Los ataques al cardenal Brenes

El cardenal Brenes aseguró que quienes propalan esos infundios y difamaciones “son personas necias e inescrupulosas”. “Yo nunca hago un cambio ni por castigo, ni porque se sienta mal, ni porque no me simpatiza… siempre que hago un traslado les consulto” (a los sacerdotes), aclaró el jefe de la arquidiócesis de Managua

consejo, Humberto, Daniel

El domingo recién pasado, el cardenal Leopoldo Brenes desmintió en declaraciones al Canal 12 de Televisión la falsa y malintencionada información de que él habría obligado al padre Edwin Román a salir de la iglesia de San Miguel Arcángel, en Masaya, donde se encontraba sitiado por la Policía y turbas de la dictadura junto a varias personas que estaban en huelga de hambre en demanda de la libertad de los presos políticos.

Con esas declaraciones el cardenal Brenes salió al frente de quienes, con ese y otros infundios, lo han atacado personalmente lo mismo que al representante del Vaticano y del papa Francisco en Nicaragua, monseñor Stanislaw Sommertag.

A ambos jerarcas religiosos los presionaron sus detractores, en las redes sociales y otros medios de comunicación, para que fueran a Masaya a liberar al padre Román y sus acompañantes, como lo hicieron en junio del año pasado cuando marcharon a esa misma ciudad y a Diriamba a rogar por el cese de la represión y clamar por la paz. Además, las mismas personas difundieron la falsa información de que el cardenal Brenes y monseñor Sommertag habrían hecho a escondidas un arreglo con el régimen orteguista, para que liberara al padre Román y sus acompañantes a cambio de trasladarlo de parroquia, e inclusive sacarlo del país junto a otros sacerdotes que son críticos a la dictadura.

El cardenal Brenes aseguró que quienes propalan esos infundios y difamaciones “son personas necias e inescrupulosas”. “Yo nunca hago un cambio ni por castigo, ni porque se sienta mal, ni porque no me simpatiza… siempre que hago un traslado les consulto” (a los sacerdotes), aclaró el jefe de la arquidiócesis de Managua.

Tal vez no todas las personas que critican injustamente al cardenal Brenes y a monseñor Sommertag, y que difunden falsas informaciones acerca de ellos, sean malintencionadas. Posiblemente algunas lo hacen desesperados por la represión que parece no tener fin, y por desconocimiento de las normas de la Iglesia y del modo de actuar de sus representantes.

Pero la Iglesia católica no es una organización política ni partidista y no se involucra en la lucha por el poder. A la Iglesia no se le puede considerar como un miembro más de la Articulación Social, la Unidad Azul y Blanco o la Alianza Cívica. Y hay que saber que los templos son centros de oración, los cuales pueden ser usados como refugio de perseguidos y para atender de emergencia a los lastimados, pero no para actividades políticas.

Como ya lo hemos citado en otra ocasión, el Código de Derecho Canónico establece en su canon 1210, que “En un lugar sagrado –como es el templo católico— solo puede admitirse aquello que favorece el ejercicio y el fomento del culto, de la piedad y de la religión, y se prohíbe lo que no estén en consonancia con la santidad del lugar”.

De manera que no tienen razón quienes desde posiciones opositoras, supuestas o reales, atacan y denigran a los líderes de la Iglesia católica. A ellos más bien hay que agradecerles todo lo que han hecho y hacen en defensa de la gente, inclusive de sus gratuitos e injustos detractores.

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