¿Quién era Leonardo da Vinci (1452-1519), ese «genio universal»?

Conozca algunas de sus más relevantes facetas y su curiosidad insaciable por descifrar el mundo que le tocó vivir como uno de los más grandes artistas del mundo

Escultura de Leonardo da Vinci. Al fondo el dibujo de el «Hombre de Vitruvio». LA PRENSA/Istock

Entre las múltiples facetas que le caracterizan figuran una curiosidad insaciable por descifrar el mundo y una insatisfacción que le obliga a cambiar continuamente para estar lo más cerca posible de la realidad.

Bastardo

Nacido fuera del matrimonio, bastardo, infeliz afectivamente pero no materialmente (proviene de un linaje de notarios toscanos), desde muy pronto se interesará por las ciencias naturales. Su gusto por la ciencia es quizás una forma de huir de una realidad dolorosa, según analistas.

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Sigmund Freud se interesa por esta juventud en el ensayo «Leonardo da Vinci, un recuerdo de infancia», en el que intenta penetrar en el inconsciente del artista.

Visitantes toman fotografías frente a «La Mona Lisa» (La Gioconda) después de que fue devuelta a su lugar en el Museo del Louvre en París. LA PRENSA/AFP/ARCHIVO/ ERIC FEFERBERG

Relación con los poderosos

Rápidamente, desde que se establece en Florencia, descubre el taller del reputado Verrocchio y se relaciona con los poderosos.
Según Louis Frank, uno de los comisarios de la monumental exposición dedicada al pintor en el museo del Louvre de París, era «un hombre grande, fuerte, muy guapo, lúcido y melancólico», al que «le gustaba mucho hablar de lo que hacía. Su proceder era muy racional y nada esotérico». Se vestía de una forma llamativa.

Además, no necesitando nada, materialmente asistido por mecenas y príncipes, «tenía mucho tiempo y lo aprovechaba».

Homosexualidad

Su homosexualidad ha sido muy comentada. Incluso a través de algunos de sus retratos de mujeres, bastante andróginas. En Florencia se le acusa de «sodomía» con un prostituto. Se habla de una relación con su asistente Salai, y otros jóvenes. Pero no hay nada demostrado. «En realidad, no se sabe casi nada de su vida privada. No dejó documentos, aunque escribía textos muy bellos», declara, prudentemente, Frank.

Espectáculos grandiosos

Su verdadero oficio será organizar espectáculos extraordinarios para los príncipes y su corte. «Su especialidad era distraer, contar historias, era muy divertido», dice el comisario. Dedica a esto mucho tiempo.

Investigador

Existe también el investigador nato, apasionado. Investigaciones en anatomía, botánica, mecánica, astronomía, arquitectura. Quiere comprender el interior de los fenómenos. «Tenía un sentimiento intenso del paso de las cosas, de la destrucción universal. Consideraba que los cuatro elementos –tierra, aire, fuego, agua– deseaban volver al caos inicial», señala Frank.

Inspiración mística

Los temas religiosos de la Salvación –alrededor de la Virgen, Santa Ana, San Juan Bautista, el Cristo «Salvator Mundi», San Jerónimo– le inspiran profundamente. Era creyente pero no devoto. En su Santa Ana, pone mucha humanidad y humanismo. ¿Debe la Virgen retener a su hijo o dejarle ir hacia su destino?.

Dibujos técnicos de Leonardo Da Vinci con «diseños de máquinas voladoras», también conocidos como el tornillo aéreo.  AFP /ARCHIVO/FRANCOIS GUILLOT

Cuerpos y máquinas

Le fascinan el cuerpo humano, sus proporciones, su armonía o su falta de armonía, el rostro, sus expresiones. Así, su «Hombre de Vitruvio», que estará en la muestra del Louvre, define las proporciones del cuerpo.

Sus hallazgos científicos, que expone en los múltiples bocetos de sus códices, le permitirán imaginar máquinas. Serán fuentes de inspiración para los eruditos. A veces, sus máquinas son puramente utópicas. Seguramente sueña con volar.

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Al servicio del condotiero Borgia, durante un tiempo será ingeniero militar y concebirá planos de máquinas de guerra.

La botánica le atraerá hasta su muerte, cerca de Amboise (centro de Francia). Le entusiasma el estudio de la luz, del relieve, de las plantas, de los animales. Esto otorga a sus cuadros fondos, detalles sumamente bien estudiados, aunque los personajes concentran toda la atención.

El pintor genial

Todo este conocimiento lo transfiere a su búsqueda pictórica de los rostros, las expresiones, la vibración que emanan las siluetas (que consigue gracias a la técnica del «sfumato»). Deja inacabadas partes enteras para destacar lo esencial.

«Cuanto más avanza en su carrera, más se concentra en la expresión […] Suprime para poner de relieve los rostros y la expresión de los sentimientos humanos», señala el otro comisario de la exposición en el Louvre, Vincent Delieuvin. Como si con el tiempo sintiera la necesidad de ir a lo esencial.

Para Leonardo, «la pintura debe reproducir la verdad del ser humano, su anatomía, las pasiones del alma, pero también el mundo», concluye.

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