Los Nacionales fueron muchas agallas, pero también clase

Los Nacionales impresionaron por la combatividad desplegada en la Serie Mundial, pero también mostraron talento y mucha clase

Daniel Hudson y Yan Gomes se aprestan a celebrar la coronación de los Nacionales de Washington en la Serie Mundial. LA PRENSA/AFP

Un día después de haber escalado la montaña del éxito, aún podía escucharse el estruendo de los Nacionales de Washington, cuya energía y precisión les permitió capturar la admiración del universo del beisbol.

Cuando Michael Brantley abanicó la brisa y se fue al piso, los Nacionales estaban más firmes que nunca. Su victoria 6-2 sobre los todopoderosos Astros de Houston fue el corolario a una historia de determinación y perseverancia.

El equipo subestimado, que no parecía capaz de sobrevivir sin su principal estrella, Bryce Harper, y que tuvo un inicio deprimente de 19-31 tras los primeros 50 juegos, ahora celebraba atrapar la gloria de octubre.

“Creo que si hay una palabra que los define es resiliencia”, dijo el mánager de los Nacionales, Dave Martínez. Y en efecto, la capacidad de recuperación y de respuesta ante la adversidad fue increíble de parte de Washington.

Siempre desde atrás

Los Nacionales no solo se repusieron a su mal inicio. Se convirtieron pronto en competidores y fueron derribando escepticismos e ilusionando corazones, hasta llegar a la cumbre del beisbol y lo hicieron con personalidad.

Incluso, en el dramático séptimo partido, jugado este miércoles en Houston, vinieron desde atrás para borrar una desventaja de 2-0 que los Astros trataron de proteger con uñas y dientes, aunque fallaron en el manejo del pitcheo.

Pero la tropa de Washington no se rindió. Sobrevivió a un gran dominio de Zack Greinke, quien con su arsenal de baja velocidad, los tenía controlados, hasta permearlo en el séptimo, cuando Anthony Rendon le pegó jonrón.

Y persistieron en la lucha hasta antes de la explosión del séptimo, porque Max Scherzer personificó la lucha de este equipo. Impulsado por su combativo espíritu de lucha, se sostuvo a pesar de su cuerpo adolorido.

Y cuando Scherzer no pudo dar más, Patrick Corbin estaba listo para tomar la estafeta y mantener en dos carreras a los Astros, quienes se desvanecieron en el séptimo, cuando los Nacionales tronaron con contundencia.

Howie Kendrick, un viejo zorro con habilidad para hacerse notar en partidos de trascendencia, disparó el jonrón salvador ante Wil Harris, mientras Gerrit Cole, quien calentó, se quedaba con el deseo de aportar.

Se acabó el extenso ayuno

Y mientras el pánico hacía que el mánager A. J. Hinch se equivocara en el manejo de sus lanzadores en la recta final del partido, Daniel Hudson, botado este año por los Angelinos, se encargó de cerrar las puertas casi sin sudarse en el noveno.

Así que noventa y cinco años después, Washington se alista a celebrar este sábado en la Constitution Avenue una coronación en la Serie Mundial, algo que no ocurría en la capital de EE. UU. desde 1924.

Pero los Nacionales acabaron el prolongado ayuno y han enviado un mensaje de aliento a un mundo que necesita esperanza y que añora inclinar su admiración hacia héroes verdaderos.

Strasburg el Más Valioso

Stephen Strasburg fue nombrado el Jugador Más Valioso de la Serie Mundial, después de concluir con 2-0 y 2.51. Ganó los juegos 2 y 6 en presentaciones formidables y redondeó 5-0 y 1.98 en la postemporada.

Estos Nacionales será recordados por la presencia de una estrella de gran nivel como Anthony Rendon, un chavalo brioso y provocador como Juan Soto, una leyenda en plena madurez como Max Scherzer y un mánager que contagió más con su ejemplo que con sus palabras como Dave Martínez.

Después de la lucha y la victoria, es tiempo de celebración en la tierra de los Nacionales, quienes se convierten en el equipo más veterano en ganar una Serie Mundial (31.1 años), quizá por ello lo celebran con más entusiasmo.

Edgard Rodríguez en Twitter: @EdgardR 

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