Grandes crímenes | El asesinato del ganadero que nunca fue esclarecido

En 1993, Leopoldo Serrano salió de su casa en su camioneta. En el camino le dio un aventón a unos conocidos que lo mataron. El ganadero fue encontrado con dos balazos en la cabeza en El Crucero

El ganadero Leopoldo Serrano. LA PRENSA/Archivo

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Este reportaje fue publicado originalmente en el diario Hoy el 11 agosto de 2019 

Ese 20 de noviembre de 1993 el ganadero Leopoldo Serrano Gutiérrez salió de su casa, ubicada en el kilómetro 13 de la Carretera Sur, a eso de las siete y media de la mañana con su hijo Carlos Adrián, de cuatro años de edad, a quien trasladaría al Colegio Lincoln de Managua, como de costumbre.

No tenía mucho tiempo de haberse ido en su camioneta Isuzu, color plomo, placa MY-0447, cuando en la vivienda sonó el teléfono dos veces… dos voces desconocidas preguntaron lo mismo: “¿Ya salió Leopoldo?”, y luego colgaron al cerciorarse que sí.

La Policía precisó que el ganadero fue interceptado a la altura del kilómetro nueve de la Carretera Sur, donde los asesinos se montaron campantes en la tina de la camioneta. Primero se dijo que la víctima conocía a los atacantes y les dio raid sin imaginarse el plan macabro para asesinarlo. Luego, se descartó esa teoría “absurda”.

Se comprobó por medio de testigos que Serrano Gutiérrez fue dominado de forma hostil. Sus verdugos aprovecharon que a esa hora el vehículo hacía fila por esa zona, saltaron a la tina y lo sentenciaron con una pistola.

Lo siguiente —presumieron las autoridades y la familia de la víctima— fue el acto más tormentoso para el comerciante de ganado: dejar a su hijo solo en la Pulpería El Carmen, ubicada un kilómetro antes de llegar al Lincoln y no saber si volvería a verlo.

Gilberto Serrano Gutiérrez, padre de la víctima y quien entonces era el presidente de la Cámara de Comercio, dijo a La Prensa un año después de la tragedia que posiblemente su hijo tuvo que negociar para que los asesinos no le hicieran daño al niño.

Gilberto Serrano Gutiérrez resolvió dejar en manos de Dios la justicia. LA PRENSA/Reproducción Yury Salvatierra

“Creo que los hechores amenazaron al niño para que Leopoldo permitiera que se pasaran a la cabina de la camioneta”, compartió el señor en 1994.

Dolorosa muerte

Leopoldo Serrano Gutiérrez fue conducido siete kilómetros hacia León, para después ser internado en un camino de tierra que conduce a El Crucero, exactamente en el sector de Las Cuchillas, en un camino desolado.

La camioneta de Serrano apareció aparcada de tal manera que daba la impresión que intentaba retroceder y dar la vuelta. Tenía dos balazos en el cráneo, la llave de la ignición puesta, el radio comunicador desconectado. No se supo si en algún momento intentó establecer comunicación con alguien.

El ganadero fue encontrado con dos balazos en el cráneo en El Crucero. LA PRENSA/Archivo

Patricia García, quien habitaba a unos 20 metros del camino donde fue encontrada la camioneta, narró que desde las ocho de la mañana observaron el vehículo aparcado pero nadie se imaginó nada.

“Pensamos que se trataba de alguien que esperaba a una persona. Sin embargo, cuando ya había pasado un buen rato una vecina del sector que andaba buscando monte de escoba se acercó al vehículo y miró a Serrano sentado inmóvil frente al volante”, dijo. Esa vecina era María Genara García, quien inmediatamente salió en busca de un teléfono para llamar a la Policía, que se hizo presente a las 9:30 de la mañana.

Desde ese momento, al mando del entonces jefe de Criminalística, Carlos Palacios, se iniciaron las investigaciones, se hizo tomas fotográficas, de huellas y otras pesquisas. La técnica canina de la Policía trató de establecer si los autores del hecho habían huido hacia El Crucero, pero en determinado lugar los perros volvieron al sitio de partida.

Amigos del occiso declararon que precisamente el mismo día del asesinato realizarían una transacción de ganado que sería exportado hacia Costa Rica. Serrano era propietario de una finca ganadera en San Carlos, Río San Juan.

Con respecto al móvil del crimen se descartó que fuera un asalto porque las pertenencias de la víctima estaban intactas. El entonces jefe nacional de la Policía, Fernando Caldera, dijo que su muerte pudo ser ejecutada por un grupo de matones, una mafia, en un “ajuste de cuentas”.

La familia refutó tal conclusión y refirieron que el hecho pudo ser obra de “competidores en la exportación de ganado”, negocio que le dejaba muchas utilidades. Roberto Serrano, hermano del occiso, manifestó ante los medios de comunicación que no existía otra explicación para que ultimaran a su hermano, ya que los últimos años de su vida los había dedicado por entero a ese trabajo; la ganadería.

Confusos giros investigativos

Pasado un año del asesinato del ganadero Serrano Gutiérrez todavía no se esclarecía el crimen (aunque tampoco a la fecha)… pero en 1994, el caso tomó un giro confuso y calumnioso. La extraña desaparición del veterinario Octavio Bravo Miranda (amigo y colega de Leopoldo) dio qué pensar a las autoridades.

La Policía Nacional logró descubrir que Bravo y Serrano tenían una sociedad administrada por el desaparecido veterinario, quien, al parecer, se enteró de una pérdida millonaria en el seno de esta sociedad.

Herrera fue capturado en noviembre de 2003. HOY/Archivo

Bravo fue aparentemente secuestrado por un grupo de rearmados que pedían un millón de córdobas por su rescate. Sin embargo, se sospechó que el veterinario organizó su propio plagio para desaparecer públicamente.

La señora Eliza Pasqualini, esposa de Bravo, acusó a la Policía de hostigamiento y amenazas con detenerla. También negó toda participación de su marido desaparecido en el asesinato del ganadero. La Policía nunca dio con Bravo, tampoco tuvo pruebas de que este fuera el asesino intelectual de Serrano, una víctima a la que no se le hizo justicia.

Leopoldo Serrano Gutiérrez iba a dejar a su hijo a la escuela cuando fue interceptado por sus asesinos.

¿Veterinario vivo y famoso?

En 2007 Elizabeth Pascualini reconoció que el veterinario, con quien procreó tres hijos, estaba vivo y fue galardonado en México por éxitos científicos.

Pascualini dijo que supo que su expareja estaba vivo por una nota publicada en La Prensa. “Nosotros no tenemos ningún vínculo ni con la familia ni menos con él, lo cierto es que no nos interesa si está vivo o muerto”, expresó.
La mujer aclaró categóricamente que nunca supo ni estuvo confabulada con su ex esposo.

El ganadero fue encontrado con dos balazos en el cráneo en El Crucero. LA PRENSA/Archivo

Periodistas locales que dieron seguimiento a la investigación del caso de Octavio Bravo, lo consideraron una pieza clave en las investigaciones del asesinato del empresario Leopoldo Serrano. Pero ni el escándalo del momento permitió el esclarecimiento del caso.

Padre de víctima no culpa a Bravo

Gilberto Serrano Gutiérrez, padre del ganadero, no acusó en ningún momento al veterinario Octavio Bravo Miranda, desaparecido en esos días, aunque la Policía Nacional lo señaló como el principal sospechoso del asesinato. En una extensa entrevista, dada en exclusiva a LA PRENSA, Serrano Gutiérrez acotó que a la familia Serrano Gutiérrez no le mueve deseos de venganzas. “No tenemos nosotros razones para acusar a nadie. Sin embargo, nos llamó la atención el caso del secuestro de que supuestamente fue víctima Bravo”, dijo. Don Gilberto afirmó que Bravo era una persona que gozaba de toda la confianza de Leopoldo porque ambos se conocieron en el colegio cuando eran estudiantes y no quería especular sin tener pruebas. Prefería dejárselo todo a Dios y así evitar que la familia siguiera sufriendo la pérdida terrible de su hijo.

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