Grandes crímenes | La misteriosa desaparición de la alemana Heidrum Nieth en 1990

Las autoridades jamás dieron con su cuerpo. El caso de la alemana se hizo más extraño todavía cuando su novio se mató luego de que unos oficiales le preguntaran por ella

La alemana era una mujer sumamente atractiva, nunca se supo de su paradero. Ilustración: Luis González.

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Este reportaje fue publicado en el periódico HOY el 7 de julio de 2019

El 31 de mayo de 1990 José Alberto Escobar Figueroa, de 36 años de edad, fue llamado a la Estación Uno de Policía, situada en Ciudad Sandino, para declarar en torno a la desaparición de su novia, la alemana Heidrum Nieth.

El sujeto, con nacionalidad salvadoreña y nicaragüense, acudió a la cita en horas de la tarde. Se presentó con un semblante pálido. Su estado de ánimo maximizaba su problema al caminar. Escobar Figueroa era lisiado de las piernas, producto de un accidente de tránsito del que fue víctima hacía algún tiempo.

En el sitio, los oficiales le preguntaron qué sabía del paradero de Heidrum y este solo supo decir: “Mi novia tenía otros amantes”. Acto seguido, pidió permiso para ir a tomar agua. Caminó hacia su vehículo, sacó el AK que utilizaba para cuidar el trigo que se producía en la finca de su madre, metió el cañón del fusil en su boca y disparó, llevándose consigo quizás la verdad o quizás no.

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El suicidio de Escobar Figueroa aportó gran misterio al caso de Heidrum Nieth, la internacionalista que desapareció el 20 de mayo de 1990 mientras se dirigía a su casa, ubicada a pocos metros del Comando Central del Cuerpo de Bomberos, en Managua. Desde ese día no se le volvió a ver más.

¿Mujer fatal?

En sus investigaciones, la policía descubrió que Heidrum tenía un amante identificado como Frankling, pero solo una vez se escuchó su nombre. Jamás se supo si realmente existió.

Luisa María Figueroa, madre del joven que se suicidó, refirió a las autoridades que siempre creyó que la alemana era una mujer inmoral, pues realizaba “cochinadas” con otros conciudadanos que vivían con ella. ¿Cómo sabía eso la señora? Tampoco se precisó.

“No son de aquí y su cultura es muy amoral”, dijo a La Prensa en esos días. También agregó que Heidrum había contagiado a su hijo (posiblemente de sida), por eso este después de ser un hombre recio y fornido se volvió delgado y pálido. Tomaba pastillas a toda hora, siempre se sentía débil y lo peor: estaba cegado por un amor enfermizo que efectivamente le llevó a la muerte.

La madre, dolida por la pérdida de su vástago, contó que a veces la pareja llegaba a su finca, situada en la comarca Alfonso de González, ubicada a la altura del kilómetro 17.5 de la carretera a Xiloá, y ella podía apreciar el andar atrevido de su nuera.

Heidrum Nieth era una mujer ciento por ciento atractiva. Medía un metro con 65 centímetros, tenía un cuerpo esbelto, blanquísimo. Un cabello rubio oscuro que resaltaban sus ojos grises y mostraba siempre una sonrisa y una actitud libre de prejuicios.

La alemana había llegado a Nicaragua en los ochenta, en tiempos del régimen sandinista y a pesar de ser del Estado Federal de Alemania, era de izquierda y simpatizaba con la guerrilla salvadoreña.

Durante ese tiempo, en Nicaragua explotó el escándalo de las nacionalidades regaladas por el gobierno orteguista a muchos guerrilleros y colaboradores terroristas después de la derrota electoral. También se descubrió un gigantesco arsenal en Ciudad Sandino.

Heidrum Nieth era profesora y pertenecía a la Fundación Samuelson, que pretendía crear una escuela para niños huérfanos de guerra. Sin embargo, quienes la conocían decían que ella se “dedicaba a otras cosas”. Esas otras cosas consistían en nexos con las guerrillas, amistades peligrosas. Aunque cabe mencionar que tales teorías jamás se constataron, quedaron flotando como historias fantásticas.

La búsqueda

José Alberto Escobar Figueroa, de 36 años, novio de la desaparecida. Se quitó la vida y consigo se llevó todos los secretos en torno al caso de la alemana. 

Al conocerse que Nieth visitaba constantemente la finca de Luisa María Figueroa, su suegra, las autoridades resolvieron hacer las primeras pesquisas en ese lugar, para encontrar el cadáver de la alemana.

Varios miembros especializados del Cuerpo de Bomberos se hicieron presentes en la propiedad. Un mozo bajó al fondo del pozo y lo único que halló fueron restos de reses devoradas por boas.

Otro de los lugares en que supuestamente Nieth se encontraba bajo el cuido de unos amigos, puesto que “tenía una enfermedad mental”, era una quinta ubicada sobre el kilómetro 17 de la Carretera Vieja a León. La Prensa constató que las fincas en la zona eran “Sorta y Monterrey”. Pero al llegar a realizar las inspecciones correspondientes, no se encontró nada.

El entonces embajador de Alemania en Nicaragua, Georg Boomgaarden, dijo que la otra posibilidad es que la joven saliera del país con rumbo a El Salvador, ya que tenía muchos amigos con quienes trabajaba. No se informó cuáles eran sus actividades en dicho país. Sin embargo, una persona alemana que residía allá indagó sobre ella y avisó a las autoridades que “no había rastro de Heidrum”, nadie la había visto.

Pese a que la embajada alemana urgió al Estado informes sobre el paradero de Heidrum, nunca se logró ningún dato preciso.

Finalmente, trascendió que un hermano de la alemana vendría a Nicaragua para iniciar una investigación independiente de la desaparición.

La Prensa estuvo muy al pendiente de su llegada, pero todo quedó en rumores. Jamás se conoció si vino o no, si encontraron el cuerpo o si exigieron a las autoridades que guardaran silencio para evitar más dolor en la familia. Nunca se supo la verdad. Todo se sumió en el misterio.

Según la madre del suicida José Alberto Escobar Figueroa, su hijo había sido contagiado presuntamente de sida por su novia, la desaparecida Heidrum Nieth, a quien la señora calificó como una mujer libertina e inmoral.

Tal acusación jamás se confirmó, puesto que el cuerpo de la alemana jamás fue encontrado y los exámenes que se le hicieron a José Alberto Escobar Figueroa nunca fueron entregados a sus familiares. No se supo si realmente tenía sida. Literalmente se llevó todos los secretos a la tumba.

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