Zona de Strikes: Se le movió el piso a Jonathan Loáisiga

Jonathan Loáisiga no pudo cumplir la misión asignada por los Yanquis ante los Astros y tras regalar dos bases por bolas, fue retirado del box

Los Guantes de Oro, beisbol

Edgard Rodríguez C.

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Un día después de mostrarse como un lanzador prodigioso, con todo el equipaje para convertirse en estrella, Jonathan Loáisiga sintió que el piso se movía bajo sus pies y no pudo mantener el equilibrio, algo que al final tampoco lograron los Yanquis, vencidos 3-2 por los Astros en 11 episodios.

Actuando por primera vez en un juego con escaso margen de maniobra en esta postemporada, el pinolero pareció intimidado por la misión encomendada y no pudo salir a flote, mientras heredaba una situación comprometida que obligó un trabajo de orfebrería del veterano zurdo J. A. Happ.

Loáisiga fue traído para trabajar ante el corazón del ataque de los Astros en el décimo episodio, con un out y la pizarra empatada 2-2. Y en lugar de mostrar el carácter que suele acompañar su prometedor talento, el nica llegó sin puntería y tras dos bases por bolas, fue retirado de la colina.

Los partidos de postemporada se juegan con una emotividad superior y en medio de una presión que asfixia y al menos en esta ocasión, Jonathan no pudo cumplir la tarea asignada, que era contribuir a sostener la paridad en la pizarra de un partido complicado por la escasez de carreras.

Loáisiga envió cuatro bolas malas seguidas a José Altuve. Tres de ellas fueron curvas y una recta de cuatro costuras. A Alex Bregman lo trabajó con curvas y rectas de dos costuras y se puso atrás 0-3, antes de enviarle dos strikes seguidos y terminar con la base después. Ahí acabó su trabajo.

Es decir, el nica lanzó siete bolas seguidas antes de poner su primer strike. Y en un partido como el de anoche, sin espacio para titubeos, el mánager Aaron Boone lo retiró para traer al zurdo Happ y enfrentarlo al también zurdo Yordan Álvarez, quien fue ponchado en medio de la angustia.

Happ resolvió la dificultad dominando a Yulieski Gurriel y salvó a Loáisiga de una derrota que ya parecía inminente, antes de tolerar el trancazo de Carlos Correa que dejó a los Yanquis tendidos en el terreno 3-2 y desató una locura total entre los 43,359 fanáticos el Minute Maid Park de Houston.

Ante esta circunstancia, lo más sencillo es criticar a Loáisiga y poner en tela de juicio su carácter y capacidad de respuesta en el momento cumbre de un partido, pero una mala salida la tienen hasta jugadores establecidos. De modo que un joven está más expuesto a ser paralizado por los nervios.

Ya habrá tiempo para ver el retorno de Loáisiga, un joven a quien expertos consideran dueño de un envidiable material y de un futuro prometedor, pero que, como cualquier ser humano, está expuesto a fallar y a ser sometido al escrutinio, a veces severo, de algunos fanáticos, impulsados por la inmediatez.

Quizá lo esencial, es que los Yanquis confían en él. De otro modo no habrían puesto en sus manos un partido que estaba en línea como el de anoche, 2-2 en el décimo episodio. Y a la vez, Loáisiga confía en sí mismo, a pesar de que este domingo se le movió el piso y tuvo una mala actuación.

Lo positivo en medio de todo, es que las mejores lecciones para el aprendizaje suelen venir de los tropiezos, más incluso que de los triunfos. Así que ahora Jonathan tendrá ajustes que hacer antes de regresar a la colina en esta serie que ha sido de una intensidad tal capaz de envolver a cualquiera.

Este lunes hay pausa en la Serie de Campeonato de la Liga Americana, que se reanuda el martes en el Yankee Stadium con Luis Severino enfrentando a Gerrit Cole en una noche que podría resultar amarga para los bateadores, pero que podría ser decisiva para el curso de la batalla por el boleto a la Serie Mundial.

Edgard Rodríguez en Twitter: @EdgardR

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