Félix Maradiaga: «Sería vergonzoso ir a elecciones con una boleta manchada de sangre»

El opositor Félix Maradiaga habla sobre sus aspiraciones políticas, la transición del poder y el futuro del país con grupos paramilitares

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Horas antes de que realizáramos esta entrevista dañaron el medidor de energía eléctrica de la casa en la que nos recibió Félix Maradiaga. De manera que gran parte de la conversación se realizó a oscuras, apenas alumbrados por las luces de unos celulares.

“He tomado la decisión personal de pasar una vida clandestina, y creeme que no soy ni el único ni el que está asumiendo mayores riesgo”, dice Maradiaga, quien llegó a esta casa en la mañana del viernes, y horas después encontraría sin energía la vivienda. “No quiero ser paranoico pero lo mejor es que salga lo más rápido posible de aquí porque el medidor fue dañado a propósito”, dirá un par de horas después.

Maradiaga vive clandestino en Nicaragua. Aunque varios de los excarcelados políticos u opositores que han regresado del exilio circulan por el país: entran y salen con aparente libertad por el aeropuerto, este opositor que le gusta llamarse “un autoconvocado más” tiene su casa, cuentas y otros bienes congelados. A sus familiares o allegados más cercanos los han acosado y a algunos los han obligado a irse al exilio.

Para esta entrevista, supimos la dirección del lugar media hora antes de lo acordado. Es conocido un video en que Maradiaga denuncia que motorizados siguen su vehículo después de que salió de un canal de televisión nacional al que dio una de sus primeras entrevistas, y el pasado fin de semana su vehículo fue retenido varias veces mientras se dirigía a Ocotal, con el excarcelado Edwin Carcache y Valeska Valle, ambos miembros de la Alianza Cívica.

Maradiaga dice que regresó a Nicaragua con la convicción de ayudar a formar una gran coalición opositora que esté preparada para tomar el poder en el país, ya sea por elecciones o ante cualquier desmoronamiento del régimen de Ortega que deje “un vacío de poder”. Sobre este tema habla en esta entrevista, pero también de sus aspiraciones políticas, la transición del poder y el futuro del país con grupos paramilitares.

Ustedes que van a foros internacionales a denunciar la represión, ¿cómo explican que vivamos bajo una dictadura mientras los opositores entran, salen y circulan sin ningún problema en el país?
La estrategia del régimen es clara: ellos saben que no pueden seguir cometiendo los crímenes de estado a plena luz del día, a como venían haciendo, porque eso les ha costado la denuncia internacional y una serie de sanciones. La nueva estrategia consiste en aparentar normalidad y eso es lo que explica que no vas a ver ninguna detención al entrar o salir del aeropuerto o policías uniformados en plena ciudad persiguiendo a algunos de los opositores más visibles. Sin embargo, se están usando los aparatos parapoliciales y los fanáticos, como un mecanismo para amedrentar, asediar e impedir la libre movilidad de los opositores.

¿Cómo se encuentra su situación particular en el país?
Yo he tratado, lo máximo posible, de no hablar de mi caso, porque para serte directo: todos los días me despierto muy apesarado cuando recibo mensajes sobre la persecución que están sufriendo los campesinos del norte de Nicaragua y los invisibles, las personas más vulnerables que no tienen acceso a los medios. Y esa situación nos hace sentir culpable cuando hablamos de nuestra situación personal, porque sabemos que hay un asedio muchísimo más intenso en las comunidades rurales. Pero vos sos testigo que no estamos hablando en mi casa, hemos tenido que hacer medidas de seguridad a las que lamentablemente hemos tenido que estar sometidos. Pero eso, lejos de atormentarme, me ha fortalecido más espiritualmente y me ha convencido de que estamos en un estado criminal. Y lejos de empujarme al exilio, me ha llenado de convicción.

Mucha gente dice que detrás del retorno de usted y otras personalidades que estaban en el exilio hay algo “arreglado” y que no quieren decir a la población. ¿Esto es así?
Ante la suspicacia respondería que son naturales, porque venimos de una situación política histórica de poca transparencia, que han actuado de espaldas al pueblo y es normal que haya sospecha. Lo que te puedo decir es que no hay ningún arreglo, ninguna garantía para los que hemos regresado. Pero sí considero que ya se había avanzado en la fase de presión internacional en la que yo fui parte y ahora me toca venir a Nicaragua a ayudar al proceso de construcción de la gran coalición y promover la unidad. He venido como un autoconvocado más a ponerme a la orden de los amigos de la oposición que estaban trabajando bajo condiciones difíciles y necesitaban que se le echara un hombro.

Sabemos que está pasando muchos riesgos personales, ¿hasta dónde está dispuesto a asumir?
Yo ya estoy de lleno en esto. Al igual que miles de nicaragüenses me he consagrado en esta lucha, y estoy dispuesto a jugar el papel donde pueda agregar más valor. El mayor reto es superar la falta de esperanza que tienen los nicaragüenses por los liderazgos fallidos del pasado. Uno de los ejemplos que yo he dado es que cuando una persona ha sido traicionada en el amor, pierde la esperanza de que algún pretendiente sea mejor. Y eso le ha pasado a Nicaragua. Lo que tenemos que hacer es dignificar la labor política y darle al país la certeza de que hay hijos que están dispuestos a hacerlo de manera desinteresada. Por lo menos yo tengo un optimismo gigantesco, porque he hablado con todos los sectores y puedo decir que si antes había un desierto de liderazgo, ahora hay una abundancia de liderazgos para el país.

¿No es problema que haya muchos líderes?
No, para nada. Lo que antes era un problema, ahora es una gran oportunidad. Lo que sí es un problema es que todavía persiste la sombra de la vieja política. Todavía hay grupos que no están cómodos con la Nicaragua que nació en abril: acostumbrados a tomar decisiones a puertas cerradas, controlar el poder político y económico y gobernar de espaldas de la gente y cómodo con ese modelo: de espaldas al campo, Managua céntrica, de espaldas al Caribe, adultista, entonces es una Nicaragua del pasado enfrentando a la nueva Nicaragua. Para los que tenemos más de 12 años de estar trabajando sin descanso en la construcción de la nueva Nicaragua, siento que mi labor ya está cumplida. Yo todavía puedo dar mucho, pero hay mucha gente que está detrás de mí que me llena de optimismo de que el país está en buenas manos. Ahora hay miles de manos campesinas, de mujeres, estudiantes, que dicen “aquí estoy”.

¿En una “nueva Nicaragua” estaría dispuesto a asumir un papel público?
Sin lugar a dudas: yo voy a asumir donde pueda agregar más valor. Ese papel lo tiene que decidir la gente. Ya basta de las personas que se atribuyen un liderazgo que nadie les ha delegado. La representación del liderazgo nacional tiene que surgir de un proceso participativo amplio.

Pueden haber muchos líderes, pero asumir cargos públicos también es cuestión de capacidades. ¿Usted se siente capacitado para asumir un cargo de presidente de Nicaragua?
Siempre he dicho que va a llegar el momento de hablar de candidaturas, y creo que hay que ir perdiendo miedo a eso. Más que decirte cuáles son mis credenciales, yo creo que estamos en el momento perfecto para que la población empiece a indagar quién es quién en el país. Este es el momento para darle a la ciudadanía la información de las credenciales de las personas. Y más que las credenciales en el aspecto técnico, que son secundarias, las credenciales deben ser éticas y morales. Y en ese sentido no tengo ningún recato de decir que tengo las manos limpias y que estoy dispuesto a que mi vida sea un libro abierto. Creo que quien lo tendrá que decidir es la gente.

En una casa clandestina en Nicaragua. LAPRENSA/O.Navarrete

¿Esta coalición es de cara a las elecciones de 2021 o hacia un adelanto de elecciones que ya hemos dejado de hablar?
El adelanto de elecciones es un reclamo moral que hace la unidad nacional. Porque consideramos que no es justo que el período presidencial del régimen finalice como que aquí nada ha pasado. Este es un régimen que se manchó las manos de sangre, y que por tanto, finalizar un período como que si estuviéramos en situación regular, sería una afrenta. Más importante que eso es ir a elecciones en condiciones adecuadas, que permita que el voto del ciudadano cuente. Bajo las reglas actuales no hay condiciones para las elecciones.

¿Se perdió la esperanza del adelanto de elecciones?
Yo diría que más bien ha pasado a tener menor prioridad. La máxima prioridad en este momento es el fin de la represión, recuperar las libertades, la libertad de los presos políticos, y recuperar un proceso electoral que nos lleve a una transición hacia la democracia.

¿Ustedes aceptarían ir a un proceso electoral donde la pareja presidencial esté en la boleta?
Yo puedo hablar de los sectores en los cuales estoy trabajando muy cercanamente, porque la oposición es muy diversa y sería irrespetuoso hablar de la totalidad de la oposición. Pero personalmente me parecería vergonzoso ir a unas elecciones con una boleta manchada de sangre.

Esta semana la Unión Europea aprobó un marco de sanciones al régimen de Ortega, pero en los últimos meses se ha visto una disminución de sanciones internacionales. ¿Ha rendido fruto el trabajo que ustedes han hecho en este sentido?
Al régimen le duele las sanciones y la presión internacional continúa. Pero tenemos que decir que los tiempos de la diplomacia internacional son demasiado lentos. Por supuesto que nosotros, como unidad nacional, hemos enfatizado en el sentido de urgencia. Sin embargo, para quienes conocen los mecanismos diplomáticos, la forma en la que se ha respondido en el caso de Nicaragua, en comparación con Venezuela, ha sido muy rápido en los parámetros de tiempos diplomáticos. Ahora, todavía existen dentro de la caja de herramientas de la comunidad internacional una serie de mecanismos de presión que no se han utilizado. Porque se le está dando la oportunidad al régimen, eso es lo que sostienen algunos diplomáticos, de encontrar una salida política por la vía electoral. En una cosa hemos coincidido nosotros y es que apostamos por una salida cívica y pacífica que requiere su tiempo.

Pero los ciudadanos en Nicaragua siguen teniendo la esperanza de que la salida de esta crisis sea lo más pronto posible…
Creo que hay que hablar con absoluta transparencia. Porque el pueblo merece escuchar a los que tenemos un liderazgo más visible. Creo que la comunidad internacional está lista para apoyarnos y la respuesta tiene que salir de nosotros. Ahora, yo sospecho que la comunidad internacional no se mueve con mayor celeridad porque precisamente reconoce que los nicaragüenses no nos hemos puesto de acuerdo en una oposición más unificada. Es decir, hay un temor al vacío de poder. El gobierno, como una carta en su juego, tiene ser el supuesto factor de estabilidad. Nosotros sostenemos que no es cierto, pero es lo que Daniel Ortega ha vendido. Recordemos que Centroamérica es una zona altamente volátil en crimen organizado, migración, trata de personas, narcotráfico, y Ortega ha querido mantener la imagen de que es un dictador que genera orden y estabilidad. Y hay que hablar con franqueza al pueblo: la comunidad internacional no estará dispuesta a apretar con fuerza al régimen si siente que eso generaría un estado fallido y un colapso, con una oposición que no está lista para gobernar. Por esa razón, insisto, la oposición tiene que prepararse para asumir gobernar una nueva Nicaragua.

¿Quiere decir que la falta de unidad es lo que ha frenado sanciones o más presión internacional?
No puedo asegurarlo categóricamente porque no lo he escuchado directamente en ninguna de las reuniones públicas o privadas con la comunidad internacional. Por eso me parece que mi intuición indica que en la comunidad internacional hay una suerte de recato para pasar a la próxima fase de presión porque están dejando una fase de espera para que la oposición pueda consolidarse. Y me voy a referir a un ejemplo muy concreto: el Estado de Nicaragua no es petrolero y no puede sostenerse de forma autónoma si se le cierran todas las llaves del financiamiento internacional. ¿Qué tipo de escenario se abre ante una próxima fase hipotética de sanciones generales que podrían ser una especie de bomba atómica para la economía? Por ejemplo, la suspensión de Nicaragua del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos o con la Unión Europea. Eso sería catastrófico para la economía. Esos son los mecanismos que la comunidad internacional pienso que no hacen uso porque no apostaría nunca a un vacío de poder. Por eso hay un grupo que trabaja aceleradamente en la consolidación de una oposición bajo consenso, no por un tema electoral, sino por un tema de consolidación de liderazgo nacional que nos pueda llevar a estar listos para cualquiera de los escenarios.

¿Cuáles son esos escenarios?
Uno es que haya una presión a Ortega que permita ir a elecciones al estilo de 1990. Otro escenario es que ante la tozudez del régimen no haya ninguna reforma y que la paciencia de la comunidad internacional se agote y desconozca la legitimidad constitucional del régimen. En ese sentido, si ese escenario se da, la pregunta es: ¿quién asumiría el poder?

Como en Venezuela con Juan Guaidó…
Sería similar. No igual. Pero tendríamos que tener una oposición con un altísimo nivel de legitimidad. Y eso se lograría con la escogencia de una serie de liderazgos en un proceso amplio, democrático y participativo. Yo no creo que a puertas cerradas se pueda generar un liderazgo nacional que sea respaldado por la mayoría de los nicaragüenses y la comunidad internacional. Entonces hay que preparar un liderazgo, no solo para las elecciones sino para asumir en cualquiera de los escenarios. Y ese liderazgo tiene que surgir de los nervios más profundos del pueblo, de la participación territorial, de grupos organizados.

Uno de los aspectos que puede preocupar a la comunidad internacional es que ante un vacío de poder, en Nicaragua quedaría una policía cooptada por el orteguismo y paramilitares armados que obedecen al Frente Sandinista, además del crimen organizado regional. ¿Cómo se solucionaría este problema?
Está claro que Ortega no es un factor de seguridad frente al crimen organizado. En primer lugar, porque la creación de fuerzas paramilitares es un problema regional porque todos ellos, que fueron armados por el Frente Sandinista, cuando el partido pierda el poder podrían constituirse en mano de obra barata para el narcotráfico y el crimen organizado. Eso lo saben los estados centroamericanos, los Estados Unidos y la Unión Europea. Entonces estamos preparando planes muy claros de acciones internacionales contundentes de desarme de los paramilitares, de los cuales no quisiera dar mayores detalles por razones obvias. En segundo lugar, el Ejército de Nicaragua tendrá que hacer una reflexión con su consejo militar para que una vez, que por la vía democrática y pacífica el Frente Sandinista salga del poder, tendrá que colocarse del lado correcto de la historia para este proceso de desarme. Ya se hizo en otro proceso de la historia y hemos estado recuperando la riqueza de esa experiencia. Yo trabajé 10 años en ese proceso y estamos preparados.

Cuando se habla de la creación de la unidad nacional pareciera que va a demorar mucho tiempo. ¿Esto va para largo?
No, pero yo lamento que no estamos trabajando tan rápido como deberíamos. Hay distintos enfoques de los tiempos desde la oposición. Yo quisiera que esto fuera mucho más rápido, pero lamentablemente no todos compartimos el mismo paso con lo que se puede mover. Lo que sí te puedo decir es que hay más voluntad de lo que mucha gente puede imaginarse.

Félix Maradiaga, opositor a Daniel Ortega. LAPRENSA/O.Navarrete

Plano personal

Tiene 46 años de edad. En 1987, a sus 12 años, su mamá lo envió a Estados Unidos por la dura situación que vivía Nicaragua a causa de la guerra. Duró dos semanas para llegar a la frontera entre México y Estados Unidos, y cruzó el río Bravo a nado.

Regresó a Nicaragua para terminar el colegio. Se graduó, estudió Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en Keiser University, tiene una maestría en Administración Pública de Harvard y otra en Ingeniería Renovable de la Universidad de Barcelona.

La mayoría de sus ingresos, comenta, proviene de trabajos de consultoría que hace fuera de Nicaragua. Es sobre todo asesor en análisis de riesgo, planificación estratégica y promoción de inversiones. Está casado con Bertha Valle y tiene una hija llamada Alejandra.

Su viernes en la noche perfecto sería estar “echado sobre el sofá con mi esposa y mi hija, viendo Netflix y comiendo rosquillas jinoteganas”.

En su edición de 2015, Forbes México lo nombró una de las 25 personas más influyentes de Centroamérica. Lo situaron en el número 15 en el área política.

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