Grandes crímenes | El crimen del hospital: una joven fue asesinada en la Managua de 1940

El asesinato de Aurora Cordonero mantuvo durantes meses en vilo a la capital nicaragüense. La historia se conoció como el "Crimen del Hospital"

Esta fotografía fue publicada por LA PRENSA en 1940. En la primera flecha se muestra donde la joven arrojó una bocanada de sangre, y la segunda, donde cayó agonizante. HOY/Archivo

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Este reportaje fue publicado originalmente en el Periódico Hoy el 11 de marzo de 2018

Cuando inició el juicio contra el granadino Ricardo Robleto Gómez, de 26 años, en diciembre de 1940, la radio nicaragüense transmitió en vivo los alegatos y pormenores del caso. Se comenzaron a leer los 153 folios, a razón de 40 folios por hora. Nicaragua estaba pendiente de lo que decidiría el jurado que estaba conformado por siete hombres.

Robleto Gómez era acusado por “el crimen del hospital”, a como lo llamó la prensa de la época. Cuatro meses antes de enfrentar juicio, la joven Aurora Cordonero Calderón (también era conocida como Aurora Muñoz Cordonero) había sido asesinada enfrente del Hospital General, cerca del Parque San Pedro u 11 de Julio de Managua, que todavía existe. Del hospital no queda ningún vestigio, en la manzana que ocupaba ahora hay viviendas humildes del barrio Anexo al Bóer.

Aurora Cordonero era pareja del acusado. De 18 años, morena, “cuerpo joven y lleno de gracia”, se lee en el diario La Prensa del 5 de agosto de 1940. La noche del 1 de agosto, la joven llegó hasta el cuarto que alquilaba Ricardo Robleto Gómez, enfrente del portón oriental del hospital. Estuvo unos minutos y luego se fue. Robleto tenía un compañero de cuarto, Abraham Arellano, quien también vio a la joven.

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La pareja quedó de verse después de las 10:30 de la noche. Salieron por su cuenta. Él con traje de casimir azul y ella con un vestido floreado. Esto fue confirmado por varios testigos que se toparon con los protagonistas de la historia.

Lo que no está claro es lo que ocurrió después. Nadie había visto cómo asesinaban a Cordonero. Más de 20 testigos declararon a lo largo de todo agosto, rumoraban lo que oían decir a los vecinos, y los miembros de familias pudientes de la Vieja Managua se negaban a testificar.

Herida que la desangró

Aurora regresó a la pieza que alquilaba Robleto, y habría sido atacada a unos 20 pasos de la entrada del cuarto. Fue una herida limpia, horizontal, de tres centímetros y medio de ancho, y 12 centímetros de profundidad, que le perforó un pulmón. El forense y las autoridades nunca pudieron determinar qué arma se usó, si cuchillo, espátula de platino o yatagán (especie de bayoneta).

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Herida, Cordonero caminó 72 pasos y tiró una bocanada abundante de sangre. Una charca quedó en el lugar, frente a la Pensión Berta. La joven solo logró dar nueve pasos más antes de caer muerta.

En su declaración, Robleto Gómez dijo que él regresaba de una fiesta, cuando vio a Aurora salir de su habitación y él, a varios metros de distancia, comenzó a silbarle. También dijo que detrás de ella iba Abraham Arellano, su compañero de cuarto.

En el cuarto de Robleto no había rastros de sangre, según confirmaron miembros de la Guardia Nacional. Por lo que descartaron que el ataque se cometiera allí.

El joven, quien laboraba en la oficina de Operaciones de Cambio del Banco Nacional, fue el primero en ver muerta a Aurora. Por el lugar pasaron en un carro unos hermanos que luego testificaron haberlo visto agachado viendo el cadáver.

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Una de las teorías que involucraba a Robleto en la muerte de Cordonero, era que este vio el cuerpo y luego fue a su cuarto, a 170 pasos de donde cayó Aurora, a dejar su saco y volvió al sitio donde yacía el cadáver. Nadie entendía por qué estando muerta su amante, había ido a su cuarto a dejar su saco.

La segunda persona que se acercó al cadáver fue un guardia, al que solo identifican con el apellido Guido y que era conocido como Gorrión. Este andaba tomado y varios vecinos lo vieron minutos antes del crimen por el sector, incluidas dos domésticas.

Otra doméstica, que nunca llegó a declarar en juicio, contó a otras colegas, que estaba en el balcón de la casa donde trabajaba y que había visto cómo Gorrión mataba a Cordonero y le gritaba “que era una p…, y que ella se resistía diciéndole que jamás se entregaría a un guardia”.

¿Quién era Aurora?

Aurora Cordonero era una joven originaria de Malacatoya, Granada. Vivía desde 1938 en la calle Colón de Managua, con su tía Leandra. Cuando cumplió 8 años fue entregada a una familia granadina, pero a los 14 años le dio paludismo y regresó a la hacienda en Malacatoya donde trabajaba su madre. Ocho meses después regresó a Granada y luego se mudó a Managua.

LA PRENSA le dio amplia cobertura al asesinato de Aurora Cordonero. HOY/Archivo

Presintió su muerte

Leandra Cordonero, tía de Aurora, también brindó declaración ante el Juez de lo Criminal de Distrito, doctor Luis Zúñiga Osorio. Dos días antes de que mataran a su sobrina, ellas estuvieron en el Casino Militar, de donde eran asiduas visitantes. Y la joven le dijo: “Tía, tengo dos días de estar con mucha tristeza, quién sabe si irá a pasar algo en la familia, o será a mí”. Leandra “trató de disuadirla de ideas funestas”.

Días después también testificó la madre de Aurora, Matilde Calderón, quien hizo caer las sospechas sobre Ricardo Robleto Gómez, porque era muy celoso. El 18 de julio de ese mismo año, su hija le había escrito que la quería ir a visitar a la hacienda de Malacatoya donde ella trabajaba, pero que no iba porque Ricardo “no la dejaba ir sola porque era muy celoso”.

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Más de 10 días después del asesinato de Aurora, las interrogantes seguían. El juez no tenía dinero para moverse y tomar las declaraciones a domicilio. Un detective se interesó en el caso “con el propósito de dar con el criminal” y sin devengar honorarios.

El crimen del hospital era el pan de cada día de los managuas. Varias personas se acercaban al juez en condición de anonimato y le decían que no podían declarar porque los podían matar. Todos dejaban entrever que el crimen había sido cometido por “un guardia”.

Testigo salió de la nada

Un chofer declaró el 19 de agosto de 1940, que él y un compañero cuando pasaban por el antiguo Instituto Pedagógico se encontraron a Gorrión, quien estaba ebrio y les dijo que se iba a matar “porque estaba aburrido de la vida”, mientras sacaba un revólver para que lo vieran.

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Al día siguiente fue excarcelado Ricardo Robleto Gómez y su compañero de cuarto, Abraham Arellano, quienes estaban detenidos desde la noche del crimen como sospechosos.

Cuando los últimos declarantes estaban “apuntando” a Gorrión, surgió un testigo que dio un giro inesperado al caso. Un exteniente de la Guardia Nacional, Arturo Castillo, que se desempeñaba en ese momento como oficinista, declaró que vio a Robleto a 6 o 7 varas de distancia de Aurora, mientras esta iba herida, y que luego el amante había escapado y habría regresado a encontrarse con el cadáver.

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Castillo dijo que no había querido declarar “por evitar de meterse en un lío” y añadió: “Por no verme envuelto en cuestiones que casi siempre ofrecen dificultades”, y que solo llegó a declarar porque lo habían citado para hacerlo.

Ese testimonio fue suficiente para que volvieran a apresar a Robleto Gómez y se le acusara del asesinato de Aurora Cordonero Calderón. El 30 de agosto se trató de realizar la reconstrucción del crimen, pero varios testigos faltaron, entre estos el exguardia Arturo Castillo.

Una nota publicada en agosto de 1940 en LA PRENSA. HOY/Archivo

A inicios de diciembre de ese mismo año se conformó el jurado. Y llamaba la atención que el fiscal desistió de acusar porque no hallaba ninguna prueba concluyente sobre Robleto, quien llegó al juicio vestido de traje de casimir negro y “con cierta serenidad de ánimo” saludó a sus familiares y amigos, publicó La Prensa el 4 de diciembre de 1940.

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Un día antes, el diario publicaba una carta que enviaron firmada más de 100 granadinos a favor de Robleto Gómez, “quien por una contradicción del destino y por misteriosas circunstancias se encuentra bajo el injusto peso de un auto de prisión”, se detallaba en la misiva, y agregaban los firmantes: “Por una presunción que se deriva de un testigo contradictorio guarda ahora cárcel…”.

Ese 4 de diciembre fue absuelto Ricardo Robleto Gómez. El veredicto del jurado fueron cuatro bolas blancas, que representaban su inocencia, y tres bolas negras, que votaron los que creían era culpable. Nunca se supo quién mató a Aurora Cordonero Calderón.

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