¡No lo permitan los oficiales!

El presidente Sacasa primero, y Somoza García después, purgaron al ejército de oficiales conservadores para someterlo al partido liberal y luego a la familia Somoza

oficiales, paz

Desde su independencia uno de los obstáculos más importantes para alcanzar la paz y estabilidad duraderas ha sido la ausencia de un ejército profesional y apolítico. En el siglo XIX los partidos armados llevaron al país a una sangrienta anarquía. Con Zelaya (1893-1909), el ejército fue totalmente liberal. Luego con los conservadores fue totalmente conservador. Buscando evitarlo, el mayor Calvin Carter, de las fuerzas de ocupación norteamericanas, trató de crear en el primer ejército apartidista: La Constabularia. Pero apenas aquellas se retiraron del país, Emiliano Chamorro la convirtió en el ejército conservador que pronto se trenzaría en lucha a muerte con el ejército constitucionalista liberal.

Tras la paz traída con el pacto del Espino Negro en 1928, los norteamericanos volvieron a tratar de crear las fuerzas armadas apartidistas. Para eso idearon ternas con veinticinco candidatos propuestos por cada partido. El presidente debía elegir 15 liberales y 15 conservadores. Junto a esto crearon una academia militar con criterios de promoción basados en méritos profesionales. Pero otra vez, idos los marines en 1933, el presidente Sacasa primero, y Somoza García después, purgaron al ejército de oficiales conservadores para someterlo al partido liberal y luego a la familia Somoza.

La revolución sandinista de 1979 formó el Ejército Popular Sandinista al servicio del partido FSLN. No fue sino hasta 1990, que con doña Violeta presidente, se inició el anhelado ejército apolítico.

El adjetivo de Sandinista, con que se denominaba la institución, pasó a Nacional. En 1994 ella aprobó un Código Militar que establecía la rotación de los jefes militares, ocasión en que sus palabras trazaron la nueva ruta: “Al ejército no debe importarle que gobierne un partido u otro, que el presidente sea verde o rojo, de centro, derecha o izquierda, sino que sea electo popularmente, honestamente y de acuerdo con la ley… (Los militares) no deben tomar parte en lucha ni actividades políticas. Si toma partido en la política, se convierte en un partido armado”. Se avanzó mucho.

Cuatro generales se sucedieron tras cumplir los cinco años reglamentarios: Ortega, Cuadra, Carrión y Halleslevens. Pero Ortega, en 2014, cambió la Ley Militar permitiendo la reelección del quinto jefe, Avilés. La intención era mantener por tiempo indefinido una ficha de su entera confianza y convertir a la institución en instrumento de su familia. ¿Lo logrará? ¿Dejará la oficialidad que se manche su honor e independencia, dejando que prevalezca la perversa intención de someterlos de nuevo a la práctica nefasta de los ejércitos particulares? Su repuesta será decisiva, pues sin ejércitos nacionales, independientes de caudillos, no alcanzaremos paz duradera.

El autor de este artículo lo es del libro de historia Buscando la tierra prometida.

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