Maldita reelección

Si bien es cierto que doy por descontado que volveremos a ser república, también tengo que externarles el temor que siento ante la escogencia del hombre o mujer que habremos de elegir para que nos conduzca por el difícil camino hacia la democracia

Cuando en la antigüedad el hombre sintió la necesidad de vivir en sociedad, se dio cuenta que era necesario crear ciertos acuerdos que regularan su convivencia. Con el correr del tiempo, esos grupos sociales evolucionaron hacia conglomerados más numerosos delimitando sus espacios geográficos. A estas delimitaciones las llamamos países y convirtieron esos contratos en lo que hoy conocemos como constitución política.

Si en un país, su pueblo, por el motivo que fuere dispone en su constitución prohibir la reelección presidencial, es porque así lo decidió la mayoría de sus representantes. Aducir que esta disposición viola los derechos humanos de tal o cual persona, es además de un embuste una tremenda violación a ese contrato social. Esta violación solo puede ser posible cuando se colude más de un poder del estado y se prestan a alegar la supuesta violación, países con dictadores o aspirantes a dictadores con acusaciones de altos niveles de corrupción son los más proclives a sufrir esta alteración a sus constituciones. Como muestra de ello basta mencionar en nuestro hemisferio a Cuba, Venezuela, nuestra Nicaragua y ahora Bolivia. En este último, la auditoría a las elecciones en donde pretendía reelegirse Evo Morales, encontró abundantes pruebas de anomalías que invalidaban de hecho el proceso auditado, resolución que precipitó la renuncia a la Presidencia del aspirante a dictador.

En Nicaragua para montar la patraña de la reelección, tuvieron que coludirse los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, los diputados gobiernistas en la Asamblea Nacional y puedo asegurarles que contaron con la complicidad de más de un partido político que se dice opositor. Por ello, cuando me preguntan cómo llegamos a la debacle social que sufrimos actualmente, sin dudarlo respondo que por la maldita reelección. Gracias a Dios y al esfuerzo de más de un grupo de patriotas que han logrado el respaldo internacional que tiene en zozobra al régimen del matrimonio Ortega Murillo, puedo asegurarles que más temprano que tarde tendremos la elección observada por organismos internacionales que nos garantizará el respeto a nuestro voto, ese día nuestro aspirante a dictador se dará cuenta lo que pensamos los nicaragüenses de él y su séquito.

Si bien es cierto que doy por descontado que volveremos a ser república, también tengo que externarles el temor que siento ante la escogencia del hombre o mujer que habremos de elegir para que nos conduzca por el difícil camino hacia la democracia. Considero que esa persona tiene que tener una hoja de vida que inspire confianza y haber demostrado poseer la entereza necesaria para enfrentar las presiones de los rescoldos que queden de los enemigos de la democracia.

El autor es analista político.

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