¡Ánimo en el 2020!

El mayor peligro para la oposición democrática, en este 2020, no es la división sino el desánimo; perder la esperanza en su victoria

los dos papas

En toda lucha la victoria es de quienes mantienen el ánimo en alto. La derrota es de quienes se dejan vencer por el desaliento. Detrás de todo triunfador hay un optimista y detrás de todo fracasado un pesimista. El mayor peligro para la oposición democrática, en este 2020, no es la división sino el desánimo; perder la esperanza en su victoria. Caer en él brindaría a Ortega el mejor regalo en bandeja de plata, pues nada le puede ayudar más que conseguir que los demócratas, convencidos de la inutilidad de su esfuerzo, cuelguen los guantes.

El pesimismo desalienta; es la voz que en la intimidad trata de convencernos de nuestra incapacidad o de la invencibilidad del adversario. San Francisco de Asís consideraba el desánimo o la tristeza como una tentación del diablo. Cuando veía cabizbajo a un fraile le ordenaba encerrarse en el sagrario hasta salir sonriente. La visión optimista de la vida —el ver el vaso medio lleno y no medio vacío— es una de las fuerzas más constructivas y formidables en la historia de los hombres y los pueblos

El optimismo infunde ánimo; es la energía que permite resistir las horas oscuras porque avizora la luz al final del túnel. El optimismo y el pesimismo suelen ser profecías que se autoprovocan. Quien pelea convencido que ganará, lo hace con mucho más tesón que el convencido que perderá; este, podría decirse, ya perdió desde que albergó dicho pensamiento.

En la coyuntura actual hay razones para sentirse optimistas. El orteguismo está herido de muerte. No tiene nada que ofrecer, ni al país ni a sus propios seguidores. Perdió a la juventud, al sector privado, a la Iglesia y a la comunidad internacional. Le vienen más sanciones y está desmoralizado. Los exabruptos de Ortega y su mujer, sus insultos y amenazas, son propios de quienes se sienten acorralados y por tanto furiosos. Quien ve despejado el camino y segura su ruta no se enoja. Ellos sí, porque se devanan los sesos pensando cómo sobrevivir, pero todas sus perspectivas son oscuras. Quieren hacer creer que ya pasó la tormenta, pero saben que se avecinan otras. Son ellos los que deben estar pesimistas.

La oposición por el contrario tiene a su lado la juventud y lo mejor del país; un respaldo considerable, interno y externo; fuerzas poderosas pero que, para triunfar, deben oír el exhorto de Darío en su Salutación al Optimista: “Abominad la boca que predice desgracias eternas, abominad los ojos que ven solo zodíacos funestos”.
¡Fuera el pesimismo! Un pueblo unido, con ánimo, valentía y fe en Dios, es invencible. Con valentía y optimismo el triunfo es nuestro.

El autor lo es del reciente libro de historia: Buscando la Tierra Prometida.

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