Un futbolista nicaragüense que juega en Bolivia relata cómo ha vivido la revuelta social

Las elecciones en Bolivia ocasionaron un sinnúmero de protestas sociales que finalmente provocaron la renuncia a la presidencia de Evo Morales

Luis Fernando Copete (izquierda) en un partido de Liga. LAPRENSA/ CORTESÍA

Luis Fernando Copete salió este martes de su apartamento en El Alto, La Paz, Bolivia; para buscar una agencia de envíos de dinero para mandarle a su hija en Nicaragua, pero no encontró ninguna abierta. Tampoco ha podido salir a entrenar con sus compañeros del Always Ready de la Primera División boliviana desde el pasado viernes por seguridad y no tiene cómo movilizarse, tras la renuncia del presidente de ese país Evo Morales.

“Han pasado cosas cerca de donde vivo, a dos calles, he estado bien porque me he quedado en mi edificio, no salgo, solo veo por la ventana. Hoy salí (este martes) en la mañana para tratar de mandarle dinero a mi hija en Nicaragua y no pude. Todo estaba cerrado. No hay donde comprar comida tampoco. Es difícil. Solo que alguien medio abra una tienda, es la única forma, no sé que hacer. Es complicado todo”, indica el seleccionado quien no es convocado desde la Copa Oro de junio.

El Alto estaba relativamente tranquilo durante los primeros días , indica el jugador, pero después de la renuncia de Morales se dieron muchos disturbios en las calles. “El sábado hubo muchísimos enfrentamientos. El domingo igual, ese día salí a buscar comida porque no tenía y estaban tirando gases, estaba horrible, me puse mal, se me salieron las lágrimas por el gas y tuve problema en la garganta. En el apartamento me dieron vinagre para quitarme eso, pero estos días está todo cerrado, la gente en las calles. Es una locura”.

¿Qué es lo duro que ha tocado vivir? se le consultó a Copete: “Lo más difícil ha sido ver un herido, alguien que le volaron las manos o algún pedazo del cuerpo por las minas o dinamitas, eso como lo peor que he visto. La gente gritando, corriendo, que dicen que están peleando tirando gas, personas que con esas dinamitas les han volado los brazos y algunas extremidades del cuerpo”.

Todo paralizado

Los equipos están sin entrenar ni jugar por seguridad de los jugadores. «Después de una semana todo se volvió más tenso, algunos lugares no abrían a veces, otros cerraron, y los enfrentamientos entre las personas eran mayores, la Policía no se metía. Los tranques se pusieron más fuertes, no había movilidad y comenzaron a haber muertos y heridos en Santa Cruz, Cochabamba y otros departamentos. Es una situación difícil”.

Copete cuenta que hubo días que llegaban al teleférico y la fila era como de 10 calles. «Vuelos internacionales no había, tampoco locales y no podíamos viajar a los partidos, tampoco entrenar. Uno salía pero no estaba seguro. Gracias a Dios no hubo tanta violencia, la Policía no se metió en nada, sino entre las personas. Era complicado poder transporte a las canchas de nosotros o que el bus del equipo nos transportara.

La Paz no fue tan caótica, como otras ciudades, explica el jugador nicaragüense. “Santa Cruz, Potosí y Oruro estaban horribles, los compañeros no podían entrenar porque estaba todo cerrado. Los vehículos no circulaban ni 200 metros, los equipos de Santa Cruz (6) no entrenaban o iban en bicicleta si podían hacerlo. Después de se suspendieron las fechas y no hemos jugado».

Copete permanecerá en Bolivia, a pesar de toda la situación que atraviesa. «Estamos esperando a ver qué pueda pasar. El torneo lo quieren suspender, otros dicen que no, todos es un caos, se filtra mucha información y sea como sea, uno le da miedo y desconfianza salir a la calle. Nos dicen los gerentes que nos quedemos en casa y esperemos, tratan de no arriesgarnos. Pero no se le ve una tranquilidad del todo, está difícil. Hay enfrentamientos en otros ciudades. Gracias a Dios estamos bien y esperando qué pasa al final».

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