Murillo exige «trato respetuoso» a la iglesia católica mientras llama «lobos repugnantes» a la oposición

Murillo atacó a los líderes religiosos de la Iglesia Católica y pueblo opositor calificándolos de "lobos repugnantes"

"Ya dejen de joder". Insulta Rosario Murillo desesperada por no poder acabar con las protestas

Rosario Murillo. FOTO: LA PRENSA/ ARCHIVO

La sancionada vicepresidenta designada de Nicaragua, Rosario Murillo, acusó a la iglesia de católica de dividir al pueblo nicaragüense por lo que exigió «respeto», en un mismo discurso de odio donde también calificó de «lobos repugnantes» a la parte opositora.

Murillo aprovechó este martes su acostumbrado discurso, que duró alrededor de 40 minutos, para atacar a los líderes religiosos católicos y oposición y volver a acusarlos de «intento Golpe de Estado» de 2018.

Con una verborrea llena de odio y amargura, Murillo dedicó largos minutos de su aburrido discurso para justificar la agresión contra la Iglesia Católica que en los últimos días se ha reflejado en el ataque violento, cerco, asedio y agresión contra los templos, autoridades religiosas y feligreses.

«Como ciudadanos dignos y libres, personas de bien, exigimos respeto y trato respetuoso sobre todo de quienes cumplen funciones pastorales (…) y merecemos el respeto a nuestra dignidad, de todos, y en primer lugar de quienes dicen tener autoridad pastoral», expresó Murillo.

Ataque a iglesia católica
La iglesia San Felipe de Molagüina, en Mataglapa, asediada por turbas y antimotines. LA PRENSA/L. MARTÍNEZ

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Destila odio contra sacerdotes

Para Murillo, sancionada por los Estados Unidos por violaciones a los derechos humanos, dentro de la congregación de fieles «no debe haber privilegios, separaciones o divisiones».

Según ella «no hay creyentes ni ciudadanos de distintos categorías, todos somos pueblo de Dios, todos merecemos respeto», dijo en referencia al apoyo que los líderes religiosos han brindado a los familiares de presos políticos, víctimas de la dictadura que persigue a los jóvenes que se oponen a los abusos sistemáticos del régimen.

Este lunes un grupo de ocho madres de presos políticos anunciaron una segunda huelga de hambre en la Catedral Metropolitana de Managua, sin embargo, horas después fanáticos orteguistas se tomaron el lugar con el objetivo de desalojar a las personas autoconvocadas y «convertirlo en un templo de oración, no un lugar para actos vandálicos».

huelga de hambre
Agentes de la Policía Orteguista bloquean entrada a la Catedral de Managua donde se realiza huelga de hambre. LAPRENSA/R. Fonseca

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«Jamás podemos olvidar cómo nos dividieron, cómo nos separaron, cómo nos dejaron, tragedia inmensa de las que nos estamos recuperando con amor», manifestó Murillo, quien irónicamente dedica palabras de amor y cristianismo al tiempo que ataca a la iglesia católica.

Desde que iniciaron las protestas antigubernamentales en abril de 2018, la dictadura de Nicaragua culpó a la iglesia católica de promover el «intento Golpe de Estado», y desde entonces han trabajado en una campaña de desprestigio contra los sacerdotes que han denunciado la represión.

Universidades jesuitas
El padre Edwin Román fue agredido en la sacristía de la Parroquia de San Sebastián, en Diriamba, por encapuchados y paramilitares que se tomaron el templo para agredir a los sacerdotes por órdenes e la dictadura.
LA PRENSA/AFP

Sigue amenazando con violencia y muerte

Entre oraciones repetitivas, también describió a la parte opositora, liderada por la empresa privada, estudiantes, movimiento campesino y sectores de la sociedad civil como apellidos «indignos y ensangrentados», dijo Murillo, quien junto a su pareja el dictador Daniel Ortega, han sido señalado junto a la dinastía Somoza como las dos familias que más crímenes han cometido contra el pueblo nicaragüense, incluyendo delitos de lesa humanidad en la masacre que la dictadura Ortega-Murillo desató desde abril de 2018.

«Nos pronunciamos en total rechazo y repudio a esos sectores que han manipulado y manipulan en un país creyente y devoto la palabra de Dios para seguir agrediendo, acosando a los trabajadores que estamos comprometidos con la fe, la armonía la seguridad, el trabajo bueno y el bienestar, con la paz no se juega y menos en el nombre de Dios que nos ama a todos», sentenció furiosa.

Familia quemada en el barrio Carlos marx de Managua por paramilitares del régimen de Daniel Ortega. LA PRENSA/ WILIH NARVAEZ/ ARCHIVO
Familia quemada viva en el barrio Carlos Marx de Managua por parapolicías del régimen de Rosario Murillo y Daniel Ortega, en junio de 2018. LA PRENSA/ WILIH NARVAEZ/ ARCHIVO

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Lanza piedras teniendo techo de cristal

Murillo declaró que sus bases fanatizadas no aceptan que la oposición continúe con «perverso afán de dividirnos y alterar la paz», y responsabilizó a la empresa privada de hundir la economía del país.

«Todavía menos comprendemos que quienes dicen hablar en nombre de la paz, pretendan continuar manipulando nuestra creencias, acechando la convivencia, la reconciliación con discursos y acciones maléficas, egoístas, vacías llenos de odio, ellos que desconocen las dificultad de la pobreza en la que históricamente con sus indignos y ensangrentados apellidos han hundido a Nicaragua», dijo Murillo.

La familia Ortega-Murillo es una de las más millonarias de Nicaragua gracias a la corrupción con los recursos provenientes de la cooperación venezolana, calculada en más de tres mil millones de dólares, de los cuales la familia dictatorial no ha rendido cuentas de transparencia.

Discurso falaz

La vicepresidenta designada concluyó su discurso haciendo nuevamente el llamado al «respeto» de parte de la iglesia católica para que el pueblo nicaragüense «recupere la confianza» en ella.

«Urgimos a esos sectores que cumplan con su rol pastoral, les urgimos abandonar caminos que siembran odio, separación y división y les urgimos acompañar con caminos de esperanza y reconciliación por el bienes de todos.»

«Esos sectores religiosos tienen la oportunidad histórica de reivindicar su función pastoral de promoción de la vida en valores cristianos, las iglesias deben optar por la justicia social, que las iglesias recuperen la confianza de nuestro pueblo acompañando a los excluidos y descartados por ese capitalismo atroz y salvaje».

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