¿“Dedazo” o uninominalidad?

Nuestro sistema actual, basado en la representación proporcional, reparte los escaños en la Asamblea en proporción a los votos que un partido obtiene

En el foro “Discusión jurídica y política de la Reformas Electorales”, auspiciado por el Grupo Pro Reforma Electoral del 20 de septiembre, se mencionaron muchas reformas que mejorarían nuestra democracia. La uninominalidad, sin embargo, no figuró como una de ellas, a pesar de sus ventajas sobre el sistema actual de elegir a los diputados.

Nuestro sistema actual, basado en la representación proporcional, reparte los escaños en la Asamblea en proporción a los votos que un partido obtiene. Si hay 100 escaños y tres partidos que obtienen 45 %, 35 % y 20 % de los votos, a cada partido le corresponderían 45 %, 35 % y 20 % de los diputados, respectivamente.

La boleta de cada partido tiene tantos candidatos como escaños hay en la Asamblea y los candidatos aparecen en orden de preferencia. El pueblo no elige a los candidatos individualmente, sino a todos los que aparecen en la lista de un partido. No podemos votar cruzado: o votamos por todos los candidatos de un partido o no votamos por ninguno.

Los diputados salen electos en el orden en que aparecen en la lista de sus respectivos partidos. En el ejemplo anterior, saldrían electos los primeros 45 del primer partido, los primeros 35 del segundo y los primeros 20 del tercero. El interés vital de los candidatos es aparecer en los primeros puestos de la lista de sus respectivos partidos para asegurarse un escaño. El jefe de cada partido decide, sin mediación del pueblo, quiénes y en qué orden aparecen en la lista de su partido. Por eso el sistema se conoce como el “dedazo.”

El “dedazo” le niega al pueblo el medio más poderoso de comunicar sus deseos a los diputados: la facultad de elegir individualmente, mediante el voto directo, a los diputados que el pueblo desee que lo represente en la Asamblea. Rara es la persona que bajo nuestro sistema conoce a su diputado y más rara aún la que alguna vez ha hablado con él. Bajo el “dedazo”, los diputados no nos representan a nosotros, sino que a sus caudillos.

El “dedazo” conduce al fraccionamiento de los partidos. Si un aspirante a diputado no logra aparecer entre los primeros puestos de la lista de su partido, busca otro partido que le ofrezca un lugar más alto. En último caso, forma un nuevo partido para mejorar sus probabilidades de ser electo.

El “dedazo” también conduce a la concentración del poder en el ejecutivo. Dependiendo del número de votos que su partido obtenga, el Presidente puede tener control absoluto de la Asamblea, como Daniel en la actualidad y los Somoza en el pasado, o un control más moderado, como doña Violeta, el doctor Alemán, y el ingeniero Bolaños. Si un diputado de un partido vota en contra de los deseos del partido, se le puede aplicar el “transfuguismo” y quitarle su curul. Esto el confiere al Presidente un enorme poder sobre la Asamblea, puesto que le asegura el voto de todos los diputados de su partido. Controlando la Asamblea, el Presidente puede manipular el Poder Judicial y el Poder Electoral, como lo hemos vivido bajo los Somoza y Daniel.

En el sistema de elección uninominal el pueblo elige a los diputados por voto directo. El país se divide en tantos distritos electorales como diputaciones hay, procurando que cada distrito tenga el mismo número de habitantes. Como en Nicaragua hay 90 diputaciones, el país se dividiría en 90 distritos de aproximadamente 70,000 habitantes. Cualquier persona que desee puede presentarse como candidato sin la bendición de un caudillo y los habitantes de cada distrito eligen a su diputado por voto directo. Este sistema rompe el vínculo entre diputados y caudillos y establece un vínculo entre diputados y pueblo; los diputados se vuelven verdaderos representantes de los habitantes de sus distritos electorales, afianzando así la base de la democracia representativa. Si un diputado no defiende los intereses de su distrito, los votantes no lo reeligen. Eso no ocurre con el dedazo. Para desterrar el caudillismo y fortalecer la democracia representativa, necesitamos abolir el dedazo y adoptar la elección uninominal.

El autor es economista.

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