Amaya Coppens: «He pasado más tiempo presa que con mi novio»

En esta entrevista la estudiante habla sobre este nuevo encarcelamiento, los retos que afronta la oposición en 2020 y de cómo ha mantenido su relación con su novio, que al igual que ella ha sufrido cárcel y persecución.

“El nuncio ha tenido un trabajo muy discreto y muy reservado en ese aspecto sobre todo en esta última excarcelación”. LA PRENSA/O.NAVARRETE

“El nuncio ha tenido un trabajo muy discreto y muy reservado en ese aspecto sobre todo en esta última excarcelación”. LA PRENSA/O.NAVARRETE

Fue excarcelada por segunda vez el 30 de diciembre de 2019 junto a otros presos políticos, algunos con más de un año de estar en las cárceles orteguistas. Desde que salió del Chipote, Amaya Coppens ha seguido sufriendo la persecución del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Esta fue su segunda Navidad tras las rejas. En esta entrevista la estudiante habla sobre este nuevo encarcelamiento, los retos que afronta la oposición en 2020 y de cómo ha mantenido su relación con su novio, que al igual que ella ha sufrido cárcel y persecución.

Le han sugerido que salga del país, pero la joven no quiere dejar Nicaragua. Admite que su doble nacionalidad le ha ayudado a hacer más visible la situación del país, pero también siente que le ha traído problemas. El 31 de diciembre el diario español El País la reconoció como una de las personas más destacadas de América Latina. Amaya reconoce que hace solo dos años estaba dedicaba completamente a sus estudios universitarios, pero que ahora siente que tiene un compromiso con la lucha que iniciaron en abril de 2018.

¿Antes del estallido de abril qué hacía?
Había participado en diferentes organizaciones. Sobre todo eventos, pero había estado enfocada en mis estudios de Medicina.

¿Cómo siente que estaba su generación políticamente hablando antes del 18 de abril de 2018?
En general la población estaba muy pasiva ante lo que pasaba. Sí había inconformidad. Se sentía incluso en las votaciones que algo no andaba bien y que eso no era lo que queríamos. Incluso sabíamos quiénes iban a ganar antes de que dieran los resultados. Las cosas no estaban marchando como en un país democrático. Había inconformidad pero sobre todo mucha pasividad y sentir que lo que hiciéramos no tendría mucho efecto, pero creo que eso ha cambiado drásticamente.

¿Cómo llegó a ser parte de las organizaciones de estudiantes que protestaron contra Ortega en 2018?
Primero estuvimos en las protestas del INSS. Ahí pudimos ver cómo estudiantes que eran parte del CUUN (Centro Universitario de la Universidad Nacional) de León, llevaron turbas para golpear a los ancianos y a las personas que estábamos ahí presentes. Nos dieron persecución y ese día agredieron a varios y terminamos encerrados en una tienda por más de dos horas y teniendo a la Policía enfrente sin hacer nada por protegernos. Luego se organizaron protestas dentro de la universidad y al día siguiente nos volvieron a atacar.

¿Cómo surgió esa organización universitaria en una de las ciudades de Nicaragua con más estudiantes?
Fue de manera imprevista. Simplemente surgió de manera instantánea. Nos encontramos en las protestas con estudiantes que venían de diferentes ciudades. Ahí fue donde surgimos los autoconvocados.

¿Qué hicieron las autoridades universitarias?
Ellos quisieron obligar a los estudiantes a ir a enfrentarse contra los que estábamos protestando y los estudiantes de los internados decidieron retirarse. Fueron esos primeros días que también tuvimos que organizarnos para apoyar a esos muchachos que estaban en León sin un lugar donde quedarse y con las puertas de la universidad cerradas.

¿Cómo les ayudaron?
Eso fue una de las cosas más bonitas que hemos vivido a lo largo de esto. Fue la solidaridad de las casas de la gente en León. Ellos ofrecieron ayuda a estos chavalos que fueron todos acogidos en diferentes viviendas y diferentes partes de la ciudad. Muchos guardaron los contactos con las familias para luego estar en comunicación. Fue realmente gracias a la solidaridad de la gente de León.

¿Alguna vez ha visto a Daniel Ortega en persona?
Yo participé en las olimpiadas estudiantiles cuando estaba en la secundaria. Por eso al final nos fue bien y estuvimos en Managua para un 14 de septiembre y nos premiaron a los estudiantes y estuve cerca de él (Daniel Ortega). Años después este mismo gobierno que nos premió nos terminó encarcelando y reprimiendo.

¿En ese momento qué le generó la persona de Ortega?
Ya en ese momento honestamente había inconformidad, pero simplemente recibimos el premio. Yo sentía ese aire de circo y de decir que nos regalaban esto como para hacer que de alguna manera se mantuvieran los ánimos a favor de ellos. Sentí todo este ritual que ya se venía presentando sobre la persona de Ortega.

De ser mejor alumna pasó a ser considerada una terrorista.
Bueno, creo que en general eso es un poco la dinámica que hay en Nicaragua. Sos premiado mientras sos útil y cuando esto pasa sos descartado o reemplazado. Esto se mira en la salud pública que la ha convertido en algo para hacer represalias a nosotros. Ahora los que hablan a favor del gobierno reciben estos privilegios. Es parte de la dinámica de este gobierno con los premios a sus fanáticos y los que le sirven.

Las últimas dos Navidades las ha pasado metida en la cárcel. ¿Cómo han marcado su vida estas experiencias?
Francamente, en general han sido difíciles, sin embargo siempre tuve el respaldo de mi familia. Tuve momentos acompañada en La Esperanza y ahora en el Chipote. Si hay algo ahí adentro es que estábamos de alguna manera protestando desde dentro.

¿Cuál fue la diferencia entre una Navidad y la otra?
En La Esperanza éramos un grupo bastante grande. En mi celda éramos 16. Tuvimos visita y pudimos hablar con nuestras familias, nos quedamos platicando un buen rato, cantábamos canciones. Con todo en contra y estando presa fue una Navidad cálida y había mucha solidaridad entre nosotras mismas. En cambio en el Chipote nos restringieron mucho lo de las visitas. Solo nos daban 30 minutos para estar con nuestras familias. Tuvimos dos visitas el 24 y el 25. En Navidad supe de la mala noticia de la golpiza que le dieron a mis hermanos, una prima y su novio en Chinandega. Así estuve en Navidad. Viví momentos muy complicados, de mucha rabia y mucha impotencia pero había solidaridad entre nosotras.

¿Qué fue lo más difícil de esos días?
Creo que lo de saber que golpearon a mis hermanos y en La Esperanza ver que las demás presas se iban y quedar entre las últimas.

¿Ha sido una ventaja o desventaja su doble nacionalidad?
Creo que a nivel de visibilizar la situación eso definitivamente ha sido una ventaja. Porque hubo mucha atención y acompañamiento de parte de varios gobiernos de la Unión Europea. También fue una desventaja porque por lo mismo seguramente habían retrasado mi salida de la cárcel. Creo que es un poco de ambas cosas. En general, para mí, ha sido una ventaja. Me siento y creo que por lo menos se visibiliza por otro lado lo que está ocurriendo en Nicaragua.

¿Ha pensado en algún momento dejar el país?
No. Debo decir que se me planteó el año pasado antes de ser capturada justamente. Mis padres me estaban pidiendo eso, pero todavía no era algo que tuviera pensado.

¿Por qué ha decidido permanecer en Nicaragua bajo amenazas en su contra?
Bueno, yo me involucré en todo esto sabiendo el riesgo que conllevaba esta situación. Igual existe el compromiso moral de seguir en esta lucha y también puedo decir que le tengo cariño a Nicaragua y no quiero irme.

¿Qué sintió cuando se dio cuenta de que el diario español El País le había incluido en la lista de personas más influyentes de América Latina?
Bueno mucha sorpresa (ríe). Realmente es un honor enorme. Es también una alegría porque más que un reconocimiento individual es un reconocimiento a toda esta lucha en general de Nicaragua. Esto es de todos los nicaragüenses y espero que sea algo que permita visibilizar y mantener a la vista lo que sigue sucediendo en Nicaragua y el asedio aún continúa, los diferentes ataques que no son aislados. Los ataques en casas de opositores como la familia Alonso que fueron amarrados y obligados a ser grabados, la familia Toruño que les incendiaron su casa en León o del periodista Winston Potosme que le incendiaron su vehículo. Son asedios y violencia que están conectados y no se deberían de repetir.

¿Cree que la ciudadanía se ha acomodado y el régimen logró volver a la “normalidad”?
Creo que hay que entender la situación. No es lo mismo la actualidad que abril de 2018. Hay muchas cosas diferentes que han sucedido, muchas personas han tenido que exiliarse y otras han sido capturadas, asesinadas, heridas a lo largo de todo esto. Claro que hemos tenido impactos duros en esta lucha y tenemos ante nosotros a un régimen que tiene completamente bajo sus órdenes a la Policía ante un pueblo que está intentando salir de esto por la vía cívica. Claro que ha habido golpes, pero lo más importante es ver la resistencia de la gente. En la cárcel era impresionante la cantidad de gente que había perdido familiares, amigos y que todos se solidarizaban con nosotros.

¿Ha sentido que han depositado en ustedes todo el peso de la lucha?
Tenemos la tendencia en idealizar mucho y esperamos soluciones de ciertos personajes. Hay que dejar claro que esto es un trabajo de todos y que al fin y al cabo todos tenemos que poner de nuestra parte. Hemos jugado un papel importante en esta lucha, pero hace falta que el resto de actores se comprometan de manera activa en todo esto.

Usted fue secuestrada la primera vez junto a su novio, ¿cómo se lleva una relación mientras ambos están encarcelados?
Bueno, fue bastante complicado la verdad (ríe). Nos mirábamos solamente en audiencia, pero ha sido una persona que a lo largo de todo esto ha sido un pilar tanto para mí como con mi familia. Es un apoyo increíble, además es una persona muy inteligente y verlo ahí a lo largo de todo esto ha sido muy importante. Nos conocimos más con toda esta situación. Ha sido bastante difícil, pero a la vez es algo muy bonito. He pasado más tiempo presa que con mi novio.

¿Cómo se conocieron ustedes?
Tenemos algunos amigos en común. Al final con todo lo de las protestas nos juntamos un poco más.

¿Qué sentía cuando lo miraba en las audiencias?
Estaba alegre de verlo (suspira), pero también triste de verlo en esas condiciones. Él estuvo en máxima seguridad y creo que ha tenido muchas represalias para hacerme daño a mí. Fue una alegría muy grande cuando supe que él había salido.

¿Cuando salió la fue a visitar a la cárcel?
Sí. Eso fue bastante difícil salir de un régimen carcelario y luego él ir a otro sistema penitenciario a hacer las visitas. Es algo delicado cuando todavía estaban recapturando a la gente.

¿Qué se siente escuchar la tiradera de pólvora en Navidad y fin de año desde la cárcel?
Sabíamos muy bien que en la primera Navidad el régimen quería que se hiciera mucha bulla con la pólvora. Era algo destinado a hacernos sentir mal. Por los diferentes traumas que tuvieron las personas que estaban con nosotros en ese momento hubo una sensación de malestar por el estrés que genera todo eso. Fue una mezcla. Nosotros celebramos a nuestra manera, no dejamos que nos robaran nuestra alegría. Esta vez estando en el Chipote hicimos nuestra novena con nuestras proclamas. Cantamos nuestras canciones y no dejamos que nos robaran esos días que también son nuestros.

¿Cómo reaccionaron las autoridades penitenciarias cuando ustedes hacían estas acciones de protesta?
Varias veces nos amenazaron, nos quisieron callar, humillar, en otras ocasiones nos negaron el acceso a la atención médica, nos ponían la canción del “comandante se queda” a todo volumen en las madrugadas pero desde que llegamos estuvimos unidos.

¿En algún momento se desmoralizaron?
No. Yo no recuerdo eso en ningún momento. Tuvimos algunos sentimientos de tristeza pero sabíamos que nuestras familias estaban ahí pendientes.

¿Ahora que volvió a salir de la cárcel qué le dijeron sus padres?
Como siempre me han dicho, ellos me apoyan. Me recibieron con los brazos abiertos y realmente he recibido todo el cariño de ellos y siento que están conmigo.

¿Cómo afronta este nuevo año de cara al futuro de Nicaragua?
Creo que tenemos un reto muy difícil delante de nosotros. Definitivamente hay ciertas condiciones que tenemos que buscar. No podemos aceptar unas elecciones en las que no es posible creer. Es un gran reto en el aspecto de mostrarnos unidos, en el aspecto de darnos cuenta de que el objetivo que tenemos es el mismo en los diferentes sectores y como actores debemos de formar un grupo que vaya por lo que realmente queremos.

¿Qué opina de comentarios desde algunas personas sobre que hay que ir a elecciones aun si no hay reformas electorales?
Yo en lo personal no estoy de acuerdo con ese tipo de comentarios. Creo que todo esta lucha ha sido justamente exigiendo democracia y justicia. Esto no es de simplemente aceptar elecciones sin cumplir los requisitos. Todavía hay exiliados sin garantías para regresar, hay más de 65 presos políticos aún en la cárcel y siguen asediando a diario. Entonces, repito que yo en lo personal no estoy de acuerdo con esto.

¿Qué opina sobre el papel que ha jugado en todo esto el nuncio apostólico, Waldemar Stanislaw?
Bueno, el nuncio ha sido un medio de comunicación con este régimen. Indudablemente creo que es un trabajo que no tiene que ser muy grato. Creo que en general la Iglesia ha sido un pilar muy fuerte y el nuncio ha sido un enlace como de diálogo. Creo también que el nuncio que ha tenido un trabajo muy discreto y muy reservado en ese aspecto sobre todo en esta última excarcelación.

¿Qué opina de Daniel Ortega y Rosario Murillo?
(Ríe) Creo que son personajes que han demostrado no tener ninguna intención de salir de esta crisis política o de resolver esta situación. Son personas que no tienen ninguna reserva a la hora de asesinar a personas. Creo que son seres que han cometido un sinnúmero de violaciones a los derechos humanos y han perpetrado crímenes de lesa humanidad y que deben de pagar por todo lo que le han hecho al pueblo de Nicaragua.

Plano personal

Amaya Eva Coppens Zamora, nació el 31 de diciembre de 1994, en Bruselas, Bélgica.

Su padre Federico Coppens y Tamara Zamora son sociólogos y han trabajado con organismos de derechos humanos.

Antes de formar parte de las protestas estaba cursando el quinto año de Medicina en la UNAN-León, luego las autoridades universitarias la expulsaron.

Tiene dos hermanos. Santiago, de 15 años de edad y Diego, de 27 años, quienes se exiliaron durante la represión pero ya volvieron a Nicaragua.

Le encanta comer pizza.

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