Grandes crímenes | La joyera que fue hallada carbonizada en Kukamonga, uno de los crímenes más escabrosos en los años 70

Juana Moreno recibió una llamada. Alguien le decía que su esposo y sus dos hijos habían tenido un accidente de tránsito y murieron. Era mentira, era el camino a su muerte

Ilustración: Luis González

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Este reportaje fue publicado originalmente en el periódico en el Diario Hoy 

A Juana Moreno de Almendárez la describen como una mujer bellísima; de amplia sonrisa, piel blanca, porte distinguido y de unos 35 años de edad. Era conocida en la vieja Managua como una venturosa comerciante de alhajas de oro. Asimismo, viajaba continuamente a México, Estados Unidos y Panamá a comprar cantidades de ropa y calzado para vender a buen precio a sus clientes.

Sus negocios eran un éxito, cada mes hacía transacciones de hasta 100 mil córdobas en joyas. Poco a poco se ganó la admiración de muchas personas, se convirtió en un símbolo de mujer moderna y progresista, pero sin darse cuenta, también se ganó envidias y enemistades.

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El viernes 24 de julio de 1970, en horas de la mañana, mientras Juana descansaba en una hamaca en su cómoda vivienda situada del antiguo Hotel Nicaragua, media cuadra al este, recibió una llamada telefónica que la dejó helada. Una voz desconocida le dijo que su esposo y sus dos hijos habían tenido un accidente de tránsito mientras se trasladaban de Ocotal a Managua y habían muerto.

Los parientes que acompañaban en ese momento a la perturbada mujer le vieron levantarse de la hamaca, lanzar un ¡ay! y caminar apurada hacia su auto, un Chevrolet color celeste impala que se había comprado recientemente. Lola Moreno, sobrina de Juana, al verla correr desesperada quiso detenerla, “tía qué pasó, yo la acompañaré”, le dijo, pero esta le pidió que se quedara tranquila, que no tardaría.

Fue la última vez que Lola le habló a su tía, la última vez que la miró con vida.

Rumbo a la muerte

Los bomberos ayudan a sacar los restos de doña Juana Moreno de Almendárez, su cuerpo estaba completamente carbonizado e irreconocible. Reproducción Yury Salvatierra

El destino de Juana era llegar a Ocotal, a la finca La Luz de los Ángeles, propiedad de su esposo y corroborar la tragedia, para después comunicarla al resto de la familia… más algo siniestro ocurrió en su camino: fue asesinada atrozmente.

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Trascendió que la noticia de que su cónyuge e hijos habían muerto en un accidente era una mentira, alguien le había tendido una trampa para capturarla… ¿Para qué? ¿Para robarle? ¿Se trató de un crimen con ribetes pasionales? ¿Envidias por su estatus comercial? Nunca se supo, pero el sábado 25 de julio, la familia recibió la fatal noticia.

El vehículo que Juana conducía fue encontrado en el abismo del río Kukamonga en Estelí. Como a eso de las 8:00 de la mañana, un campesino identificado como Belisario Moreno pasó por el lugar con unas rajas de leña sobre sus hombros, se asomó a través de las ventanas y pudo distinguir un cuerpo carbonizado sobre los asientos delanteros. De inmediato avisó a las autoridades.

En menos de dos horas los familiares de la comerciante llegaron al lugar del hallazgo para identificar el cuerpo. Según el examen practicado por el doctor forense, Jaime Víquez Prado, la señora de Almendárez murió aproximadamente a las dos de la madrugada del sábado. Por su condición, en el momento no hubo manera de averiguar si antes de quemada había sido herida con algún arma.

Lo extraño e incomprobable

El viudo José Almendárez es el hombre sin gafas, fue interrogado por la policía como sospechoso. Reproducción: Yury Salvatierra

José Almendárez, viudo de Juana, dijo a las autoridades que él se hallaba en su finca cuando fue avisado del trágico suceso. Con él estaban dos de sus hijos. A los oficiales les pareció turbia su actitud y resolvieron interrogarlo en torno a todo el itinerario de la esposa ese viernes. No pareció saber nada, por tanto, se descartaron las sospechas.

Lo que llamó mucho la atención de las autoridades fue el auto encontrado al fondo del abismo, tenía huellas de sangre y un cordón de dinamita como de diez metros de largo. Los investigadores adujeron que el automóvil pudo haber sido dinamitado después que fue lanzado al fondo del abismo y que Juana fue asesinada algunos kilómetros adelante de Estelí, ya muerta fue llevada en el vehículo hasta la Kukamonga.

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Otro de los datos curiosos que indagaron los agentes fue la cantidad de dinero que llevaba Juana el viernes en su vehículo. Treinta mil córdobas destinados a pagar planillas de la hacienda de su esposo y una gran cantidad de joyas. También, Carlos Aburto Goussen, un vecino, reveló que once días antes del asesinato, a la mujer le robaron una cartera llena de joyas. Simplemente desapareció de la casa, y tres días después la enviaron por correo con una nota que decía: “Le devolvemos su cartera señora de Almendárez. Muchas gracias”.

Pese a la lucha de las autoridades por esclarecer el asesinato fue imposible dar con los autores materiales e intelectuales. Se plantearon dos móviles que nunca fueron comprobados, el primero se trató de un crimen pasional y la segunda opción tenía que ver con las rivalidades que Juana podía tener en el negocio de joyas.

Otro crimen parecido

En la familia del viudo no era la primera vez que alguien era asesinado misteriosamente. Domingo Almendárez, un hombre importante y de negocios, hacía tres años también tuvo el mismo destino. Nunca se supo quién lo mató.

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LA PRENSA abordó al viudo Almendárez Calero sobre cómo estaba sobrellevando la familia la tragedia, este respondió que estaban tristes pero bien, pues su esposa tenía un seguro de 210 mil córdobas, el cual cobijaba a sus hijos y a él en ese momento.

El viudo de la señora Juana Moreno de Almendárez avisó que de ese dinero daría una recompensa a quien ayudara a esclarecer el caso.

El anuncio fue hecho público por medio del entonces capitán Juan Lee Wong, jefe interino de investigación de Estelí. Nunca se logró encontrar al o los responsables del crimen. Es uno de los casos que quedó en el misterio.

Llamada escalofriante

El sábado 25 de julio a las 11:00 de la mañana una de las hijas de la fallecida recibió una llamada. ¿Era su madre? En ese instante en que no sabía que estaba muerta, pensó que sí. La joven contó que esta le dijo: “No hay nada de accidente, vayan al colegio, estudien bien” y colgó. A todos en casa les pareció raro puesto que era período de vacaciones y ella (Juana) lo sabía. Al enterarse de la tragedia se sorprendieron; unos creyeron que fue un aviso del más allá, otros que se trató de la persona que cometió el crimen.

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