¿Presionar sin destruir?

En octubre de 2017, seis meses antes que estallara la crisis, publiqué un folleto titulado “Nicaragua: ¿Es inevitable otra transición catastrófica?” (https://n9.cl/vglc). Recogía tres artículos de LA PRENSA, comentados en Radio Corporación, sobre la necesidad de transitar de la dictadura a la democracia sin la catástrofe económica posterior al derribamiento de Somoza. El tema, que recoge preocupación de toda Nicaragua, fue abordado por Arturo Cruz en su conferencia de Amcham, y en entrevista con Carlos Fernando Chamorro.

Como lo formuló Cruz en su entrevista, el temor es “¿Cómo presionar sin destruir?”. Las consecuencias económicas de la crisis de la dictadura familiar a que nos ha conducido Ortega, han tenido un enorme costo en caída del Producto Interno Bruto (PIB), desempleo y restricciones en servicios sociales. Como dije hace dos años: “Lo fundamental, para evitar una transición catastrófica de un régimen autoritario a uno democrático, es que todos los actores nacionales e internacionales que tienen incidencia en el proceso nicaragüense, incluyendo el propio gobierno y los sectores que lo apoyan, eviten esa falsa sensación que la estabilidad y seguridad autoritaria es eterna”. El estallido de la crisis en 2018 demostró lo contrario. Ahora se trata de evitar dos falsas sensaciones.

Primero, que sin solución a la crisis política, la contención actual al deterioro económico es reversible; segundo, relacionado con lo anterior, que Ortega puede rehacer las alianzas nacionales e internacionales que le permitieron crecer económicamente, con un régimen autoritario que derivó en dictadura sangrienta.

La solución pacífica a la crisis que todos respaldamos, pasa necesariamente por condiciones y elecciones creíblemente democráticas. La relativa contención al deterioro económico está subordinada a la expectativa que ese objetivo se alcance, para lo cual “es fundamental identificar la clave —actores, incentivos y circunstancias— que permitan encontrar la transición deseable y posible”, como lo escribí en octubre de 2017.

Desde el punto de vista de actores e incentivos, así como el pueblo reacciona protestando, no podemos pedir a la comunidad internacional que se quede impasible mientras se violan los derechos humanos. ¿Cómo separar el grano de la paja? ¿Cómo presionar sin consecuencias económicas? El propio Cruz, en la mencionada entrevista, aboga por suspensión de desembolsos en organismos financieros, diciendo “son fundamentales para la inversión pública, y sin duda alguna, me parece a mí, que ese es un tipo de presión, dolorosa, pero que es aceptable”.

Ortega no se ha movido para una solución pacífica a la crisis. Ni siquiera recibió a la Comisión de la OEA, que facilitaría el trabajo de su órgano técnico para avanzar reformas electorales. Piensa que estabilidad con base a represión es suficiente, afectando a todo el pueblo, sea o no orteguista. Pero este será tema de otro artículo.

El autor fue candidato a presidente de Nicaragua.

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