Después de 40 años, Ortega repite otra tragedia económica y estas son las consecuencias para los nicaragüenses

Nicaragua con la recesión más prolongada desde la década de los ochenta, no vista ni en la era de la dictadura de Somoza, según registros oficiales. Estas son las consecuencias y así te está afectando, según economistas

Daniel Ortega

Daniel Ortega a su llegada a la Plaza La Fe, este viernes 19 de julio. Foto tomada de El 19 Digital

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Después del derrumbe de la economía en la década de los ochenta, la actual recesión ya pasó  a la historia como la segunda crisis económica más  severa y trágica desde finales de los ochenta. Aunque el Banco Central aún no lo admite, las actividades económicas acumulan ya 14 meses consecutivos de contracción, superando los 12 meses experimentados en el 2009 cuando se recibió el impacto de la crisis económica global.

Nicaragua cayó técnicamente en recesión hace exactamente un año, en octubre 2018, luego que durante dos trimestres consecutivos las actividades económicas se contrajeran, un resultado económico imprescindible para determinar el tránsito del crecimiento hacia ese estado, según han definido economistas.

La última vez que Nicaragua conoció sobre los estragos de una recesión fue en 2009, pero con impacto limitado y que condujo a que el Producto Interno Bruto (PIB) cayera 3.3 por ciento, por debajo del 3.8 por ciento de contracción en 2018.

La recesión de 2009 fue rápidamente superada en el 2010, lo que permitió que el PIB creciera 4.4 por ciento, un hecho que no se repetirá en la crisis actual, porque tanto las proyecciones oficiales como las de centros de pensamiento independientes y de organismos financieros internacionales apuntan a otro año funesto, este y el otro año.

En el mejor de los escenarios (la proyección oficial) la caída del PIB será del 2 por ciento y en el peor de los casos (economistas independientes) se baraja una merma de -8.7 por ciento este año.

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Según registros históricos del Banco Central de Nicaragua, la última vez que la economía nicaragüense experimentó reducciones tan prologadas como la actual fue en la década de los ochenta e inicios de los noventa, lo que convierte a la recesión actual en la segunda peor desde 1990.

Después de varios meses de secretismo, el presidente del Banco Central, Ovidio Reyes, reapareció la semana pasada con tasas de caída de entre 3.5 y 4.5 por ciento, para aspirar a una recuperación débil hasta en 2020, algo que no comparte el Banco Mundial (BM), que prevé una reducción de 0.5 por ciento, tras un retroceso de 5 por ciento.

Si se cumplen los pronósticos del BM al término del próximo las actividades económicas acumularán 32 meses en negativo desde mayo del 2018, con efectos devastadores en el empleo y la inversión.

En la década de los ochenta, bajo el dominio del Frente Sandinista, Nicaragua sufrió duros racionamientos. LAPRENSA/ARCHIVO

Ni en los tiempos de Somoza

La recesión actual no se vio ni siquiera durante la última etapa de la dictadura de Somoza. Entre 1961 y 1978, según los únicos registros del BCN, solamente dos veces cayó la economía (1975 y 1978), en el último año principalmente por aires de guerra inducidos por el Frente Sandinista para derrocar al tirano.

La tragedia económica (2018-2020) no sería mayor sino fuese porque Nicaragua sigue siendo «la economía más atrasada de la región centroamericana y el segundo país más pobre de América Latina», afirma el sociólogo Óscar René Vargas, quien asegura que el país se ahorraría muchas más problemas a la vista  «si el actual gobierno asumiera su incapacidad que no tiene la posibilidad de resolver la recesión sin una salida política a la crisis sociopolítica».

Aun reconociendo los logros en la reducción de la pobreza de los últimos años, el Banco Mundial sintetiza el estado de la economía de Nicaragua en el mundo así: «Nicaragua es uno de los países menos desarrollados de América Latina, donde el acceso a los servicios básicos es un desafío constante».

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Pero ¿quiénes  han sido las víctimas de la recesión económica prolongada? ¿Está Nicaragua rumbo a una depresión como en los ochenta? ¿Qué consecuencia ha tenido para los hogares esta crisis? ¿Por qué la economía sucumbió rápidamente pese a varios años de crecimientos que pregonó el régimen de Ortega desde su llegada al poder en 2007? ¿Cuánto más puede aguantar la economía?

bares y restaurantes
La crisis que vive el país, más las reformas fiscales y al INSS han golpeado severamente a los bares y restaurantes. LA PRENSA/R. FONSECA

Turismo, comercio, inversión…

A nivel interno, según un economista que pide no ser citado, el consumo e inversión son las principales víctimas de la recesión prolongada. Y por el lado de la demanda externa por servicios, es el turismo, cuya afectación califica como «devastadora», aunque los números de cierre de 2018 del Instituto Nicaragüense de Turismo intenten maquillar ese golpe.

La reducción de la demanda interna, que ha impactado principalmente el comercio, la intermediación financiera y la construcción, además de debilitar aún las perspectivas de inversión privada, según el economista, también ha provocado un aumento del desempleo, que a su vez genera una especie de sensación precautoria de los hogares.

La Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides) prevé que este año la tasa de desempleo abierto se ubique en entre 7 y 7.4 por ciento tras situarse en 5.5 por ciento el año pasado. Funides proyecta que la economía caiga entre 5.8 y 6.4 por ciento, un porcentaje casi similar al cinco por ciento que estima The Economist Unit Intelligence.

De concretarse esas previsiones «esto la convertiría también en la caída más pronunciada desde 1990», ataja el economista.

El exdirector regional del BCIE para Nicaragua, Róger Arteaga agrega a otra víctima de la crisis: la industria, principalmente por cuando el régimen de Ortega decidió aplicar este año reformas tributarias confiscatorias, que le quitó al sector liquidez para poder seguir produciendo.

A criterio de Arteaga la industria extractiva podría ser el sector que mejor librado ha sido de la recesión, «porque los extractores en las minas continuaron sacando su oro y lo siguieron exportando»

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El costo social de la recesión

La extensión de la recesión económica no solo ha precarizado aún más los ingresos de los hogares empobrecidos sino también de la clase media, que ha sido blanco del régimen para obtener recursos adicionales para afrontar la caída de sus ingresos tributarios.

El sociólogo Vargas lo resume así: «La situación financiera de las familias de la clase media es muy frágil: ingresos que no han subido tanto y han bajado mucho, un consumo que crece más que la renta y deudas todavía importantes; todo ello se ha agravado (con la recesión) según desciende el nivel de renta del hogar».

En el caso de los pobres, Vargas indica que la situación se ha complicado más porque son los que más han perdido con la recesión, debido a la fragilidad de estos que fueron los que menos mejoraron sus condiciones antes de abril de 2018.

De hecho el Banco Mundial alertó la semana pasada que la crisis política ha tenido un alto costo social y económico y advirtió que la pobreza entre 2016 y 2019 habrá aumentando tres puntos. Recordó que hasta el 2016 la pobreza general había caído, según cifras oficiales,  a 24.9 por ciento, es decir que rozaría el 28 por ciento.

Vargas señala que la vulnerabilidad de las familias se agrava por la creciente incertidumbre y porque  la crisis estalló en momentos que «los mecanismos de subsidios sociales se han reducido o desaparecieron por completo y ahora suman el lastre de la depresión».

reforma fiscal
Las autoridades económicas mantienen ocultas las estadísticas que reflejan cuál es el estado de la recesión.  LA PRENSA / Archivo

La incertidumbre, la peor enfermedad de la actual recesión

Y es que a la falta de una salida negociada a la crisis política, que pondría allanaría el camino a la recuperación económica con mayor rapidez, la dictadura ha enfermado más la economía agregando una fuerte dosis de incertidumbre entre los agentes económicos.

El economista recuerda que «las instituciones públicas que debían proporcionar (en medio de la recesión) seguridad, estabilidad, confianza y certidumbre. a la ciudadanía y los agentes económicos, se habrían convertido en fuentes de inestabilidad, inseguridad, imprevisibilidad y temor».

La elevada incertidumbre, agrega, ha ocasionado que la inversión privada se derrumbe,  «debido a que los inversionistas no arriesgarán inmovilizar importante quantum de recursos por un periodo indeterminado mientras no exista un mínimo de certidumbre y previsibilidad sobre lo que podría ocurrir».

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Pero además «los hogares tienden a asumir un comportamiento precautorio, y reducen su gasto de consumo a lo que consideran más indispensable».

El régimen de Daniel Ortega espera, aún en medio de la crisis política y creciente incertidumbre, la llegada de 600 millones de dólares en inversión extranjera directa, muy por debajo de los 1,500 millones de dólares antes del estallido de la convulsión social.

De hecho, el expresidente de la Cámara de Comercio Americana (Amcham), Róger Arteaga afirma que tal es la incertidumbre que se desconoce cuánto más pueda aguantar la economía en el terreno negativo «porque la solución de esta crisis está en manos de dos personas, que se han empecinado en mantenerse en el poder.

En Nicaragua la informalidad se incrementó el año pasado y ahora esta tasa se ubica en más de 75 por ciento, cuyos empleos son de baja calidad y remuneración precaria. LAPRENSA/ARCHIVO

Economía ya era frágil…

Pero ¿por qué casi 10 años de crecimiento económico sucumbieron rápidamente al estallido social y los pronósticos apuntan a un aumento de la pobreza rápidamente?

A criterio de especialistas la economía de Nicaragua nunca estuvo preparada para soportar una prolongada recesión como la actual. Y por eso hoy los «logros» de este Gobierno caen al suelo como un castillo de naipes. El mejor empleo de ello es el mercado laboral.

«Lo cierto es que el crecimiento económico entre 2007-2017 no ha colaborado en superar la precariedad de nuestra estructura productiva, porque el crecimiento ha sido más intenso precisamente en ramas que no emplean trabajo cualificado ni aportaron altas productividades en el sector agropecuario», dijo Vargas.

Y por eso, siete de cada diez nicaragüenses está en empleos informales hasta nuestros días. «La fragilidad laboral que se evidenció a partir de 2018, la facilidad con la que se destruyeron puestos de trabajo y las malas condiciones en que quedaron las personas desempleadas, han empeorado la desigualdad y la pobreza», lamenta.

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Según datos de Funides cerca de 150 mil empleos formales han sido destruidos por la crisis política, a los cuales se sumarían este año entre 49 mil y 61 mil.

Sobre este planteamiento, Arteaga asegura que desde 2007 en Nicaragua hay retrocesos en  la producción, el consumo, en el desarrollo financiero, todo eso reflejado en la caída de la productividad, lo que ocasiona que el país no logre mayores índice de desarrollo, que acabarían con mayor celeridad de la pobreza.

Los bancos recuperan la cartera de crédito, pero no la vuelven a recolocar. LAPRENSA/ARCHIVO

¿Se normaliza la crisis?

En medio de los estragos que la recesión a hecho en todos los agentes económicos y tras casi dos años en crisis económica, a criterio del economista la actual se ha entrado en un proceso de normalización de la misma. Es decir la gente se está adaptando a la nueva realidad económica, sin crecimiento e incertidumbre creciente, tal como lo advirtió  The Economist Intelligence Unit.

«Si los agentes económicos comienzan a adaptarse a esta nueva realidad política (aunque no sea de su agrado), la economía puede comenzar  eventualmente dejar de caer y recuperarse poco a poco, aunque sea débilmente. Todo lo que se requiere es una relativa (subrayo relativa) estabilidad política, ausencia de choques externos fuertes y de enfrentamientos violentos, dándole cierto respiro a la economía», afirma el economista.

Un signo claro de ese proceso de «normalización» es la estabilización de la salida de depósitos bancarios y las reservas internacionales, además la brecha cambiaria ha empezado a ceder en su ensanchamiento, alejando los temores de una devaluación incontrolable del córdoba frente al dólar. Además Hacienda entre agosto y septiembre ha comenzado a colocar bonos, cuando hasta junio apenas había logrado vender el 2 por ciento de sus papeles bursátiles entre inversionistas.

Esto a criterio del economista tiene un costo entre quienes exigen una transición democrática: «De profundizarse esta tendencia, esto contribuiría a debilitar la influencia de quienes se
mantienen resistiendo al gobierno. La apuesta del gobierno es, precisamente, que dicha
tendencia se profundice».

¿No hay consenso sobre depresión?

En lo que no hay coincidencia entre los economistas es si la recesión ya comenzó a tocar fondo y ahora habría una especie de rebote, o si a como señalan algunos opositores se está entrando en un proceso de depresión, que conduciría a la economía en una venezolación.

La falta de estadísticas no permite a los economistas tener claridad si habrá depresión, aunque aseguran  hay riesgos que empujan a la economía hacia ese estado.

La recesión ha debilitado de manera importante la economía, y todavía existen riesgos apreciables que podrían empeorar la situación y los pronósticos económicos». El economista, que prefiere no ser citado.

El sociólogo Vargas señala que «la recesión económica es un hecho y hay factores externos que amenazan con agravar la situación. Sobran motivos para tener la preocupación si se podrá seguir recibiendo los préstamos futuros al mismo nivel de años anteriores».

Además recuerda que los «vientos de cola» que sirvieron para que la economía se mantuviera creciendo en la última década algunos están apagándose, principalmente los relacionados con la inversión extranjera directa, el dinero venezolano, el acelerado endeudamiento externo, la cooperación multilateral y bilateral, entre otros.

En lo que tampoco existe consenso en cuándo realmente establecer que Nicaragua ya cayó en depresión.  Al respecto, el economista explica que algunos especialistas plantean que «se está en presencia de una depresión, cuando se produce una caída sostenida y profunda de la economía por un periodo de tres años o más. Otros consideran que una depresión se produce cuando la economía muestra una caída de 10 por ciento o superior. Venezuela ha superado con creces esos estándares».

Arteaga está convencido que Nicaragua caerá en depresión, y tras ese colapso Ortega deberá ceder porque le será difícil sacar a la economía de ese estado.

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