Grandes crímenes | La historia del hombre que violó y asesinó a una niña de tres años en Nagarote hace 25 años

Juanita, como le decían de cariño, desapareció el 11 de mayo de 1994. Un vecino, José Ramón Arróliga, fue quien la mató. El crimen indignó a los nagaroteños quienes buscaban hacer justicia con sus propias manos

La madre de la pequeña pidió justicia mas no sabía que el asesino no correría tan largo. Acabó muerto a tiros por la policía. LA PRENSA/Reproducción Yury Salvatierra.

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Este reportaje fue publicado en el Diario Hoy el 28 de abril de 2019

Le decían Juanita de cariño. Era una niña de tres años que solo pensaba en jugar con sus muñecas. De complexión frágil, piel clara y una sonrisa inocente, merecía todo lo bueno del mundo, pero recibió lo peor. Un despiadado la ultrajó sexualmente, la golpeó y macheteó hasta morir.

El hecho, que ocurrió el 11 de mayo de 1994, provocó ira, dolor y llanto en todos los nagaroteños que juraron hacer justicia con sus propias manos si en un dado caso la Policía no actuaba con rigor.

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La pequeña desapareció al mediodía, la última persona que la miró fue su hermana mayor quien la dejó sola unos minutos en la acera de la casa, ubicada en el barrio Orlando Cáceres, en Nagarote, para ir a tender una ropa al patio. “Quedate aquí, ya vuelvo”, le dijo confiada. Al regresar, no la divisó por ningún lado. Desde ese instante toda la familia y vecinos se unieron para buscar a la pequeña que parecía que se la había tragado la tierra.

Entre los colaboradores estaba el problemático José Ramón Arróliga Sánchez, de 19 años, quien vivía con su madre a pocas casas de la de Juanita. El joven, al enterarse de la desaparición, resolvió ayudar con esmero inusual.

Los familiares contaron a LA PRENSA que lo notaron sudoroso, pensaron que estaba preocupado por la menor, pero realmente estaba nervioso porque en cualquier momento se descubriría su horrendo crimen.

Escalofriante

La búsqueda de Juanita culminó a las 6:30 de la tarde. El padrastro del criminal, Julio Arróliga, descubrió el cuerpo en la letrina. Para sacarlo fue preciso quitar el banco donde todos se sentaban para hacer sus necesidades fisiológicas.

La escena fue escalofriante, el asesino había metido a la niña en un saco de nylon, pero antes era evidente que la había torturado. La Policía resolvió llevarse con prisa a Arróliga Sánchez, porque todo Nagarote quería lincharlo.

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El entonces jefe de la Policía, capitán Javier Chávez, dijo en conferencia de prensa que el reo había confesado el delito y esto solo avivó el enojo de la población que llegaron a plantarse con palos y piedras frente a la delegación. Pedían a las autoridades que lo liberaran para ellos después masacrarlo.

Lugareños en las afueras de la delegación policial, esperando que los oficiales entreguen al asesino para ellos hacer justicia con sus propias manos. LA PRENSA

En sus declaraciones el asesino relató que la niña le “caía mal” y cuando ella se cruzó a su casa, pues eran vecinos, él se encontraba solo ya que su mamá había salido a dejarle el almuerzo a su padrastro. “Inmediatamente la tomé de las manos y la llevé a mi cuarto”, contó a las autoridades. También, refirió que luego, con el puño cerrado de la mano derecha la golpeó salvajemente en el cuello. Su intención era desmayarla, pero la pequeña solo cayó al suelo y empezó a llorar.

Por esa razón continuó golpeándole la cara y es que la niña forcejeaba para que este no le quitara la ropa.

El criminal indicó que su intención era solamente violar a la pequeña, pero esta le dificultó las cosas, “incluso”, dijo, “me dio impotencia sexual, por eso no la violé”. El descarado hombre continuó su relato y detalló que debido al incontenible llanto de Juanita tuvo que ir en busca de un machete, encontró uno de rula, cacha color negro y con la punta quebrada.

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Con el arma le produjo la primera herida en el cuello y como la niña, ya agonizante, levantó su manito derecha, le volvió a descargar otro machetazo en su miembro superior. Cuando la pequeña no se movió más, buscó un saco, la introdujo en él y la tiró a la letrina.

Finalmente, con toda serenidad buscó una pala, removió la tierra ensangrentada y lavó el machete. Nadie escuchó los gritos de la víctima porque el asesino tenía una grabadora a todo volumen en su casa.

La familia de la víctima reunida, completamente afectada por lo ocurrido. LA PRENSA/Reproducción

¿Ley de fuga?

El horrible relato que brindó el asesino enfureció a los lugareños. La delegación se vio tan asediada que el entonces jefe de Policía de Nagarote, capitán Javier Chávez, tuvo que informar a su superior que estaban en peligro. La orden fue trasladarlo a las cárceles de León para mayor seguridad.

Arróliga Sánchez fue llevado en un vehículo militar a León. Al llegar al kilómetro 66, contó el capitán, se le ponchó una llanta a la patrulla y mientras los oficiales resolvían el problema, el asesino, que no iba esposado, intentó escapar. Los policías supuestamente quisieron detenerlo disparando al aire pero este no se inmutó, por lo que tuvieron que apuntarle directamente y dispararle hasta que cayera muerto.

Una de las ideas que surgieron tras la muerte del criminal es que se le aplicó la ley de fuga (simular la evasión de un detenido, especialmente cuando es conducido de una prisión a otra, para matarlo).

La familia de Juanita fue a la morgue para verificar si Arróliga Sánchez estaba muerto y efectivamente lo estaba. Pero eso no bastó, porque luego el pueblo pidió que les entregaran el cadáver para quemarlo en la plaza. Esto provocó que la Policía triplicara sus fuerzas para evitar venganzas.

A pesar de que el asesino dijo que no había violado a la niña porque en ese momento tuvo impotencia sexual, los médicos aseguraron que sí había abusado de ella.

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