Grandes crímenes | El brutal exorcismo contra Vilma Trujillo García

Dijeron que estaba poseída, los fanáticos la secuestraron y luego la quemaron. Sus asesinos fueron condenados a más de 30 años de cárcel

Vilma Trujillo García tenía 25 años. Su cuerpo presentaba quemaduras hasta en un 80 por ciento según los médicos. Desde su llegada a Managua, proveniente de Rosita, los especialistas dijeron que había daños irreversibles. Su muerte era inminente. LAPRENSA/Archivo

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Este reportaje fue publicado originalmente en el Periódico Hoy

A las 6:00 de la tarde un grupo de personas llegó a la casa de Vilma Trujillo García. Dijeron que se la llevarían a la iglesia para orar por ella y sacarle los demonios que supuestamente la atormentaban. Era el 15 de febrero de 2017.A nadie le pareció rara la visita de los hermanos de la iglesia Visión Celestial, adscrita a las Asambleas de Dios, en la comunidad El Cortezal, en Rosita, Caribe Norte. Vilma visitaba también esa iglesia.

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El día que se la llevaron estaba solo con sus dos hijos y un cuñado. Su compañero de vida, Reynaldo Peralta Rodríguez, se había ido hacía una semana a San Miguel de Casa de Alto, en La Cruz de Río Grande, a trabajar en la finca de su mamá y de paso construir una vivienda para ella y sus hijos.

Vilma Trujillo, Caribe Norte, mujer quemada en la hoguera
Los cinco acusados por el crimen contra Vilma Trujillo. Primera a la izquierda, Esneyda Orozco, la mujer que dijo que recibió la profecía. En el otro extremo, el pastor que permitió el acto criminal. LAPRENSA/Archivo

Pocos pueden negar que algo pasaba con Vilma. El mismo Reynaldo dijo que la muchacha había cambiado mucho en los días previos a su muerte. Dijo que a veces estaba malhumorada y otras deprimida. Su tía Ángela García señaló también que a su sobrina a veces le oían decir “cosas raras”. Recuerda que una vez le dijo a su hermana que estaba embarazada “que no iba a tener un bebé, sino una serpiente”. Muchas veces lloraba sin razón y otras la encontraban arrodillada rezando frenéticamente.

Vida dura

El Cortezal es una comunidad ubicada a 40 kilómetros de Rosita, el Triángulo Minero de la Costa Caribe Norte de Nicaragua. Una zona donde las casas están a gran distancia una de la otra, un lugar montañoso donde parece que el tiempo no pasa y todo falta. Sus habitantes trabajan la tierra y no parece haber más ambición que cultivar para comer.

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En lugares como esos, las creencias influyen mucho en la vida de las personas. Aunque nunca lo sabremos, es posible pensar que Vilma necesitara ayuda psicológica. Su madre murió muy pronto, tuvo una pareja que acabó temprano con su inocencia y se conoció tiempo después que fue víctima de abuso sexual.

Reynaldo Peralta, esposo de Vilma Trujillo García, señaló que los fanáticos no dejaban que él se acercara. LAPRENSA/Archivo

Pero para su círculo familiar y social, el problema de Vilma era otro. Su esposo por ejemplo creía que estaba embrujada, “no endemoniada, embrujada”, aclaraba.

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Él pensaba que los parientes del que la abusó le habían hecho un mal para dañar su mente. Un familiar dijo que ello explicaría el plan de Reynaldo para sacarla de El Cortezal y vivir en otro lugar como una forma de ayudarla.

Atada como animal

Todavía no queda claro quién específicamente pidió la supuesta ayuda religiosa para Vilma. Pero sí, se dijo que el pastor de la iglesia que visitaba la víctima ofreció su ayuda.

Antes que iniciara el juicio por el asesinato, todos los dedos índices del país apuntaban a Juan Gregorio Rocha Romero, el pastor de la congregación.

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Rocha Romero tenía entonces, 23 años, y todos le decían pastor, aunque su denominación, las Asambleas de Dios, aclararon en Managua —días después de la tragedia— que el muchacho no era ordenado, su congregación era apenas una aspirante y se desmarcaron rápidamente de él y sus acciones contra Vilma.

Juan Gregorio Rocha Romero, el pastor de la congregación Visión Celestial. LAPRENSA/Archivo

Rocha Romero en efecto era un joven sin experiencia en el campo religioso, menos se le podría considerar un fanático de religión, lo que se notó con los pobres argumentos con que intentó explicar la barbaridad cometida contra Vilma.

Tras llevarse a la muchacha de su casa, los delegados, con Juan Gregorio a la cabeza, recluyeron a Vilma en la casa pastoral, una edificación de madera a pocos metros del templo que también es una casona hecha de madera sin ningún toque religioso.

Ahí ataron a la mujer de pies y mano, amarrada a las soleras de la casa. Su martirio comenzó la misma noche que se la llevaron. Se supo después que la sometieron a ayuno forzado y sesiones de garrotazos. Todo fue brutal.

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Ahí Vilma Trujillo estuvo seis días hasta que fue lanzada a una hoguera en las afueras de la casa. Según contó su hermana —una adolescente que entonces cumplía 13 años— el pastor organizó una especie de comisión de “hermanos de fe” para realizar un exorcismo a Trujillo.

Para la misión, escogió a sus hermanos de sangre Pedro José y Tomasa Rocha Romero, a Franklin Jarquín Hernández y a Esneyda Orozco Téllez, todos con cargos en la congregación. Lo primero que idearon fueron los ayunos forzados. Aparentemente Vilma exigía ser liberada, y lloraba a ratos y gritaba también, lo que en más de una ocasión le valió garrotazos de parte de sus exorcistas que más parecieron torturadores de la edad media.

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Su hermana, que fue testigo presencial de la violentas sesiones contra Vilma, dijo que los “hermanos de fe” la sacaban a ella de la casa pastoral cuando le aplicaban castigos a su hermana y que ella oía sus gritos de dolor.

La profecía criminal

Poco se conoce de la fecha exacta de esos tormentosos seis días de Vilma, en la que la diaconisa Esneyda del Socorro Orozco Téllez, anunció a los exorcistas que había recibido una revelación para “sanarla”.

La mujer dijo que la profecía mandaba a hacer una fogata en el patio de la iglesia y que un grupo de hermanos llevaran allá a “la enferma”, que la amarraran cerca del fuego y realizaran una oración. “El demonio se saldrá del cuerpo de la enferma y se lanzará al fogón”, le oyeron decir a Orozco Téllez.

Un lugareño muestra el sitio donde hicieron la hoguera y lanzaron el cuerpo de Vilma Trujillo. LAPRENSA/Archivo

El pastor convocó a la congregación para la 1:00 de la mañana del 21 de febrero. Permitió que Tomasa, su hermana, orientara recoger leña y hacer el fogón.

Ordenó que un grupo de personas debían quedarse dentro de la iglesia orando y unos 12 en total, incluyéndolo a él, salieron al supuesto fogón de sanación.

Aunque en juicio poco se dijo de lo contado a continuación, las versiones periodísticas señalaron que otros miembros de la iglesia advirtieron al pastor que eso era peligroso y que no debían hacerlo por la salud de la joven.

No obstante, Rocha insistió que “era una orden del Señor quemar el cuerpo de la víctima y el espíritu maligno dentro de ella”. Los testimonios recogidos por los investigadores policiales que llegaron a la zona señalan que el pastor Rocha ordenó a los exorcistas que cerraran sus ojos, levantaran las manos y elevaran una oración.

“¡La quemaron, la quemaron¡”

Fue en ese momento que lanzaron a Vilma al fuego. Según los relatos era entre las 4:00 y 5:00 de la mañana. Una declaración señaló que uno de los presentes identificado como Miguel Ángel Zamora abrió los ojos y cuando vio a la joven que se retorcía y gritaba en la hoguera, no lo pensó y a como pudo la sacó de las llamas.

Los demás se molestaron y lo acusaron de interferir en la acción divina que terminó en tragedia. Al ver lo que pasaba, la hermana adolescente de Vilma pensó en buscar ayuda y salió corriendo hacia la finca de su tía Ángela. Corrió como loca por senderos de maleza insurrecta, cortando caminos a oscuras. “¡La quemaron, la quemaron¡”, gritaba.

El padre de Vilma, Catalino López Trujillo, despertó a cuanto hombre de la casa pudo y con machetes en mano emprendieron el rescate. Llegaron ya con el sol puesto, vieron el humo de la hoguera y los pocos congregados que amanecieron estaban callados. Don Catalino encontró a su hija desnuda y quemada, pero consciente. Le pidió agua.

De inmediato los parientes le ayudaron a llevar a la joven a la casa de Ángela. Buscaron ayuda en una ONG para trasladarla a un centro médico en Rosita. Allá decidieron que su estado de gravedad ameritaba llevarla a Managua. Era el 23 de febrero.

Cinco días más tarde, el 28, Vilma Trujillo no pudo más y se rindió a la muerte. Padecía un edema pulmonar y una insuficiencia orgánica múltiple a causa de las quemaduras.

A 36 años de prisión fueron sentenciados el pastor Juan Gregorio Rocha Romero, Pedro Rocha Romero, Tomasa Rocha y Franklin Jarquín, por el asesinato y secuestro simple de Vilma Trujillo.

En el caso de Esneyda Orozco, la mujer de la profecía, fue condenada a 30 años de encierro por el asesinato, porque fue declarada no culpable del secuestro simple. El proceso estuvo a cargo del juez Quinto Distrito Penal de Juicio, José Alfredo Silva Chamorro, y durante los días que se desarrolló mantuvo la atención de organismos, medios de comunicación y autoridades de gobierno.

El 9 de mayo, el juez les leyó la sentencia. También los acusó de haber actuado “con alevosía, saña y abuso de confianza”. Durante la lectura las mujeres acusadas lloraban desconsoladamente.

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