daniel, tal vez los hijos sí, y se han reído escondidos con alguna que otra caricatura. Los tiranos no tienen sentido del humor pero los sapos sí tienen. Lo que pasa es que son menos, afortunadamente. Y como no les asiste la razón de la historia y el ideal de lucha libertario, su creatividad no llega a ser tan profusa.

Estos nuevos tiempos están marcados por la corrección política en todos los ámbitos. ¿Es más difícil hacer una caricatura actualmente?
Uno de los grandes temores que el caricaturista enfrenta es ¿qué tanto podemos censurarnos? A mí me preocupa más si mi crítica va aportar ante una sociedad que se debate en una crisis de valores. Muchas veces queremos hacer una caricatura que sea políticamente correcta, pero a veces tenemos que ser políticamente incorrectos para que el mensaje llegue. Otras veces queriendo hacerlo, cometemos errores.

¿Qué tipo de errores?
Ahorita se me viene a la mente una caricatura que hice en una portada de El Azote, en donde ponía a Gordo Man (Arnoldo Alemán) como un gánster, con toda su familia y allegados a su gabinete. Y puse un bebé con una ametralladora. Y eso obviamente provocó que casi me linchen. Hubo una avalancha de críticas. Hubo cartas de protesta. El mismo consejo editorial del periódico me hizo el señalamiento. Creo que fue un error porque en una sociedad tan frágil y complicada como la nuestra, donde tenés que ser muy cuidadoso con los valores, muchas veces por el afán de hacer una crítica olvidamos esa sensibilidad en esa sociedad que tiene muchos problemas y no podés ser tan directo. Entonces se tiene que ser moderado y más que autocensurarme es autorregularme. Yo trato de cuidarme de no utilizar un lenguaje soez, y no hacer caricaturas tan explícitas. Y sobre todo ir construyendo a través del humor.

En un país como Nicaragua es muy sensible burlarse de la Iglesia, pero también desde hace años hay una tendencia fuerte del feminismo o el ecologismo. ¿Tiene en mente esto al momento de hacer la caricatura?
Ya he tenido mis encontronazos con el movimiento de la diversidad sexual. Yo hice una caricatura de una mujer en el concurso de Miss Universo que se le veía un bulto ahí abajo, a propósito de la ocasión de que un transgénero participó en el certamen. Fue una caricatura bien sangrona, y puse una frase humorística, que les ofendió a este movimiento. Supe que hasta quisieron hacer un plantón afuera del periódico. Ese tipo de temas controversiales creo que no nos ayudan mucho, y no es que los evite, sino que si hay los elementos necesarios para criticarlos, hay que hacerlo. Lo mismo pasa con el poder de la Iglesia, porque sin que eso sea una campaña, yo por ejemplo, critiqué fuertemente al cardenal Obando y Bravo y algunos obispos de la Conferencia Episcopal. Y hubo mucha resistencia a lo interno del periódico. Pero esos valores, que tienen un fuerte arraigo en la sociedad, no deben ser una cortapisa para criticar lo que debe ser criticable. Ante todo, los obispos y cualquier autoridad religiosa, son ciudadanos, y muchas veces emiten opiniones o acciones que están reñidas con la misma ética y moral de la sociedad. A estas alturas ya vacas sagradas no hay.

Otra de las características de sus caricaturas son los apodos. ¿Tiene nuevos apodos después de esta crisis?
Lo de poner apodo es bien nica. Y he tenido algunos célebres como Piñatín (Daniel Ortega), más recientemente la Chamuca (Rosario Murillo). Mucha gente se ha apropiado de ellos y yo creo que esa es la mayor recompensa que uno tiene. Porque eso surge espontáneamente en una tira y la gente se lo apropia. Durante la presidencia de Enrique Bolaños se me ocurrió llamarle el Churri y después lo llevé a los Hulosos (programa de televisión que dirigió en Canal 2) y fue uno de los personajes que a la gente le gustaba. Van a ir surgiendo y de pronto en alguna caricatura se me ocurre y como recurso lo vuelva a reiterar. Y de pronto “el cura” (él) vuelve a bautizar a otro.

Actualmente los dos grandes referentes de las caricaturas son Pedro Molina y usted. ¿Mira que existan otros caricaturistas jóvenes que vayan a seguir después?
Lo que pasa es que esto tiene que ver con el desarrollo de los mismos medios. Antes teníamos dos grandes periódicos, y de pronto nos vamos quedando con uno que tiende a quedar solo en la edición digital. Entonces, ¿qué aliciente puede haber para un joven dedicarse a la caricatura? Al final el gran reto es vivir de esto. Recientemente he visto que han surgido un par de caricaturistas. En Twitter encontré al CaKo, lo empecé a seguir. Creo que siempre pueden surgir jóvenes que se apasionen por este arte de la caricatura y recojan la estafeta y sigan adelante. Hay mucho talento en Nicaragua, porque nuestra tierra es de artistas.

Actualmente Manuel Guillén vive en Miami. LAPRENSA/U.Molina

Plano personal

Su nombre completo es Manuel Antonio Guillén Collado.

Nació en 1964 y se crió en el barrio Monseñor Lezcano y luego en la colonia 10 de Junio.
Tiene tres hermanas.

Cumplió seis meses en el Servicio Militar como instructor físico, a pesar de que no debió porque era seleccionado nacional de Lucha Olímpica.

Se ha casado en dos ocasiones. Vivió seis años en Estados Unidos, tras ser amenazado de muerte en 2005. Actualmente vive en Miami con su esposa Milagros, y tiene una hija de 15 años de edad.

Además de dibujar, le gusta pintar, esculpir y hacer títeres.

Tiene ciudadanía estadounidense pero dice que ha vivido en Nicaragua toda su vida.

Estudió Arquitectura pero asegura que su pasión por la caricatura lo hizo olvidar dónde dejó tirado el título.

Trabajó en la Tribuna y tiene 25 años de estar en el Diario LA PRENSA.

Fue director del programa de televisión Los Hulosos en Canal 2, en el cual hacía parodias políticas con unos títeres de látex hechos por él mismo.

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