Grandes crímenes | El atroz asesinato de una pareja de Ciudad Jardín en 1994

Los asesinos llamaron a la pareja supuestamente interesados en comprar unos bonos de indemnización estatal. Alfonso Jirón y Cora Cerna creyendo que harían negocios les atendieron y terminaron muertos

Marvin Villalobos conducido a los Juzgados para ser culpado por el asesinato de la pareja Jirón-Cerna. Archivo

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Este reportaje fue publicado originalmente en el periódico HOY el 03 de junio de 2019

El 22 de junio de 1994, como a eso de las 3:00 de la tarde, Alfonso Jirón, de 71 años, recibió la llamada de un sujeto interesado en realizar una compra de bonos de tres millones y medio de córdobas. La posibilidad de un buen negocio a Jirón le pareció atractiva, de inmediato avisó a su esposa Cora de los Ángeles Cerna, de 64 años, que estuviera preparada para la llegada del cliente.

Para entonces, el negocio de la valorización de bonos de pago por indemnización en Nicaragua se había vuelto común. La mayoría de los compensados por el Estado buscaban siempre los mejores precios, a pesar de una Bolsa de Valores Autorizada.

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La llamada resultó positiva a la pareja, buscaron a toda costa sacar a los otros compradores que estaban en la casa situada en Ciudad Jardín porque el “pez gordo” que llegaría había pedido privacidad. No quería que otros corredores estuvieran presentes.

Así se hizo. En la casa los esposos Jirón Cerna, solos, aguardaron la muerte. No pasó mucho tiempo cuando un auto rojo, marca Toyota, placas JY-020, se aparcó a la orilla de la vivienda. Testigos miraron a dos hombres bajar del automóvil, uno de ellos llevaba sombrero y el otro una maleta color negro.

Ambos lucían ansiosos, caminaban cabizbajos como queriendo ocultar el rostro. Los espectadores contaron que permanecieron en la casa más de treinta minutos y luego salieron apurados con rumbo desconocido.

Llegaron a matarlos

Róger Orúe apuñaló once veces a don Alfonso Jirón, luego tiró su cuerpo al patio. Reproducción

Marvin Villalobos y Róger Orúe son los sujetos que llegaron a visitar al matrimonio Jirón Cerna ese 22 de junio de 1994. Ciertamente, ya habían planificado todo, aprovecharían la indefensión de los señores para asesinarlos y robarles los bonos. Villalobos narró a las autoridades que Róger Orúe fue quien estuvo en contacto directo con don Alfonso, antes de llevar a cabo el crimen. “Fue él quien llamó y estableció la supuesta compra”, dijo.

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Contó con toda frialdad que apenas llegaron a la vivienda, iniciaron la masacre. Llevaron al fondo de la casa a las víctimas, amenazados con una pistola, luego les golpearon la cabeza con la cacha e iniciaron a cortarlos. Róger Orúe comenzó con Alfonso Jirón, le propinó once puñaladas en el abdomen, tórax, garganta y luego le pasó el cuchillo a Villalobos para que hiciera lo mismo con doña Cora.

El matrimonio Jirón-Cerna fue asesinado a puñaladas, sus cuerpos quedaron tendidos en distintos puntos de la casa. Reproducción

Pero este no quiso alargar el sufrimiento de la señora que ya había visto correr la sangre de su marido, tomó el cuchillo y le realizó una herida de 10 centímetros en el cuello, murió desangrada inmediatamente.

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Posterior al atroz crimen ambos asesinos corrieron a buscar entre las pertenencias de los fallecidos los bonos de indemnización estatal, los guardaron en el maletín, se limpiaron la sangre de las manos y huyeron despavoridos porque en cualquier momento alguien llegaría y descubriría el horror. El cuerpo del señor Jirón fue lanzado al patio y el de doña Cora quedó en la sala.

Para retardar el acceso a la escena del crimen los asesinos trancaron la puerta de entrada. Por eso, cuando la familia y la Policía llegaron tras el aviso de vecinos y otros corredores de bonos que transitaban por la zona, tuvieron que forzar la puerta, prácticamente botarla a golpes.

Policía investiga

Un equipo de oficiales de la División de Investigación Criminalística de la Policía Nacional a cargo de Javier Palacios y Carlos Palacios, en ese entonces subcomandantes, iniciaron la búsqueda de los asesinos. Los hijos y familiares de las víctimas, también contrataron a investigadores privados para localizar a los culpables y enjuiciarlos por el terrible hecho.

La Policía inició un proceso de interrogación a personas que efectuaron transacción de compra y venta de bonos de indemnización el día del crimen.

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Dos días después del asesinato Marvin Villalobos fue arrestado y el 27 de junio (1994) Róger Orúe también. Los implicados ni siquiera habían intentado escapar. Fueron capturados en sus domicilios.

Este crimen se vio envuelto en intrigas y misterios. Trascendió que los criminales eran desmovilizados de Ejército Popular Sandinista (EPS) y el evidente desinterés de las autoridades por castigar a los culpables hizo pensar a la parte acusatoria que había alguien que no quería que se esclareciera el nefasto delito.

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El abogado Adán Barillas, acusador en el juicio del asesinato del matrimonio Jirón Cerna, declaró a La Prensa que la negativa de jefes policiales en cuanto a testificar podía tener causas justificadas, pero, también se prestaba a interpretarse como una obstrucción deliberada de la institución para ocultar detalles del caso. Detalles que involucraban a otras personas, quizás de la palestra pública y hasta política en Nicaragua.

Los asesinos planificaron un crimen poco inteligente

Ambos eran muy conocidos por los demás corredores de bonos, no se les ocurrió en ningún momento que los bonos estaban numerados y sería sencillo detectarlos por el Ministerio de Finanzas. Olvidaron, además, quitar las placas al auto rojo, principal pista que ayudó a dar con ellos.

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En plena escena del crimen resolvieron lavarse la sangre y secarse con una toalla, el mismo día en que mataron al matrimonio fueron al parque Las Piedrecitas a tirar el arma y por la noche corrieron a buscar quién vendiera los bonos.

Lo más desacertado fue que mientras declaraban a las autoridades ambos se culpaban el uno al otro. Marvin Villalobos y Róger Orúe fueron condenados en 1995 a 30 años de cárcel por el crimen de asesinato atroz.

Lesbia Pomares negó rotundamente su culpa ante las autoridades. Reproducción

Lesbia Pomares fue acusada de encubridora porque los asesinos le informaron que tenían planeada una transacción millonaria y debía guardar silencio. El documento acusatorio que presentó la Fiscalía refirió que luego del asesinato, los acusados llegaron donde Pomares para ofrecerle que vendiera los bonos. También le confesaron que habían matado a los señores.

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