O hay elecciones libres o no hay elecciones

Tenemos que ver las elecciones como lo que son: la última esperanza para decidir de forma pacífica si en Nicaragua se queda una dictadura o comienza a restablecerse la democracia

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Elecciones

Sean adelantadas o en el 2021, las próximas elecciones serán el momento decisivo para Nicaragua. El punto de quiebre. Solo hay dos opciones: o hay elecciones libres y trasparentes o no las hay.  Esta vez no caben  para nada aquellos argumentos de “vamos a sepultarlos con una montaña de votos de tal forma que perderán aunque hagan fraude”. O “no podemos perder la personería jurídica” o “en política espacio que no se ocupa es espacio que se pierde”. Patrañas. Con estas patrañas es que se forjó la dictadura. Casi tanta responsabilidad tienen aquellos que se robaron los votos, como aquellos que legitimaron los fraudes con su participación en procesos que ya  se sabía estaban diseñados para que Daniel Ortega decidiera quién sacaba cuánto.

Pecados

El pecado, por lo menos reconozcamos eso ahora, está en aceptar las reglas chuecas para competir sin darle a la gente posibilidad alguna de elegir. Luego, aceptar solo los resultados que les favorecen de ese proceso viciado y denunciar como fraude los que no. O sea, hubo fraude pero resulta que los diputados que a ellos les asignaron si resultaron electos de votos limpios y, solo los que sacó Daniel Ortega son fraudulentos. No. El proceso está tan podrido que ya no deja lugar para votos limpios. Los votos o escaños que saquen los opositores son el premio de consolación que Ortega otorga por participar en sus juegos electorales.

Desconocido

Entonces vienen y dicen: ¡Vamos a dar la lucha desde adentro! ¿Se acuerdan? ¿Cuál lucha? Que me diga alguien para qué han servido esas bancaditas opositoras que Ortega ha dejado en tal número que no puedan decidir nada. Sirven, insisto, solo para legitimar procesos fraudulentos. Si los partidos que han querido disputarle de verdad el poder a Ortega se hubiesen amarrado los pantalones y el propio día de las elecciones, antes de que salgan con sus resultados de comedia, desconocen el proceso por las evidentes faltas de condiciones, retiran a toda su gente de los centros y juntas, o sea, dejan a Ortega y los suyos votando solos, a estas altura tendríamos un Daniel Ortega tan desconocido como presidente de Nicaragua como los es Nicolás Maduro en Venezuela.

Mismos resultados

Obviamente, Daniel Ortega quiere llegar a noviembre del 2021 en las mismas condiciones que llegó a las otras votaciones que siempre ganó. Es por ello que no quiere ceder nada, y busca cómo mantener el control a punta de represión, que  es lo único que le queda ya. Tiene el Consejo Supremo Electoral y sus redes intactos, tiene a los paramilitares que le orientaran a su manera  por quién debe votar y por qué no debe reclamar si ve cosas raras en las cuentas de los votos. Quisiera la misma oposición que siempre lo ha acompañado. Y si es posible, los mismos observadores, como aquel Wilfredo Penco, que solo linduras vio. Quiere lo mismo de siempre para tener los mimos resultados. Y esa es su batalla.

Dictadura versus democracia

Así que, podemos ver las próximas elecciones como siempre: un  juego donde uno gana y otros se dejan ganar. Podemos verlo como una disputa ideológica.  Derecha o izquierda. Liberales y sandinistas. Y desde ahí defender todo lo que los míos hacen y condenar todo lo que los otros hacen. Aunque hagan lo mismo. Exigir pureza ideológica. Y dividirnos en mil. O podemos ver las elecciones que viene como lo que son: la última esperanza para decidir de forma pacífica si en Nicaragua se queda una dictadura o comienza a restablecerse la democracia. Y establecer una unidad basada en una solo premisa: quien quiera una  dictadura con todo lo que ello implica, que se coloquen de aquel lado de la raya, y los que quieren democracia, con todo lo que trae, que se pongan de esta. Punto.

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