¡Irrelevante!

En los 19 meses de crisis que Nicaragua ha vivido desde abril de 2018, uno de los pocos temas donde pareciera existir un consenso es que cualquier salida a la crisis debería de ser conforme a la Constitución Política. Esta noción no solo la comparten los actores nacionales, sino que es parte de lo que […]

impeachment, Donald Trump

En los 19 meses de crisis que Nicaragua ha vivido desde abril de 2018, uno de los pocos temas donde pareciera existir un consenso es que cualquier salida a la crisis debería de ser conforme a la Constitución Política. Esta noción no solo la comparten los actores nacionales, sino que es parte de lo que nos recetan nuestros amigos en el exterior.

Este precepto pareciera hacer sentido. Después de todo, la Constitución debería de ser el fundamento de la arquitectura jurídica y el documento que establece los derechos de los ciudadanos y la relación entre estos y sus gobiernos.

Pero ¿es realmente así? A continuación resumo la beligerancia que las constituciones realmente tienen.
En primer lugar, ¿sabía usted que hay países serios y democráticos que no tienen una Constitución escrita? Estos incluyen el Reino Unido, Israel, Canadá y Nueva Zelanda. Sin embargo, esto no implica que no tienen constituciones. Sí las tienen, pero no están plasmadas en un solo documento que es la piedra angular de su gobernabilidad. Más bien se encuentra en las leyes, costumbres, cultura política y precedentes jurídicos e históricos que sirven como guías para sus pueblos.

Bolivia, un país que ha estado mucho en la noticia recientemente, sí tiene una Constitución. Pero no le ha servido. En los 194 años desde su independencia, Bolivia ha tenido 17 constituciones, 88 gobiernos, múltiples golpes de Estado y dictaduras, cuatro triunviratos, un duunvirato y hasta un gobierno sin jefe de Estado.

Caótico, ¿verdad? Pero Nicaragua no se queda muy atrás. Nosotros hemos tenido 14 constituciones en 198 años de vida republicana. Y la más reciente, la de 1987, ha sufrido tres importantes modificaciones. La más reciente fue en 2014 cuando se borraron, entre otras cosas, limitaciones a la reelección presidencial, al igual que el umbral mínimo de votos necesarios para ser electo. O sea que, según nuestra Carta Magna actual, Daniel Ortega puede perfectamente postularse para un quinto período presidencial y lo lograría con tan solo una simple mayoría de los votos. Pocos nicaragüenses conocen esto porque semejante cambio pasó desapercibido. Los medios prácticamente lo ignoraron.

Para concluir, en la mayoría de las naciones del mundo —incluyendo Nicaragua en donde el gobierno utiliza la Constitución como una herramienta para alcanzar, legitimar y mantenerse en el poder— la Constitución es un simple adorno. ¡Es irrelevante! Por eso, si pretendemos hacer de nuestra patria un país serio, debemos de corregir esta triste situación. Darle beligerancia a una constitución democrática debe de estar al centro de la transición que se está buscando y que todos anhelamos.

El autor fue canciller de Nicaragua y diputado en la Asamblea Nacional de Nicaragua.

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