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La fascinante vida de Isabel Barreto, la almirante que fue la Reina de Mares del Sur en el siglo XVI

Protagonizó una hazaña enorme: la expedición que encabezó navegó unas 3.600 leguas marinas, alrededor de 20.000 kilómetros, la mayor distancia recorrida por naves españolas en el siglo XVI. Aquí le contamos

Isabel Barreto estuvo al frente de una de las más largas expediciones marítimas españolas del siglo XVI. Getty Images

Solo hubo una mujer al frente de una expedición naval durante aquellos viajes de descubrimiento y conquista que tuvieron lugar en el siglo XVI.

Esa mujer se llamaba Isabel Barreto, fue marquesa y adelantada de los mares del Sur y la primera mujer que ostentó el título de almirante en la historia de la navegación española.

Protagonizó una hazaña enorme: la expedición que encabezó navegó unas 3.600 leguas marinas, alrededor de 20.000 kilómetros, la mayor distancia recorrida por naves españolas en el siglo XVI.

Atravesó por entero el Océano Pacífico y fue la primera en cruzar ese océano por el hemisferio sur. Y descubrió las islas Marquesas, un archipiélago de la Polinesia.

Sin embargo Isabel Barreto sigue siendo una gran desconocida. Y, por si fuera poco, su figura está oscurecida por densas sombras: se la acusa de haber sido una mujer extremadamente cruel, tanto con los miembros de su expedición como con los nativos de las islas que descubrió.

No se sabe a ciencia cierta dónde nació. Se sabe que vino al mundo en 1567, pero no está claro si nació en la localidad española de Pontevedra, trasladándose de niña a Lima, Perú, o si directamente era limeña.

De lo que no hay duda es de que fue en Lima donde contrajo matrimonio en 1585 con Álvaro de Mendaña, navegante y adelantado español.

Mendaña había «descubierto« 17 años antes las islas Salomón. Un territorio mítico, denominado Ofir en la Biblia. Una tierra llena de tesoros donde se decía que había ríos de oro y de donde se supone que el rey Salomón había sacado las riquezas para construir su fastuoso templo en Jerusalén.

Álvaro de Mendaña y su viaje

Isabel contrajo matrimonio con el navegante español Álvaro de Mendaña, quien descubrió las islas Salomón y pasó por un estrecho que hoy lleva su nombre. Wikimedia Commons

Atraídos por ese oro, Mendaña e Isabel Barreto decidieron embarcarse en una colosal aventura y viajar juntos a las islas Salomón, de las que esperaban regresar ricos.

El 9 de abril 1595 cuatro naves zarparon del Callao, el puerto de la recién fundada ciudad de Lima, para conquistar las islas Salomón y, de paso, explorar la posibilidad de llegar a la Terra Australis Incognita, que más tarde resultaría ser el quinto continente:Australia.

Más de 400 personas componían la flota. La inmensa mayoría, 378, eran hombres, pero también viajaban en esa expedición 98 mujeres.

Isabel Barreto, tan valiente como ambiciosa, también se apuntó a ese viaje.

En busca del oro

No era raro que hubiera mujeres en ese tipo de viajes. La idea es que esas mujeres sirvieran para poblar las nuevas ciudades que se iban a fundar.

«Ya en el tercer viaje de Colón iba alrededor de un centenar de mujeres«, le cuenta a BBC Mundo el hispanista Juan Francisco Maura, profesor en la universidad estadounidense de Vermont y autor, entre otros, del ensayo «Españolas de Ultramar».

Durante tres meses, la expedición navegó por el océano Pacífico en busca de las islas Salomón, tratando de alcanzar la latitud que Mendaña había anotado en su primer viaje.

Pero los instrumentos de navegación eran entonces muy arcaicos. No encontraban las islas y la vida a bordo se hacía cada vez más difícil: los víveres escaseaban y sobre todo el agua dulce, el bien más preciado, estaba a punto de agotarse.

Por fin, el 21 de julio de 1595 avistaron tierra.

Pero no eran las islas Salomón. Mendaña se dio cuenta de que los pobladores de aquel lugar no hablaban la misma lengua que los nativos con los que había contactado en su expedición anterior a las Islas Salomón, y también su aspecto físico era diferente.

Y, sobre todo, allí no había ningún río lleno de oro.

Aquellas islas efectivamente no eran las Salomón. En cualquier caso, Mendaña tomó posesión de ellas y las bautizó islas Marquesas de Mendoza en honor al marqués de Mendoza, el virrey del Perú.

Hoy se las conoce simplemente como Las Marquesas.

Abel Aubert du Dupetit-Thouars (1793-1864) en Tahuata, islas Marquesas, dibujado por Maximilien Radiguet-Rene (1816-1899), 1842.

Abel Aubert du Dupetit-Thouars (1793-1864) en Tahuata, islas Marquesas, dibujado por Maximilien Radiguet-Rene (1816-1899), 1842. DEA / J. L. CHARMET/Via Getty Images

Los marqueses de las Salomón

La expedición se hizo de nuevo a la mar.

Durante dos meses más siguieron navegando por esos mares desconocidos, en durísimas condiciones de salubridad e higiene.

La vida a bordo cada vez era más insoportable. Y muchos tripulantes empezaron a poner en duda la capacidad y autoridad de Mendaña.

Para colmo la Santa Isabel, una de las cuatro naves que habían zarpado del puerto del Callao, desapareció un día en mitad de la noche y nunca se volvió a saber nada de ella ni de sus pasajeros.

En septiembre de 1595, cuando estaba a punto de desencadenarse un motín a bordo, la expedición avistó por fin una nueva isla a la que Mendaña llamó Santa Cruz.

El adelantado pensaba que había vuelto a equivocarse, sin embargo esta vez sí que habían llegado a las islas Salomón, concretamente al extremo sur de las mismas y en particular a una isla que actualmente se llama Nendö.

islas salomón

Cuando llegaron a las islas Salomón, Mendoza pensó que habían vuelto a equivocarse. Getty Images

Medaña decidió desembarcar y fundar allí algunas ciudades, incluida la de Santa Isabel, así llamada en honor a su esposa.

Don Álvaro y doña Isabel se convirtieron también en marqueses del Sur, aunque sus posesiones en aquellas tierras se limitaban a cuantas cabañas. Allí tampoco había oro.

La vida fue muy complicada desde el principio.

No solo había enfrentamientos con los nativos y excesos contra ellos, sino que también surgieron conflictos entre los propios navegantes, cansados de las duras condiciones de vida que tenían que soportar y decepcionados por la total ausencia de oro.

Los ánimos estaban cada vez más encendidos.

Y entonces llegó la fiebre: probablemente, una epidemia de la malaria.

Una mujer al frente

En un solo mes murieron 47 personas, incluido Álvaro de Mendaña.

Pero antes de morir Mendaña nombró a su esposa, la marquesa del Sur, heredera de todos sus bienes, su sucesora como gobernadora de esas islas y adelantada de la expedición.

Por primera vez en la historia de la conquista española, una mujer estaba al frente de una expedición naval. Porque el adelantado es jefe de la expedición, la máxima autoridad, un grado que equivale al de almirante.

¿Cómo ejerció Isabel Barreto su autoridad al tener en sus manos las riendas de esa expedición?

Según el navegante portugués Pedro Fernández de Quirós, piloto mayor de aquella expedición, la adelantada trataba con una crueldad inhumana a las personas bajo su mando.

Pedro Fernández de Quirós

El navegante portugués Pedro Fernández de Quirós dijo sobre Isabel Barreto que tenía «carácter varonil». Creative Commons

«De carácter varonil, autoritaria, indómita y despótica«, la describió Quirós, quien aseguraba que la expedición había logrado salir adelante gracias a él.

No se sabe si esa versión es verdad o si forma parte de una campaña de desprestigio que el piloto mayor habría emprendido contra Isabel Barreto para tratar de quedarse con su puesto.

De hecho, y con el objetivo de hacerse con el mando de la expedición, se cuenta que Quirós instigó varias rebeliones tanto a bordo como en tierra.

Se cuenta, por ejemplo, que fue el responsable del asesinato de varios nativos de las islas Salomón, buscando con esas muertes que la población local se alzara contra Isabel Barreto.

A pesar de que es el relato de Fernández de Quirós el que ha perdurado hasta hoy, muchos lo cuestionan y muestran a Isabel Barreto como una auténtica heroína.

«Demostró unas excepcionales dotes de mando y la dureza que se requería para someter a la obediencia a hombres rudos y aventureros», señala el hispanista Juan Francisco Maura.

«Muy bien sabía doña Isabel que si no provocaba cierto miedo en los marineros y soldados, difícilmente podría mantener esperanzas de llegar viva a puerto. No creo que existiese otra posibilidad teniendo en cuenta la situación límite por la que estaban pasando».

Una travesía trágica

La situación era tan insostenible que la expedición decidió abandonar la isla de Santa Cruz.

La flota puso rumbo hacia las islas Filipinas, entonces bajo dominio español. La travesía hasta Manila fue de nuevo una pesadilla: muchas personas murieron a causa de las fiebres y del escorbuto.

Un segundo barco con todo su pasaje se perdió. Y un tercer barco, el San Felipe, se separó de la nave capitana, pero logró llegar tiempo después a Mindanao, la segunda isla más grande del archipiélago de las Filipinas.

El 11 de febrero de 1596 el galeón San Jerónimo arribó finalmente al puerto de Manila, 10 meses después de haber zarpado del Callao.

Quedaban a bordo menos de 100 personas de las más de 400 que habían iniciado travesía, a las que habría que sumar otras 40 que sobrevivieron en el San Felipe.

Pero habían logrado una gesta increíble: habían recorrido la mayor distancia surcada por naves españolas en el siglo XVI: unas 3.600 leguas marinas, alrededor de 20.000 kilómetros.

Tahuata, Polinesia francesa

Para llegar hasta las islas Marquesas, los navegantes tuvieron que recorrer cerca de 20.000 kilómetros. Sylvain GRANDADAM/Getty Images

Habían sido los primeros en cruzar el Océano Pacífico por el hemisferio sur. Y habían regresado con la certeza de la existencia de un quinto continente, Australia, al que entonces bautizaron como Australia del Espíritu Santo en honor a Felipe III de España, rey de la casa de los Austria.

Ante todo eso, la adelantada de los Mares del Sur fue recibida en Manila como una heroína.

Tres meses después de su llegada a Filipinas, Isabel volvió a casarse; contrajo nupcias con Fernando de Castro, un hombre emprendedor.

Y aunque la que la Reina de los Mares del Sur nunca regresó a las islas de las que era marquesa, ella y su nuevo esposo navegaron de vuelta al Nuevo Mundo en un viaje arriesgado en el que tuvieron que afrontar varias grandes tormentas.

Pero, a su regreso a Perú, lograron haceruna fortuna vendiendo los exquisitos productos orientales que habían comprado en Filipinas, y entre los que se encontraban suntuosas sedas de China.

La única adelantada de la historia murió en 1612, a los 45 años, en Castrovirreyna, una población minera de Perú donde su marido era gobernador.

Se sabe por el testamento que dejó que había logrado su sueño de ser una mujer adinerada; poseía 11 esclavos y numerosas joyas y objetos de valor. Y dejó ordenado que el convento de las Clarisas de Lima dijera por ella 2.000 misas en los seis meses siguientes a su fallecimiento.

«Lo que se sabe sobre ella aún es muy superficial y se basa en el retrato muy negativo que hace de ella el portugués Pedro Fernández de Quirós», dice Juan Francisco Maura.

«Pero estoy seguro de que en diferentes archivos españoles, en Filipinas y en Perú debe haber información sobre ella que todavía no se ha investigado».

«Yo desde luego la admiro. Es cierto que debía de tener muchísimo carácter, pero fue un personaje formidable«.


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