Pacto político y pactismo

El pacto político empezó a adquirir sentido negativo en Nicaragua, cuando Anastasio Somoza García lo comenzó a utilizar maliciosamente para mantenerse en el poder mediante acuerdos con los líderes de la oposición, gratificándolos con cargos públicos y beneficios económicos.

dictadura, represión, Nicaragua

Diplomáticos extranjeros versados en política y prácticas democráticas se sorprenden por la aversión a los pactos políticos que hay en Nicaragua.

Su sorpresa es comprensible, pues son ciudadanos y representantes de auténticas democracias en las cuales el pacto es una herramienta legítima y de uso permanente para resolver conflictos políticos. La alternativa es indeseable, porque es la exclusión, la imposición de una voluntad sobre las demás que conduce a la violencia y, de manera inevitable, a la dictadura.

El pacto es el acuerdo entre dos o más sujetos, personales, jurídicos o políticos, para emprender determinadas acciones o abstenerse de llevarlas a cabo. Políticamente, según el académico español de la Lengua y de la Historia, don Francisco Rodríguez Adrados (autor del libro La democracia ateniense), la democracia surge en la antigua Grecia precisamente como un pacto entre los nobles y el pueblo para echar del poder a los tiranos y organizar democráticamente el gobierno de la ciudad. La lógica es que la persona necesita de la libertad, pero también de la organización y de un sistema de gobierno que se logra mediante el acuerdo entre los ciudadanos y entre sus delegados o representantes.

También en Nicaragua, en algunos períodos de su historia el pacto político ha desempeñado esa función positiva. En este orden ocupa un lugar destacado el Pacto Providencial del 12 de septiembre de 1856, acordado por los partidos liberal y conservador (los únicos que existían en esa época), para enfrentar unidos a las huestes filibusteras de William Walker. Al terminar la Guerra Nacional los partidos históricos hicieron también un pacto para la gobernabilidad, que determinó un período de más de treinta años de paz y estabilidad política.

El pacto político empezó a adquirir sentido negativo en Nicaragua, cuando Anastasio Somoza García lo comenzó a utilizar maliciosamente para mantenerse en el poder mediante acuerdos con los líderes de la oposición, gratificándolos con cargos públicos y beneficios económicos.

A partir de entonces, se creó en la clase política de Nicaragua el mal hábito que Emilio Álvarez Montalván califica en su libro Cultura Política Nicaragüense como “el cortoplacismo y el arreglismo”.

“Esa mentalidad —dice Álvarez Montalván— inspira a nuestra clase política contemporánea a negociar arreglos con el adversario, no para fundar y robustecer instituciones racionales sino para repartirse cuotas de poder. Tales líderes negocian secreta y directamente. Esos arreglos cortoplacistas llamados Pactos suceden cuando surge un obstáculo legal, para quien estando en el poder desea prolongarlo y busca el aval del Partido opositor a cambio de posiciones que significan ingresos para esa clientela”.

Dicen los lingüistas que la importancia de las palabras que designan las cosas y los hechos es que nos permiten identificar la realidad y conocerla. Pero las palabras se distorsionan con el mal uso y pierden su sentido original. Esto es lo que ha pasado en Nicaragua con la palabra pacto, lo cual sorprende a los amigos demócratas extranjeros.

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