Quién es Santiago Miller, el nuevo beato de Centroamérica y cuál fue su relación con Nicaragua

Miller estuvo en Nicaragua por 10 años. Por ordenes superiores abandonó el país, pues los sandinistas creían que él era un colaborador del régimen somocista. "De haberse quedado en Nicaragua, habría sido asesinado por la izquierda revolucionaria", dice Monseñor Mario Alberto Molina

LA PRENSA/Vaticannews

En agosto de 1969, después de emitir los votos perpetuos, James Miller vino a Nicaragua como parte de su ministerio en países centroamericanos.

Fue enviado a la escuela misionera de los hermanos en Bluefields, lugar donde según Vatican News, fue recibido como «Hermano Santiago», el nombre que ocupó “para desempeñar su ministerio apostólico, acompañando especialmente a la gente de Nicaragua y Guatemala”, dijo el cardenal de Panamá, obispo de David, José Luis Lacunza, quien fue designado por el papa Francisco para presidir la Santa Misa de beatificación este sábado en Huehuetenango, Guatemala.

Lea también: Así fue la beatificación del Hermano Santiago Miller, el nuevo beato de Centroamérica

En Bluefields enseñó hasta su traslado en 1974 a Puerto Cabezas, donde fue director, cita el sitio aciprensa.com. Agrega que bajo su dirección la escuela pasó de tener 300 a 800 alumnos.

Aceptó además el encargo de dirigir y supervisar la construcción de diez nuevas escuelas rurales. Así logró saltos gigantes en el campo de la educación escolar para los necesitados, lo que dio lugar a la concesión de diplomas superiores bilingües.

Miller pertenecía a la Orden de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle), quienes dicen que él “dejó su legado en Centroamérica, especialmente en la comunidad católica de Nicaragua y Huehuetenango, así como en la memoria de sus jóvenes estudiantes”, agregando sobre sus “incansables esfuerzos por defender la educación y los derechos de la niñez y juventud por la que ofrendó su vida”.

Puede interesarle: El papa Francisco rehabilita a Ernesto Cardenal como sacerdote

El nuevo beato nació en Stevens Point (Estados Unidos) el 21 de septiembre de 1944 y murió víctima de disparos el 13 de febrero de 1982 en Huehuetenango.

De no haber muerto en Huehuetenango, pudo haber sido asesinado «por la izquierda revolucionaria» de Nicaragua, escribió Monseñor Mario Alberto Molina.

Molina agrega en su artículo de opinión para La Prensa Libre que en Nicaragua Miller trabajó unos 10 años. «Acató en 1979, a regañadientes, la orden de sus superiores de abandonar el país y volver a los Estados Unidos, porque se pensaba que su vida estaba amenazada por los sandinistas, que creían que él era un colaborador del régimen somocista simplemente porque apoyó un proyecto de ampliación de la cobertura educativa en la región impulsada por el régimen. Es decir que, de haberse quedado en Nicaragua, habría sido asesinado por la izquierda revolucionaria».

El hermano Francis Carr relató a aciprensa.com que Miller tenía lazos protocolares con Anastasio Somoza, porque creía que era una buena forma de seguir construyendo escuelas.  Sin embargo, algunos consideraron estos vínculos como un apoyo tácito al Gobierno.

Lea además: Monseñor Rolando Álvarez: «La razón de nuestra vida es servirle al pueblo de Dios”

Es julio de 1979 y los levantamientos sandinistas obligan al presidente Somoza a huir. El Hermano Santiago no oculta su posición, él espera que haya una transición pacífica del poder, pero eso no es bien visto por los revolucionarios que comienzan a ver a los misioneros católicos como enemigos. Así decidió irse a la granja de sus padres en los Estados Unidos.

El Cardenal de Panamá recordó, durante la Santa Misa de beatificación, que uno de los profesores del hermano resaltaba su “personalidad abierta y sonrisa amplia, con ojos brillantes que dan fe de eso. No había nada de falso en él y cautivaba a la gente por su sencillez”.

“Desde Nicaragua escribía que tenía una gran satisfacción por trabajar por los más pobres y cuando alguien le preguntó si sentía miedo por los fusilamientos que ocurrían en los alrededores de la escuela, respondió por carta: ‘¿Bromea? Jamás hubiera pensado que podría rezar con tanto fervor como cuando voy a la cama’”, agregó el Cardenal.

Lea también: Papa Francisco llama a defender a la Iglesia Católica de quienes la atacan

En enero de 1982 y ya en Guatemala, donde se vivía una situación complicada que lo podía poner en peligro, escribió: “Personalmente estoy harto de la violencia, pero sigo sintiéndome profundamente comprometido con los pobres que sufren en América Central. Cristo es perseguido a causa de nuestra opción por los pobres. Conscientes de los numerosos peligros y dificultades, seguimos trabajando con fe y esperanza y confiando en la Providencia de Dios. Soy hermano de las escuelas cristianas desde hace casi 20 años y mi compromiso en la vocación crece más y más con mi trabajo en América Central. Pido a Dios la gracia de seguir sirviendo entre los pobres de Guatemala y dejo mi vida a su providencia a él”.

Un mes después de esas palabras fue asesinado.

 

 

 

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: