Enrique Bolaños: «Sandino era medio loco, dispensame»

El expresidente Enrique Bolaños en esta entrevista hace un repaso de los eventos polémicos en los que fue protagonista. Desde su competencia contra doña Violeta Barrios de Chamorro hasta su sonado pleito con Arnoldo Alemán

A sus 92 años, el expresidente Enrique Bolaños (2002-2006) se mantiene activo. Dice que trabaja “los siete días de la semana” y jura por Dios que es cierto. “Somos poquitos y hay que estar viendo qué poner (en la biblioteca virtual que lleva su nombre). La riqueza de una biblioteca es tener más oportunidades de encontrar lo que se busca”.

En esta entrevista hacemos un repaso de los eventos polémicos en los que él fue protagonista. Desde su competencia contra doña Violeta Barrios de Chamorro por la candidatura de la UNO que la llevó a la Presidencia en 1990, hasta su sonado pleito con Arnoldo Alemán.

Con la franqueza que le da el retiro de “la jugada política”, Bolaños cuenta que su plan en 1990, si hubiese sido presidente, era desarmar al Ejército; que como vicepresidente de Arnoldo Alemán “jugó” a quedarse callado ante la corrupción para llegar a la Presidencia y desde ahí “componer las cosas”, y cómo Arnoldo Alemán y Daniel Ortega lo engañaron en un acuerdo que firmaron. “Son matreros”, dice.

Antisandinista desde siempre, Bolaños ve con tristeza la crisis actual y avizora que Ortega ganará las elecciones del 2021 si los opositores no se “iluminan”.

En una entrevista cuando era vicepresidente me dijo que le revolvía el estómago sentarse a la par de Daniel Ortega. Ya como presidente dijo que Ortega había cambiado. Ahora, por tercera vez, vuelvo a preguntarle, ¿cuál es su opinión de Daniel Ortega?

Te diría que la misma. Vos lo describiste mejor que nadie en tu libro (El Preso 198). Esos años de cárcel parece que le dieron un modo de vida que dicen que así es. Yo nunca, nunca, nunca, he ido a donde él vive. No conozco su casa. Él ha venido tal vez tres o cuatro veces a mi casa. Una vez cuando murió doña Lila. Vino a dar el pésame. Otra vez vino cuando los problemas con Arnoldo (Alemán) y él. Firmamos y me engañan. Al día siguiente no lo cumplen. 12 de enero de 2005 firmamos.

¿Qué firmaron?

Ellos hacen una reforma a la Constitución, que rebajan al tanto por ciento (electoral) y me quitan funciones como presidente. Yo lo combato. Es muy difícil negociar con Arnoldo y él. Pedí que me consiguieran un negociador. Me consiguieron a uno de Uruguay: Manuel Flores.

¿Por qué es tan difícil negociar con ellos?

Los dos tienen 90 diputados en la Asamblea y yo tenía nueve, y están armados en cogerse el poder de viaje…

Creí que era por las mañas…

Y son matreros… Llegamos al acuerdo que todo va a valer hasta después de mi periodo. Vaya pues, que le toque a otro. Y que mañana van a aprobar eso en la Asamblea (Nacional). No lo aprueban. El testigo garante era el cardenal Miguel Obando y Bravo. Llega la sesión, no lo aprueban sino más bien hacen una serie de nombramientos. Ninguno de esos que han nombrado va a entrar en las instituciones, les digo. Tal vez te acordás. De repente veo a Bayardo Arce brincándose la cerca para meterse a Telcor. ¡No cumplen!

¿Alguna vez usted tuvo simpatía por el sandinismo?

Nunca, nunca. No creo en ese populismo.

¿Ni en los 70, cuando los empresarios apoyaron el derrocamiento de Somoza?

Ni en los 70. Yo sembraba algodón. Yo era el algodonero más grande de Nicaragua. 7,600 manzanas de algodón, entre Managua, Masaya y Granada. El noventa por ciento de las tierras eran alquiladas, o asociaciones en participación. Tenía desmotadoras, 10 aviones fumigadores, cantidad de jeeps y camionetas del personal en el plantel. Lo confisca Jaime Wheelock el 14 de julio del 85. Para 1979, cuando yo vi todo el desastre que venía, comencé a ver qué es lo que había y yo decía: “Este Cosep va mal”. Ya estaba tomado por el sandinismo. El Grupo de los Doce eran ocho sandinistas y cuatro no sandinistas. Y yo no creía en eso. El populismo nunca le ha servido a ningún país.

Voy a saltarme un poco: 1989, vienen elecciones en Nicaragua y usted compite contra doña Violeta por la candidatura de la UNO. Y usted se molesta con la selección de doña Violeta.

En parte sí.

¿Por qué?

Porque compraron votos para que saliera ella. No ella. Pero se compraron votos. Andrés Zúñiga vendió su voto. La noche antes de la votación llegaron a mi casa tres miembros de la UNO y me dicen: “Necesitamos seis mil dólares para darle el voto mañana”. Yo les digo: “Ni me gusta esa propuesta ni tengo los reales”. Me dice el Químico (Jaime) Bengoechea que él pone el dinero. Ve, le digo al Químico, hacés mal. Si ganamos, cada vez que querás meter una ley te van a estar pidiendo dinero. Y eso es corrupción.

¿Cuál habría sido la diferencia en una gestión de Enrique Bolaños con la que tuvo el gobierno de doña Violeta, si usted hubiese ganado la candidatura y la Presidencia?

En la parte económica tal vez ella me ganaba en el sentido que el Fondo Monetario la vio con más cariño por ser la viuda de Pedro Joaquín. Ella llega con la Constitución de Ortega, que puede nombrar a todos los miembros de la Corte Suprema de Justicia, al presidente de la Corte y a los demás magistrados en otros organismos. Y le entrega eso a Arnoldo pero ya cercenado porque en el 95 cambia la Constitución. Le cambian más de 50 artículos de los 200 y le quitan todas esas prerrogativas. Y rebaja al presidente de la República al nivel de diputado. Ella no la quería firmar, pero las presiones que recibió la obligaron. Se la tuvo que dar al cardenal Obando firmada, y le dijo: “Cuando ellos me cumplan tal cosa, usted la proclama”.

¿Pero cuál habría sido la diferencia en una gestión de Enrique Bolaños? Ya me dijo que en lo económico tenía ventaja doña Violeta. ¿En qué tenía ventaja usted?

En firmeza. Yo no hubiera transado el protocolo de transición.

¿Aunque el país se incendiara? Porque eso era lo que se vislumbraba por la actitud sandinista.

Bueno, pues se va a incendiar. Pero no era así, porque había planes privados que teníamos en el Cosep. Si yo salía, y si las ganábamos, que las íbamos a ganar, ese mismo día yo salía de la toma de posesión a las Naciones Unidas a poner en el altar de las Naciones Unidas al Ejército. Los tanques, los helicópteros, los aviones, los rifles, las balas… ¡Todo!

¿Qué significa “ponerlo”?

En pago a la deuda.

¿Abolir el Ejército?

Una reducción. Aquí el armamentismo era grande. Y las deudas eran solo por balas y tiros.

¿Hubiese destituido al general Humberto Ortega?

Claro. Y los que estábamos en el Cosep eso queríamos.

¿Desde el primer día?

Ideay, yo voy a nombrar a quien yo quiero.

Cuando se evalúa la gestión de doña Violeta se le mira como una administración muy oportuna porque calmó las aguas, trajo la paz y permitió el paso de una dictadura a la democracia.

Había varias maneras de hacerlo, no solo una. Ahora, ¿por qué volvemos a lo mismo? Por todo eso. Porque él (Ortega) siguió gobernando desde abajo. A Arnoldo le hizo la vida imposible. Yo lo viví. Eso fue lo que heredamos. Pero alguien en algún momento se le debe parar a este hombre.

Cuando fue vicepresidente estaba a cargo de un Comité de Integridad. ¿Cómo es que siendo vicepresidente y jefe de ese comité no vio la corrupción del gobierno de Arnoldo Alemán que sí vio cuando ya era presidente?

Si yo lo que deseo es curar eso y tener la oportunidad de llegar a la Presidencia… Si yo tanteo sin tener un diputado, sin nadie, es que estaría loco. Porque no llego ni al turno al bate.

¿O sea, su estrategia en ese momento fue “hacerse el sueco” como se dice?

Vos lo que tenés que hacer es callarte. Cuando tenga mi turno vamos a componerlo. Si no, no se puede. Lo mismo el plan de Ejército, si hubiera salido electo, era íntima. Si yo lo divulgo no llego ni al turno al bate. Esas cosas hay que saber jugarlas.

Arnoldo Alemán le llama a usted “el ingrato” porque dice que él lo designó a usted como candidato del PLC y por eso llegó a la Presidencia.

Él puede decir misa, pero no vale. Cuando fui presidente del Cosep, cinco años, recorrí todo el país. Yo tenía miles de personas conmigo en el Cosep.

Pero quien elige es la convención del PLC.

Cuando yo calculo que ya viene el momento de lanzar mi candidatura, un año antes, me fui a sondear. Hay un evento que deben tomar en cuenta: en las elecciones del 2000, el candidato de Managua (por el PLC) era Wilfredo Navarro y pierde inmisericordemente. Por el pacto. Wilfredo pierde por la arrechura de la gente. Anduve de lugar en lugar viendo quiénes son los 512 que van a votar. Vamos con vos. Dije: la gano en el PLC. A condición de que Arnoldo permita una elección libre.

Éramos cinco candidatos: Eduardo Montealegre, José Rizo, Iván Escobar Fornos, David Robleto Lang y yo. El artículo de León Núñez, del “pescuezo flexible” destruyó a Iván. Hablo con Eduardo (Montealegre) y le digo: “Yo tengo 73 años y cuando termine voy a tener 79 años. Yo no sigo. Es un turno. Me gustaría que me aceptaras de vicepresidente”. Me dijo que no. “Yo quiero ser presidente”, me dijo.

Usted tenía el respaldo de Arnoldo Alemán.

Él lo dio después, cuando vio que yo tenía todos esos votos.

¿Qué sintió cuando comenzó a llamarlo ingrato?

¡Y no ves que ahora dice que no ha pactado! Ahí está en la Constitución. Y sigue mintiendo. ¿Qué es lo que va a decir? Derrotado.

En algún momento en esa atmósfera tensa que había entre usted y Arnoldo Alemán, Daniel Ortega y usted se acercan…

No, yo no me acerco a él. ¿Sabés lo que pasó? Con la acusación contra Arnoldo, Ortega se monta sobre mí para beneficiarse de la anticorrupción. Él también lo jocha. Y lo arrincona. Y como tenían el pacto, llega a negociar con él. Ahí está la foto famosa. Ahí hacen las paces.

«Daniel Ortega ha destruido a Nicaragua», dice el expresidente de Nicaragua Enrique Bolaños. Foto: Oscar Navarrete/ LA PRENSA

¿Qué es el sandinismo para usted?

Sandino era medio loco, dispensame. Tenía sus ideas antimperialistas y chochadas que aprendió en México, pero tenía locura. Lee el libro de José Román (Maldito país) que habla bien claro de él porque pasó con él 15 días o cosa así, y Sandino se le desnudó y decía que era descendiente de Adán, y que la Blanca Arauz era descendiente de Eva y un poco de locuras. Ese era un sandinismo localista. Pero este segundo sandinismo es comunista, es internacional. Ese es el peligroso.

¿Usted ve alguna diferencia entre el sandinismo de los ochenta y este sandinismo de ahora que llaman orteguismo?

Es la misma cosa. Casi. Lo que pasa es que estuvo unos días bien porque recibe de mí una mesa servida. 1,800 millones de dólares en programas. Ordenado el país, las finanzas balanceadas, el Seguro Social ordenado. Además recibe 500 millones al año de crédito del petrolero de Venezuela. Libres. Que no pasaban por la Tesorería General de la República. Los gasta como él quiere. ¡Compró un hotel! Le compró, por ejemplo, a Alex Bolaños una propiedad que tenía.

Estaba tranquilo, gastando los reales como él quería. Y el gran capital hizo un pacto con él: “Usted presidente maneje la política como quiera, nosotros vamos a manejar la economía”. Trato hecho. Se hicieron más ricos que nunca. El gran capital. Pero el pueblo estaba más muerto de hambre. Yo fui invitado por Carlos Pellas a hablarles en Mukul a la plana mayor de los ricos más ricos de Centroamérica. El ambiente era que Nicaragua estaba mejor que nunca. Yo hasta caí mal cuando me toca hablar, 2016, y digo que esto está por estallar. Aquí están los datos, les digo.

¿Cuál es su opinión de este gobierno?

Ha destruido a Nicaragua. Totalmente. Casi la destruyó en los ochenta. Porque cuando doña Violeta recibe, está todo hecho paste. Él está gozando y su familia. Mandan. Pero creo que esa es represión comunista. Son principios comunistas.

¿Ve algún escenario de solución a esta crisis?

Casi no veo ni uno. Él ya cambió el sistema electoral. Ahora el que tenga más votos, cualquier cantidad que sea, es el que gana. Sospecho va a estimular que venga la mayor cantidad de partidos políticos y personas a correr. Entonces este sacó 1 por ciento, el otro 3 por ciento, el otro así… y el Frente Sandinista 20 y tanto por ciento y ya ganó.

¿Usted considera que habrá unas elecciones con medianas garantías para el 2021?

Pero si esa es la garantía (de Ortega): el que tenga más votos gana. Antes vos tenías que tener un mínimo. Yo veo que todos quieren ser candidatos. No veo a nadie que diga hay que abstenernos. Hablan de unidad. ¿Qué es la unidad? La unidad es uno. En aritmética, en matemática y en lo que vos querás. ¿Quién es ese uno? ¿Ese partido?

No ve salida, pues.

Eventualmente sí, porque todo mundo desaparece. Ellos van a desaparecer. Tienen que morir algún día. El mundo cambia. Viene gente nueva. En 2021 a como veo, vamos a elecciones y las va a ganar Ortega. Y la Unión Europea, Estados Unidos y el mundo van a decir qué carajos quieren los nicas. Hubo elecciones y las ganó. ¿Cuál es la fregadera? Ese es mi temor. Tal vez se iluminan y se pueden unir. Vos ves gente que dice: con ese no me meto. Difícil.

 

Plano personal

  • Don Enrique Bolaños Geyer nació un domingo 13 de mayo, en Masaya, hace 92 años. Es viudo de doña Lila Abaunza desde 2008 y dice que desde entonces casi no sale a restaurantes ni al cine.
  • Ingeniero industrial, fue presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), fue programador de computadoras y fue presidente de la República.
  • Amante de la historia y como servicio social tiene una de las más ricas bibliotecas virtuales de Nicaragua: enriquebolanos.org. Con el sitio, dice, no gana dinero, y más bien invierte toda su pensión en mantenerlo. “Quiero dejar ese legado”, explica.
  • En 1984 empezó a hacer un plan de gobierno desde un garaje clandestino llamado la Oficina. De modo que cuando fue considerado para presidente por la Unión Nacional Opositora en 1990, fue el único candidato que lo tenía completo.
  • Su apodo “el Churruco Bolaños” se origina en un artículo que publicó el 15 de enero de 1984 cuando se hablaba de las próximas elecciones contra el Frente Sandinista y que Bolaños consideraba una pelea de “burro amarrado contra tigra suelto”. En el artículo habla de un juez de beisbol que llamaban el Churruco y quien siempre hacía ganar con su arbitraje al equipo de su preferencia.

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