Grandes crímenes | El contador que descubrió robos en una empresa y terminó muerto

Denis Francisco Molina trabajaba en una empresa panificadora. Se enteró que el jefe de logística de la empresa era el responsable de grandes pérdidas y cuando estaba a punto de reportarlo fue asesinado

El cuerpo del contador General Denis Francisco Molina, cuando fue sacado de la escena del crimen. LA PRENSA/ARCHIVO

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Este reportaje fue publicado originalmente en el Periódico HOY el  28 de julio de 2019 

Denis Francisco Molina tenía seis meses de trabajar en una empresa panificadora como contador general. Era un perfeccionista con su trabajo, tan excelente que durante sus auditorías pudo descubrir irregularidades en la parte contable. El eficiente Molina se dio cuenta que Ernesto López Mayorga, jefe de Logística de la empresa, era el responsable de pérdidas de hasta 300 mil córdobas. Estaba a punto de reportarlo cuando fue asesinado.

Todo ocurrió un seis de febrero del 2009, aproximadamente a las 2:00 de la tarde, en una pulpería del barrio San Luis, que también funcionaba como comedor.

A Molina ese día le tocó acompañar al contador y auxiliar de la empresa. Todos estaban en medio de una conversación cuando de pronto “dos sujetos en una moto entraron a la pulpería simulando comprar algo y uno de ellos sacó un revólver y disparó a la víctima”, informó la entonces comisionada Fátima Flores, jefa del Distrito Cuatro, a los medios de comunicación.

La bala que acabó con la vida del Molina impactó el lado izquierdo de su cabeza. El cuerpo fue llevado al Instituto de Medicina Legal (IML), después que varios familiares entre llantos le identificaran.

“Una pasada de cuentas”, “un crimen dirigido”… esas fueron las teorías en torno al asesinato de Denis Francisco Molina. Ciertamente, dichas hipótesis no estaban alejadas de la realidad.

“Al contador sí lo mandaron a matar”, dijeron las autoridades policiales y el responsable intelectual fue su compañero de trabajo, Ernesto López Mayorga, jefe de Logística de la empresa panificadora para la que ambos trabajaban.

Ernesto López Mayorga (de camisa blanca primero a la derecha) y Germán Huete Zeledón (camisa anaranjada) fueron acusados por el asesinato del auditor de la panificadora, Denis Francisco Molina Manzanares. LA PRENSA/Archivo

Indagaciones

El 12 de febrero del 2009, la Policía Nacional esclareció el asesinato, provocación y conspiración contra el contador.

El entonces comisionado Marvin Ordóñez, segundo jefe de Auxilio Judicial Nacional, manifestó que Ernesto Ascensión López Mayorga, jefe de Logística de la empresa panificadora, había propuesto asesinar a Molina y ofreció 300 dólares a unos jóvenes que no aceptaron llevar a cabo el crimen.

López Mayorga temía que el contador lo delatara y lo metiera en problemas por el mal manejo que le estaba dando al dinero. No miró otra salida que matarlo.

Fríamente renunció a cometer el crimen con sus propias manos y contrató a su amigo de infancia Germán Huete Zeledón, de 22 años, quien manejó la moto azul sin placa, marca Freedom, el día del crimen.

López Mayorga también contrató a Ricardo Loáisiga Monge, habitante del barrio Jorge Dimitrov, quien tenía antecedentes por robo con intimidación y pendiente una orden de captura judicial por un asesinato.

El día de los hechos, el autor intelectual del crimen junto a Juan Pablo Sobalvarro Duarte, alias Payo, de 24 años y William Reynaldo Vásquez Moraga, de 26 años, todos trabajadores de la panificadora, quitaron las llantas al vehículo que la víctima acostumbraba utilizar para trasladarse a almorzar y le proporcionaron otro, para facilitar que fuese identificado.

Acusados

El crimen se logró según lo planeado. López Mayorga se sintió aliviado al saber que ya no iría a la cárcel por sus manejos turbios con los recursos de la empresa.

Fue tanto su júbilo que resolvió asistir a los funerales de su víctima. Llegó con el rostro lánguido, como quien sufría la muerte de un pariente y hasta tuvo la indecencia de acercarse a ofrecer sus condolencias.

Días después, la Policía informó a los medios de comunicación que López y otras tres personas eran los presuntos autores del asesinato del contador. Sin embargo, de los cuatro detenidos, la Fiscalía únicamente acusó a dos, “porque de los otros no tenía suficientes pruebas”, explicó la fiscal Fabiola Mendoza. Germán Huete Zeledón, de 22 años, fue el otro implicado.

Miurel Arauz Figueroa, esposa del fallecido, al enterarse que las autoridades enjuiciarían solo a dos personas por el crimen, mostró completo descontento y dijo que apelaría: “Todos (incluyendo a los liberados) son cómplices, todos dieron dinero para que mataran a mi marido”.

Miurel Arauz Figueroa, esposa de Denis Francisco Molina. LA PRENSA/Archivo

La viuda relató que cuatro meses atrás, López Mayorga había dicho que si la empresa le pasaba la cuenta (lo despedían), su esposo se las vería feo. Efectivamente, las amenazas se cumplieron.

Los abogados defensores de los dos imputados solicitaron al juez José Luis Araica que concediera arresto domiciliar, debido a que en las celdas de la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), donde se encontraban detenidos, no estaban “a gusto”.

Otra de las razones por la que pidieron el arresto domiciliar es que los presentaron ante el judicial fuera del término establecido de las 48 horas. Ambas peticiones fueron negadas por considerar que se trata de un delito grave, como es haber privado de la vida a una persona.

Malos funcionarios de la empresa se confabularon y contrataron a sicarios para callarlo. El colmo es que autor intelectual llegó a velorio y se declaró dolido por la muerte

Condenados

El 20 de mayo en horas de la tarde en el Juzgado Tercero Penal de Juicio les fue leída la sentencia condenatoria, de 17 años de prisión, a Ernesto Ascensión López Mayorga, de 25 años y a Germán José Huete Zeledón, de 22, por el asesinato del contador de la empresa panificadora, Denis Francisco Molina Manzanares, de 33 años.

Miurel Aráuz Figueroa, esposa de Denis Francisco Molina, dijo estar inconforme con la sentencia “porque no fue un asesinato simple como lo calificaron, fue un asesinato con agravantes, planificación y alevosía”, reclamó la viuda entre lágrimas.

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