La historia de los objetos personales de los jóvenes asesinados por la dictadura que prueban que eran estudiantes y trabajadores, no delincuentes

El Museo de la Memoria recoge casi cien historias más de jóvenes y adultos que murieron por su participación en las protestas. La idea de la exhibición es desmontar las mentiras del régimen, cuya propaganda califica a los protestantes como "golpistas" y "delincuentes"

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Museo de la Memoria contra la Impunidad. LA PRENSA.Roberto Fonseca

Togas de graduación, uniformes de trabajo, instrumentos musicales, libros, fotos y otros objetos personales de los jóvenes asesinados por la dictadura de Daniel Ortega, es lo que exhibe el Museo de la Memoria contra la Impunidad. Su principal legado es establecer para la historia de Nicaragua que estos jóvenes no eran delincuentes como quiere hacer creer el régimen.

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Un short manchado de pintura blanca de Francisco Javier Reyes Zapata, asesinado el 30 de mayo de 2018, demuestra que pintaba casas para ganarse la vida. Su madre, Guillermina Mercedes Zapata Vanegas, siempre lo recordará saliendo de la casa con ese short que le quedaba hasta las rodillas y que usaba cuando conseguía un «rumbito de pintura», dice la madre con la prenda en las manos.

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Museo de la Memoria contra la Impunidad. LA PRENSA.Roberto Fonseca

Francisco también la ayudaba a vender ropa a su mamá los fines de semana. «Era el segundo de mis hijos varones, pero era el que más trabajaba conmigo porque me acompañaba a vender ropa», dijo Guillermina.

Francisco tenía 34 años cuando recibió cuatro balazos mortales –en la cabeza, en el tórax, en el abdomen y en el corazón–, el 30 de mayo de 2018, en el sector de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) de Managua, cuando participaba en la marcha de las Madres. Ese día fueron asesinados 18 personas en todo el país por el ataque armado ejecutado por simpatizantes de Ortega en coordinación con la Policía Orteguista (PO), para reprimir las marchas que se dieron en diferentes ciudades en contra de régimen.

A Francisco, además, le «encantaba» jugar fútbol con sus amigos del barrio, por eso en el Museo de la Memoria se exhibe el short machado de pintura blanca y un par de tenis sucios que no permitía que le lavaran, porque eran para jugar.

La novela favorita de Franco

Los Miserables era la novela favorita de Franco Alexander Valdivia Machado, por eso su mamá, Francisca Machado, entregó ese libro al Museo. El libro destaca entre los demás objetos del Museo, porque la portada muestra el rostro demacrado de una niña rubia de ojos azules. Según su madre, Franco lo había leído varias veces y subrayaba con resaltador amarillo las líneas que más le gustaron.

Managua, Nicaragua 06 de Diciembre del 2019. Francisca Machado, mamá de Francisco Valdivia.
LA PRENSA/Roberto Fonseca

«El decía que en los libros se encontraba la verdad y la sabiduría. Él tenía un librero en su cuarto, porque él, después de trabajar, lo que hacía era leer un libro. Esa era su pasión, los libros», contó su mamá.

Franco tenía 24 años cuando fue asesinado el 20 de abril de 2018, frente a la Alcaldía de Estelí, por donde iba pasando ese día la marcha de los estudiantes que protestaban contra la fallida reforma a la Seguridad Social. Estaba en tercer año de la carrera de Derecho. Quería ser abogado porque le gustaba defender a las personas, dice su mamá. También le gustaba hacer carpintería, por eso su madre también colocó en el Museo una cinta métrica.

La medalla de plata de una competencia de Taekwondo es de Josué Israel Mojica García, el muchacho de 20 años que mataron al pie de una barricada por ondear una Bandera Nacional, en Diriamba, Carazo. Su madre, Elizabeth Velásquez, dijo que ella no pudo ir a la competencia que se realizó en Managua, pero su hijo le prometió que le iba a llevar el premio. Josué y su madre eran comerciantes, pero él tenía la ambición de superarse más, por eso estaba terminando la secundaria.

Managua, Nicaragua 06 de Diciembre del 2019. Una madre llora en el Museo de la Memoria contra la Impunidad. LA PRENSA/Roberto Fonseca

La toga negra con una estola dorada es del estudiante de medicina Moroni Jacob López García. Tenía 22 años, era originario de Ciudad Sandino, Managua, pero estudiaba en la Universidad Nacional Autónoma de León (UNAN-León). En abril del año pasado estaba en Managua cuando comenzaron las protestas contra Ortega. El joven no dudo en ir a ayudar a los heridos por la represión que se vivía en el sector de la UNI, donde fue alcanzado por dos balas: una en el hombro y otra en el corazón.

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Su madre, Alba del Socorro García Vargas, dice que no tiene ningún recuerdo de sus instrumentos de medicina ni de su gabacha blanca, porque todo eso se lo llevó cuando quiso ir a ayudar a los heridos.

El Museo de la Memoria recoge casi cien historias más de jóvenes y adultos que murieron por su participación en las protestas. Según un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), más de 328 personas murieron por la represión de la Policía y de los grupos parapoliciales.

Durante dos meses el Museo estuvo abierto al público en el Instituto de  Historia de la Universidad Centroamericana (UCA). Las pertenencias de las víctimas eran exhibidas en altares construidos con adoquines, como símbolo de las barricas que se levantaron en todo el país el año pasado, para protegerse de la represión de la Policía Orteguista (PO) y de los grupos armados que envió el régimen.

El Museo, creado por la Asociación Madres de Abril (AMA) –grupo que integra a los familiares de las víctimas–, fue clausurado este viernes.

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