Digital en la forma, libre en el fondo

La tecnología, en complicidad circunstancial con la crisis, está a punto de variar los rumbos del diario LA PRENSA.

El eventual cierre según pronunciamiento de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos “sería un hito en la censura a los medios de comunicación en Nicaragua”, razón por la cual exige la suspensión del bloqueo aduanero.

Noventa y tres años de existencia están en inminente peligro.

La versión impresa puede alcanzar la categoría de un libro, de convertirse en una biblioteca capaz de ser palpada con las manos ilustres. Se ha dicho con una insistencia aflictiva que el Diario de los Nicaragüenses podría convertirse en un instrumento digital donde el lector no va a comprobar con la certeza de la consumación pública el contenido en cualquiera de las manifestaciones: informativas, políticas, culturales, históricas no por ausencia en la capacidad intelectiva sino porque puede fallar la utilidad material de las bovinas, papel, planchas, aliados ineludibles de la impresión. Están recluidos en las bodegas de la Aduana, castigados por las autoridades administrativas del Gobierno, una sanción sentida por todos los sectores que aman la devoción indispensable de nutrirse con la actualidad a través de la recurrencia pública de trascender en los ojos ávidos la capacidad de las páginas que pueden andar de mano en mano, de lectura en lectura opcional, de la meticulosidad disciplinada de guardarse en el archivo estable y no endeble de la pantalla. La tinta y el papel están ocultos porque se les teme. La burocracia puede catalogarlos como subversivos como cómplices del espanto. La reducción del tabloide es el síntoma y no el símbolo.

La exposición de la verdad cruda lastima con mayor posibilidad a las venas cuando motiva dolor. “La verdad aunque duela”, dicen los abuelos de la sabiduría.

Surge y resurge el empeño oficioso de infringirle una herida a la libertad de expresión limitada a ofrecerse en una caja distinta a la de la tradición. La prensa digital también tiene dificultades de subsistencia. Está impedida de circular libremente en los lugares públicos donde se multiplica la disponibilidad de la lectura. El lector que carece de la pertenencia propia de una computadora por muy atractiva que sea la versión noticiosa no será beneficiario de las ventajas que tiene el estilo impreso. Predomina en la actualidad la inclinación automática opuesta al humanismo: la digitalización de los libros. Parece tener trágica profecía la sospecha de que la forma del libro tomará otro rumbo.

Empero no se bajará de la torre donde está erguido. Lo mismo ocurre con la circulación impresa de los periódicos.

LA PRENSA, mientras dure su pensamiento crítico, será digital en la forma pero libre en el fondo.

El autor es periodista.

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